Huesca en Tránsito. Crónica sentimental de una década, abierta hasta el 15 de noviembre, toma este bar como hilo conductor, aunque su recorrido abarca otras escenas y otras formas de vivir la ciudad. Alberto Gabarre, José Ignacio Callén y Jesús Bosque comisarían una muestra construida con obras, documentación y recuerdos de quienes participaron en aquellos intensos años. Más de 180 personas han colaborado en el conjunto del proyecto, entre ellas propietarios de documentos y colecciones particulares.
La exposición sitúa el comienzo de ese cambio en torno a 1983. El Tubo, una popular zona de ocio nocturno, se amplió, aparecieron locales que prolongaban la noche hasta el amanecer y la música empezó a ocupar un lugar central en la vida de muchos jóvenes. Las peñas también sostenían una intensa programación, especialmente la Alegría Laurentina y su Jai Alai. El Tránsito se sumó a esa geografía con una propuesta propia, atenta a los sonidos que llegaban de fuera y abierta a las artes visuales.
Sus fundadores, Alberto Gabarre y Manel Palou, se habían conocido en Barcelona. Ernest Sales ideó el nombre del local y el arquitecto oscense Rafael Zalba dio forma definitiva a su interior, inspirado en los nuevos bares barceloneses. La decoración era parte sustancial de la propuesta. En la pared del fondo, distintos artistas realizaron murales y obras efímeras que cambiaban con la actividad del bar. Javier Romera diseñó carteles y ambientaciones para las fiestas, organizó exposiciones y participó en la elaboración del fanzine Tránsito.
Un tiempo nuevo
Por Alberto Gabarre, José Ignacio Callén y Jesús Bosque
Huesca en Tránsito toma como punto de partida los distintos sentidos de la palabra «tránsito», asociados a las ideas de cambio, movimiento y transformación. El término comparte, además, raíz con «transición», palabra consagrada por la historiografía para designar el proceso político, social y cultural mediante el cual España dejó atrás la dictadura franquista y avanzó hacia un sistema democrático entre 1975 y los primeros años de la década de 1980.
Muchos jóvenes salieron a unas calles que, por primera vez en mucho tiempo, parecían no tener dueño. Era el momento de celebrar la libertad, la diversión y la transgresión. Se multiplicaron los discobares, las verbenas, los carnavales, las fiestas populares y las zonas de marcha, que fueron ocupando los cascos antiguos de muchas ciudades españolas. Los nuevos gobiernos municipales hicieron suyo el modelo de la «movida madrileña» y trataron de instrumentalizar aquella explosión espontánea de creatividad. El pop y el rock, junto con las distintas tribus urbanas surgidas a su alrededor, se convirtieron en referentes identitarios de una generación decidida a romper con el pasado.
También Huesca entró en tránsito. En torno a 1983 comenzó a «arder el asfalto»: el Tubo se amplió y proliferaron los bares que prolongaban la noche hasta el alba. La ciudad descubría nuevas músicas, nuevas formas de diversión y nuevas maneras de crear, encontrarse, expresarse y ocupar el espacio público.
La historia del Tránsito ofrece un ejemplo de las transformaciones que vivió la sociedad durante aquella década y, muy especialmente, la juventud. Su actividad complementó la intensa programación musical de las peñas, en particular la de la Alegría Laurentina y su emblemático Jai Alai, catedral oscense del pop y el rock de los ochenta. A su alrededor surgieron innumerables grupos, locales de ensayo, conciertos, bares, fiestas, sesiones de DJ, fanzines y noches de marcha sin final.
A través de objetos y materiales que evocan el contexto histórico y cultural de la década —carteles, fotografías, discos, publicaciones y otros testimonios de la época—, de las creaciones artísticas de los oscenses que vivieron aquellos años, de los recuerdos de sus protagonistas y de la abundante documentación generada por la actividad del bar Tránsito, esta exposición traza un amplio panorama de una década fundamental en la historia cultural reciente de Huesca. Durante esos años, la ciudad fue dejando atrás viejas formas de vivir, crear y relacionarse para adentrarse en un tiempo nuevo.
La documentación permite seguir la transformación del local a lo largo de sus seis años de vida. Bajo la orientación musical de Luis Lles, sus fiestas se dedicaron al reggae, el punk, el hip hop, las músicas africanas y mediterráneas, el acid house o los sonidos postindustriales. Cada sesión contaba con una escenografía preparada para la ocasión. En las octavillas quedaron títulos como Pesadilla postindustrial, Marrakesh Exprés o Aldea Global. La exposición recupera esos rastros impresos junto a discos, fotografías y testimonios.
