Enraizada conceptualmente en el arte minimalista, la obra de Lara prescinde de la representación y la narrativa para centrarse en los elementos esenciales de la pintura: el formato, la escala, el color y la composición. A lo largo de su trayectoria ha desarrollado una intensa investigación en torno a la geometría, el color y la luz, transformando percepciones sutiles en superficies pictóricas donde el ritmo, la vibración visual y las relaciones cromáticas adquieren protagonismo. Frente a la inmediatez de las imágenes contemporáneas, su obra propone un tiempo distinto para la mirada: la experiencia de la lentitud de la luz.
«Esta muestra supone un acto de justicia y reivindicación histórica para una de las voces más rigurosas y menos difundidas de la abstracción española actual», explica Julieta de Haro, directora artística de CentroCentro.
Durante mucho tiempo considerada una «pintora secreta» por desarrollar su trabajo en la estricta privacidad de su estudio, Lara ha comenzado a recibir en los últimos años el reconocimiento que merece. Su presencia, cada vez más frecuente en instituciones públicas, galerías y ferias, se amplía ahora con esta apuesta de CentroCentro, que sitúa en el centro de la escena madrileña una trayectoria sostenida con paciente determinación, ajena a las modas y de una elevada intensidad estética.
La exposición ha sido comisariada por Armando Montesinos, doctor en Bellas Artes por la Universidad de Castilla-La Mancha, donde ejerció como profesor entre 1989 y 2019. Ha comisariado más de un centenar de exposiciones y ha dirigido galerías históricas clave para entender el arte de las últimas décadas en España, como Fernando Vijande, Juana Mordó o Helga de Alvear. En los años ochenta fue subdirector del programa de TVE-2 La Edad de Oro.
Creación y…
María Lara se formó en la Escuela de Bellas Artes Santa Isabel de Hungría, en Sevilla, y posteriormente en la Facultad de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, una etapa decisiva por el contacto con destacados artistas españoles e internacionales. Durante esos años completó su formación con estancias en Italia y Grecia. Más tarde residió en Málaga, donde alternó la creación artística con la enseñanza del dibujo y la pintura, antes de trasladarse temporalmente a París y Burdeos entre 1970 y 1971.
En 1973 contrajo matrimonio con el artista japonés Mitsuo Miura, con quien tuvo dos hijos. La pareja vivió 13 años en Bustarviejo y desde 1985 comparte estudio en Madrid, donde ambos continúan desarrollando su trabajo artístico. Su actividad creativa se ha combinado con la docencia y con la gestión cultural. Entre 1989 y 1999 participó, junto a Arturo Rodríguez y Mitsuo Miura, en la creación y desarrollo de la Galería y Ediciones Ginkgo, un espacio de referencia para el arte contemporáneo español.
Su carrera recibió un importante impulso en 1982 al obtener la beca Nuevas Aportaciones a las Artes Plásticas del Ministerio de Cultura. Actualmente su obra forma parte de colecciones como el Museo Helga de Alvear, el MUSAC, la Junta de Andalucía, Caja Madrid o el Ayuntamiento de Burgos. En los últimos años ha protagonizado exposiciones individuales como Percepciones de interior, presentada en la Galería Adora Calvo y posteriormente en la Galería Maior de Pollença, Sensaciones, registros e impresiones, en el MUSAC, y La luz, en el Museo Francisco Sobrino de Guadalajara.

























