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El proyecto posee además un carácter simbólico. La muestra retoma la retrospectiva que el mismo centro dedicó al fotógrafo en 2020 y que apenas pudo permanecer abierta tres semanas debido a la crisis sanitaria provocada por la COVID-19. La actual presentación no solo restituye aquel recorrido interrumpido, sino que reafirma el peso de Pérez Siquier dentro de la modernidad fotográfica española.

Su obra nació lejos de los principales focos culturales del país. Pérez Siquier desarrolló toda su carrera en Almería, una provincia que en los años cincuenta permanecía apartada de los grandes circuitos artísticos. Esa distancia se convirtió en una ventaja creativa. Desde ahí construyó una visión personal que evitaba los convencionalismos dominantes y se acercaba a la realidad con una mezcla de sensibilidad, curiosidad y libertad formal.

En ese contexto surgió uno de los episodios fundamentales de su carrera. A mediados de los años cincuenta comenzó a frecuentar el barrio de La Chanca, un arrabal situado a los pies de la Alcazaba de Almería. Durante varios años regresó una y otra vez con su cámara, observando la vida diaria de sus habitantes con una actitud paciente y respetuosa. De esas visitas nació una de las series documentales más relevantes de la fotografía española del siglo XX.

La dignidad

Las fotografías en blanco y negro de La Chanca constituyen el punto de partida del recorrido expositivo. Las imágenes muestran escenas aparentemente simples. Mujeres que lavan la ropa junto a una fuente, niños que juegan en calles embarradas, familias que viven en cuevas o paredes encaladas levantadas por los propios vecinos.

El interés de Pérez Siquier no se dirige hacia el dramatismo ni hacia la denuncia directa. Su aproximación se apoya en la cercanía y en la observación prolongada. Influido por el neorrealismo italiano, retrata la vida del barrio como una experiencia compartida y concede a sus protagonistas una presencia digna, alejada de cualquier mirada paternalista. En lugar de subrayar la pobreza, las imágenes revelan una comunidad atravesada por la resistencia, la convivencia y una identidad colectiva fuerte.

«No fui a La Chanca con la intención de hacer un documental como prueba testimonial de nada, ni siquiera un reportaje. Si yo hubiera sido muy fiel, muy literal, muy realista con todo aquello que existía allí, mi Chanca habría sido otra».

(Carlos Pérez Siquier)

La Chanca, Almería, 1958. Copia posterior, plata en gelatina. 35×24 cm. Colecciones Fundación MAPFRE. © Pérez Siquier, VEGAP, Barcelona, 2026.

 

Durante décadas esta serie permaneció relativamente oculta. No sería hasta mucho tiempo después cuando se reconocería su valor como testimonio de una sociedad que apenas aparecía representada en la cultura visual de la época.

El compromiso de Pérez Siquier con la renovación del medio no se limitó a su producción personal. En 1950 participó en la creación de la Agrupación Fotográfica Almeriense, conocida como AFAL, junto al crítico José María Artero. Poco después ambos impulsaron la revista del mismo nombre, que se convertiría en uno de los principales motores de la fotografía moderna en España.

Desde sus páginas, el grupo reunió a una generación de autores que buscaban romper con el pictorialismo todavía dominante. Fotógrafos como Ramon Masats, Oriol Maspons, Gabriel Cualladó o Xavier Miserachs encontraron en AFAL un espacio de intercambio y de difusión. La publicación permitió además establecer contactos con corrientes internacionales en un momento en que el país permanecía culturalmente aislado. A través de esta red de relaciones y debates, Pérez Siquier contribuyó a consolidar la fotografía como una disciplina artística en España, favoreciendo el reconocimiento de una nueva generación de creadores.

El color

A comienzos de la década de 1960, el fotógrafo tomó una decisión que marcaría el rumbo de su obra. Mientras muchos de sus contemporáneos seguían trabajando exclusivamente en blanco y negro, adoptó el color como herramienta expresiva. La elección provocó recelos en algunos círculos, pero le permitió explorar nuevas posibilidades.

El cambio se percibe con claridad en las series que siguieron a La Chanca. En Informalismos, el artista abandona la figura humana y dirige la mirada hacia las superficies de los muros del barrio. Desconchones, capas de pintura o carteles superpuestos se transforman en composiciones abstractas que dialogan con la pintura informalista de la época. El muro deja de ser un simple fondo y se convierte en un archivo visual que conserva la memoria del lugar.

El color adquiere una dimensión distinta en La playa, una de las series más reconocidas del fotógrafo. Realizadas durante los años setenta, estas imágenes retratan el veraneo popular en la costa almeriense cuando el turismo comenzaba a transformar el paisaje social del país.

Bañistas tumbados al sol, cuerpos cubiertos de aceite bronceador, sombrillas, gestos despreocupados y escenas casi teatrales configuran un retrato coral de una sociedad que descubre el ocio y el consumo. El color vibrante refuerza la sensación de modernidad y sitúa estas fotografías cerca de la estética pop. Al mismo tiempo, el fotógrafo observa ese nuevo escenario con una mezcla de ironía y afecto, consciente de que la playa se había convertido en un símbolo de cambio cultural.

Durante las décadas siguientes, Pérez Siquier continuó explorando ese nuevo paisaje social. En la serie Trampas para incautos dirige la cámara hacia objetos y decoraciones que pueblan ferias, bares o fachadas urbanas. Figuras gigantes, imágenes publicitarias o elementos kitsch aparecen encuadrados de manera que lo cotidiano adquiere un carácter casi surreal.

Las fotografías juegan con la ilusión visual y con el trampantojo. Un objeto banal puede transformarse en una escena fantástica según el ángulo elegido por el fotógrafo. Esta etapa revela la dimensión más lúdica de su obra y demuestra su capacidad para convertir lo trivial en una imagen cargada de significado.

Las últimas series incluidas en la exposición muestran un cambio de tono. En Encuentros y La Briseña, realizadas ya en el siglo XXI, la mirada se vuelve más introspectiva. Las escenas se desarrollan en paisajes o espacios domésticos vinculados al entorno del artista.

Las fotografías capturan gestos mínimos, objetos sencillos o juegos de luz sobre superficies blancas. Lejos de la crítica social o del bullicio de las playas, estas imágenes invitan a una contemplación pausada. En ellas se concentra la experiencia de toda una vida dedicada a observar el mundo con atención.

El legado de una mirada

El recorrido de la exposición permite comprender hasta qué punto la obra de Pérez Siquier refleja la transformación de la sociedad a lo largo de la segunda mitad del siglo XX. Desde la España empobrecida de los años cincuenta hasta el auge del turismo y la cultura del consumo, sus imágenes registran cambios profundos sin perder nunca la proximidad con lo cotidiano. Por eso esta muestra no se limita a celebrar a un fotógrafo. Propone también un viaje por la memoria visual de un país. En cada serie se reconoce la misma actitud que acompañó al autor durante toda su trayectoria. Una curiosidad constante por la vida que transcurre alrededor y la convicción de que, incluso en las escenas más simples, puede surgir una imagen capaz de revelar algo esencial.