El fanzine ofrece otra entrada a aquel mundo. Entre 1984 y 1989 publicó siete números. Los primeros se hicieron con fotocopias, recortes, collages y ciclostil; después adoptó formato de tabloide e incorporó entrevistas, poesía, ilustraciones y reproducciones de obras. Sus páginas reunieron el cómic underground, la experimentación gráfica y artículos sobre músicas que apenas circulaban entonces en España. También muestran cómo los dibujos de Romera y José Ángel Enciso fueron definiendo una imagen reconocible para la publicación.
La muestra dedica espacio a los artistas que trabajaban en Huesca durante la década. En un contexto marcado por la falta de estudios superiores de arte y la desaparición de proyectos como la Bienal de Huesca o el Museo de Arte Contemporáneo, galerías como S’Art y Ligeti y locales como el propio Tránsito ofrecieron lugares donde exponer y encontrarse. El recorrido incluye obras de Enrique Torrijos, Marcelino Sesé, Jesús Benito, Chema Durán, Vicente Badenes, Eduardo Cajal y Alberto Carrera, artistas que vivieron aquella etapa y mantuvieron alguna relación creativa con el bar. Junto a ellos aparecen nombres más directamente ligados al local, entre ellos Romera, Enciso, Alfredo Cabañuz, Patricia Albajar y Piter Saura.
También hubo cambios detrás de la cámara. La exposición recuerda el desarrollo del certamen de cortometrajes de Huesca y a creadores como Eugenio Monesma, así como la aparición de una fotografía con vocación artística. El Colectivo Imagen impulsó concursos y exposiciones en ese campo. En paralelo, la moda adquirió nuevos usos como forma de expresión entre los jóvenes. El diseñador Antonio Sarasa fundó La Nueva Dirección en 1983 y más tarde creó Sensations con Pilar Oliván. La firma llegó a presentar desfiles improvisados en el Tránsito.
Ese panorama ochentero no fue uniforme. La exposición señala la convivencia de ambientes sociales y culturales que apenas se comunicaban, desde las distintas escenas musicales hasta los nuevos movimientos sociales. Recoge asimismo el escepticismo político de parte de la juventud y recuerda los conflictos que, al final de la década, acompañaron la expansión de la vida nocturna. Las restricciones de horarios y el aumento de los controles provocaron protestas.
La sala seguirá cambiando mientras dure la muestra. En uno de sus espacios se realizan murales en directo, una referencia a la pared del fondo del antiguo bar. Tras la intervención de Javier Romera, están previstas las de Alfredo Cabañuz el 10 de octubre, José Ángel Enciso el 24 y Fernando Hatake el 7 de noviembre. Esos mismos sábados habrá sesiones de DJs en la sala, entre las 18.00 y las 21.00 h.
La exposición forma parte de un programa que continúa por otros lugares de Huesca. La Diputación ha editado un libro de José Ignacio Callén con el mismo título de la muestra y el vinilo Huesca en Tránsito. Re-make/Re-model, en el que doce grupos actuales versionan canciones de formaciones oscenses de los ochenta. El ciclo de conciertos asociado al proyecto concluirá el 15 de noviembre en los Porches de Galicia, con Domador, Lassi.0, Naxmax y Kikemán DJ.

Portada del disco «Huesca en Tránsito. Re-make / Re-model».
Quedan además dos mesas redondas en el Salón Azul del Casino, dedicadas a la cultura el 7 de octubre y a la música el 28. El salón de actos de la Diputación acogerá las proyecciones de Deprisa, deprisa, Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón y Arrebato, seguidas el 13 de noviembre por una sesión de cortometrajes oscenses. Entre ellos figura Me convertí en hombre lobo por culpa de Los Rebeldes, iniciado en los ochenta, ambientado en el Tránsito y terminado de montar en 2026.
La programación se extiende también a los bares Jai Alai, Bolinga, Juan Sebastián y Woodstock, que recuperarán en varios tardeos de octubre y noviembre la música de las fiestas temáticas del Tránsito. En la sala de la Diputación, mientras tanto, el mobiliario, las obras y los papeles conservados permiten volver sobre lo que ocurrió allí y observar las conexiones que aquel espacio único mantuvo con el resto de la ciudad.
– Consulta el programa didáctico de Huesca en Tránsito.



































