La muestra parte de Materia del silencio, proyecto desarrollado durante la residencia Tender Puentes en el MUN. El origen de esta serie se sitúa en el archivo del propio museo, cuando el artista se topó con una impactante imagen tomada por Agustí Centelles en 1939 en el campo de concentración de Bram (Francia). Aquella fotografía, que documentaba el dormitorio donde el reportero gráfico convivió con otros exiliados españoles, abrió una línea de investigación sobre los campos de concentración y represión existentes en España y Francia, menos presentes en la memoria colectiva que los levantados por los alemanes.

Francia 1939. Campo de concentración de Bram. Dormitorio, 1939-39, Agustí Centelles.

En territorio español llegaron a funcionar más de trescientos campos, donde se hacinaron entre setecientas mil y un millón de personas. Durante años, esa realidad permaneció en la penumbra documental y solo comenzó a estudiarse con mayor profundidad tras la desclasificación de archivos militares en 2018. Combarro regresa ahora a esos enclaves, muchos reducidos a cimientos o vestigios dispersos, para enfrentarse a lo que queda de ellos.

Sus fotografías están tomadas de noche. La oscuridad aísla el contexto y concentra la mirada en la arquitectura iluminada, convertida en una suerte de monumento provisional. Los restos del campo de Miranda de Ebro, los cimientos de San Cristóbal en Navarra o la desaparecida cárcel de Carabanchel aparecen suspendidos en paisajes desnudos, despojados de ruido contemporáneo. La luz no embellece, señala. La imagen interpela.

El proyecto no se limita a la captura fotográfica. Junto a las obras se despliega un archivo construido por el propio artista con planos, postales, protocolos oficiales y documentos de época, materiales escasos en el caso español. Esa ausencia de imágenes impulsa piezas como Arqueologías, donde pequeños restos hallados en torno a estas arquitecturas se transforman en esculturas translúcidas y en nuevas fotografías. Una proyección sintetiza además la tipología de los campos de nueva planta, ampliando el marco de lectura.

 

Mirar a otro lado no se agota en esta serie. La exposición establece un diálogo con otros proyectos de Combarro centrados en arquitecturas que resisten, mutan o quedan fuera del foco. En Sotterranei, el artista desciende a los subsuelos de Roma y Nápoles para revelar espacios ocultos. Desvelar, desplazar revisa la antigua Fábrica de Tabacos de Madrid, hoy convertida en centro cultural, mientras que Arquitectura espontánea recopila ejemplos de autoconstrucción y edificaciones no regladas mediante imágenes y ejercicios formales.

En otras series, como Arquitectura oculta y Serie negra, interviene sobre edificaciones abandonadas y patrimonio minero e industrial. Proyecciones de luz, alteraciones cromáticas y acciones escultóricas realizadas in situ funcionan como herramientas para activar contextos complejos que rara vez forman parte del discurso dominante. El lenguaje artístico se convierte así en instrumento de análisis.

La comisaria Marta Ramos-Yzquierdo subraya que el artista actúa sobre construcciones apartadas de la mirada habitual, aquellas que no ocupan el centro de los grandes relatos históricos. El título alude precisamente a esa actitud colectiva de desvío, a la tendencia a ignorar lo incómodo. Frente a ella, la exposición propone detenerse y examinar qué ideologías sostienen esos espacios y qué memoria persiste en sus muros.

En el atrio del museo confluyen las distintas líneas de trabajo, configurando un catálogo de acciones y documentos que revela la metodología de Combarro. Realidad y ficción, memoria y olvido, lo individual y lo colectivo se entrelazan en un recorrido que rehúye la espectacularidad para apostar por la reflexión. La arquitectura, más que escenario, emerge como testigo. Y el espectador queda emplazado a mirar allí donde durante demasiado tiempo se prefirió no hacerlo.

Esta exposición cuenta con el apoyo de la Casa de Velázquez en el marco de su fondo de ayuda a la producción.

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