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El abuso de poder, la manipulación y la capacidad del dinero para comprar voluntades gobiernan este juego perverso. El vizconde de Valmont y la marquesa de Merteuil calculan, seducen y utilizan a quienes los rodean. No se mueven por impulsos repentinos. Conocen las reglas de su mundo, disfrutan retorciéndolas y contemplan a los demás como peones de una partida de ajedrez en la que el placer consiste tanto en ganar como en observar la caída del adversario.

Pilar Castro, Roberto Enríquez y Ángela Cremonte, protagonistas de "Las amistades peligrosas".

Pilar Castro, Roberto Enríquez y Ángela Cremonte, protagonistas de «Las amistades peligrosas».

La función plantea así una contienda entre dos estrategas unidos por la inteligencia, la capacidad de seducción y la ausencia de escrúpulos. La virtuosa Madame de Tourvel se convierte en objeto de seducción, mientras Cécile de Volanges y el caballero Danceny representan la inocencia atrapada en las maquinaciones de ambos aristócratas. El sexo funciona como demostración de poder y el amor, privado de cualquier asidero sentimental, pasa a ser un arma. Baudelaire definió la novela como «un libro que arde como el hielo». La expresión continúa ajustándose a una historia en la que la pasión y el cálculo avanzan estrechamente unidos.

Serrano lleva esa frialdad al escenario mediante una puesta en escena austera y casi vacía. Unas sillas y una cama-banco sustituyen al aparato decorativo que suele acompañar las recreaciones del siglo XVIII. Tampoco aparecen casacas, miriñaques, corsés ni pelucas. Los intérpretes visten ropa negra y contemporánea, cambian de personaje ante el público mediante pequeñas modificaciones del vestuario y enlazan las escenas sin transiciones visibles.

Trabajo actoral

La decisión concentra la atención en el texto y en el trabajo actoral. También imprime agilidad a una obra larga, cuya duración alcanza los 140 minutos sin que ni por un momento se haga pesada. Al desaparecer la ornamentación, los cuerpos, las palabras y las miradas asumen todo el peso dramático. Cada movimiento cobra importancia dentro de ese espacio casi vacío. Esta adaptación asume un riesgo considerable, pues carece de elementos accesorios tras los que protegerse, pero ofrece a cambio una tensión limpia y directa.

Roberto Enríquez compone un Valmont inteligente, seductor y provocador, consciente del atractivo que ejerce incluso mientras causa daño. Esa es una de las contradicciones más fértiles de la obra. El espectador comprende la vileza de sus actos y, al mismo tiempo, queda atrapado por su brillantez, su erotismo y su capacidad para convertir la crueldad en espectáculo.

Frente a él, Pilar Castro aborda a la marquesa de Merteuil desde una contención que la actriz reconoce como una de las mayores dificultades de su interpretación. Debe transmitir cuanto sucede bajo una superficie cuidadosamente controlada. En un montaje apoyado casi por completo en los actores, ese dominio resulta decisivo. Merteuil observa, mide y espera. Sus emociones rara vez se muestran de manera inmediata porque su supervivencia social depende precisamente de no revelar más de lo necesario.

Laclos creó con ella una figura femenina nueva, maquiavélica y vengativa, que se situó en el centro del escándalo provocado por la novela. Merteuil reclama para sí libertades y derechos reservados a los hombres dentro de una sociedad construida por y para ellos. «Soy mujer, no tuve elección», afirma en uno de los pasajes más reveladores de la obra.

¿Protofeminista?

La propia marquesa declara a Valmont que había nacido «para dominar a vuestro sexo y vengar el mío». La frase condensa la ambigüedad que hace del personaje una creación tan resistente al paso del tiempo. Merteuil es plenamente consciente de que una mujer debe esforzarse mucho más que un hombre para alcanzar sus objetivos. Aprende a ocultar sus deseos, fingir docilidad y servirse de las expectativas sociales que pesan sobre ella. Convierte la inteligencia en defensa y también en arma poderosa.

¿Puede considerarse por ello una luchadora por la emancipación femenina o solo pretende imponerse en un mundo masculino? Su conducta continúa siendo despiadada y el sufrimiento que provoca impide convertirla en una heroína. Pero su crueldad tampoco borra el terreno profundamente desigual en el que actúa. Valmont ejerce su libertad sexual con el respaldo de una sociedad absolutamente machista. Merteuil debe conquistar la suya en secreto y sabe que pagará un precio mucho mayor si pierde.

Su rebelión nace dentro del mismo sistema de poder que pretende combatir y termina reproduciendo algunos de sus mecanismos más crueles. Aspira a disfrutar de los privilegios masculinos, pero solo puede hacerlo desde la sombra. Su independencia resulta admirable y terrible a un tiempo.

Ángela Cremonte aporta a Madame de Tourvel la resistencia necesaria para que la seducción no quede reducida a un trámite dentro de los planes de Valmont. Carmen Balagué suma su experiencia a un elenco cohesionado, mientras los personajes jóvenes, también muy bien interpretados, introducen un contrapunto inocente frente al cinismo dominante. El sólido reparto sostiene una obra intensa que exige escucha, precisión y confianza mutua, especialmente porque los cambios permanecen expuestos ante los ojos del público.

El retrato de una aristocracia decadente provocó una fuerte controversia desde la aparición de la novela. Algunas interpretaciones han llegado a considerar Las amistades peligrosas uno de los detonantes de la Revolución Francesa. Más allá de esa lectura, el texto muestra con extraordinaria claridad a una clase que se siente autorizada para atravesar cualquier límite. La posición social y el dinero permiten a sus integrantes tratar a los más vulnerables como instrumentos de placer, prestigio o revancha. De ahí su vigencia. La manipulación de los sentimientos y el uso del amor como arma no pertenecen exclusivamente al siglo XVIII. Las formas cambian, pero la desigualdad y la impunidad conservan rasgos reconocibles. Los poderosos siguen encontrando maneras de utilizar a su antojo los cuerpos y las vidas ajenas.

Las amistades peligrosas

De Christopher Hampton
Dirección de David Serrano
Versión de Curro Novellas y David Serrano

Con Roberto Enríquez, Pilar Castro, Carmen Balagué, Ángela Cremonte, Lucía Caraballo e Iván Lapadula

Diseño de escenografía de Ricardo Sánchez-Cuerda
Diseño de iluminación de Juan Gómez-Cornejo
Diseño de vestuario de Elisa Sanz
Composición musical de Luis Miguel Cobo
Ayudante de dirección, Rómulo Assereto
Jefe de producción, Juanfran García
Directora de producción, Eva Paniagua

Una producción de Producciones Come y Calla
Distribución de Fran Ávila