Aunque el profesor intentó explicar pacientemente las curiosidades del número a los que se encontraban reunidos en la revueltería, la gente ignorante ni siquiera logró pronunciar el nombre del matemático que lo había revelado en la conferencia de Madrás en 1949. Como pasa siempre con los supersticiosos cuando están frente a un acontecimiento insólito, interpretaron las palabras del profesor como la justificación de un milagro, rumor que rápidamente se esparció por el pueblo y en poco tiempo no había nadie que no intentara explicar a su manera lo que consideraban una manifestación de Dios sobre la tierra.

A muchos les bastó afirmar que el número escrito en el aguacate provenía del antiguo oriente para dotar el asunto de misterio, pero otros, empecinados en explicar los fundamentos matemáticos sin haber terminado ni siquiera la primaria, fracasaron en su intento de repetir el procedimiento que el profesor había esbozado en el revés de una cajetilla de cigarrillos en la que el dueño de la revueltería llevaba las cuentas.

El asunto del aguacate hizo que la gente olvidara momentáneamente las amenazas escritas en las paredes de los negocios y los panfletos que los acusaban de cualquier cosa que justificara una masacre, incluso el cura al enterarse del suceso afirmó en la misa del medio día que el todo poderoso se manifestaba de formas misteriosas y que él no tenía la autoridad requerida para desacreditar el milagro sabiendo que tanto números como aguacates hacían parte de las cosas de Dios.

La gente codiciosa no tardó en relacionar el número misterioso con el sorteo de la lotería, porque es un hecho que, aunque casi todo el mundo aborrece las matemáticas, no hay uno solo que no considere la posibilidad de que algún día Dios les revelará una cifra mágica que los sacará de pobres. Si tanta gente se había enriquecido con números hallados en pescados, alas de mariposas o en los cascos de una vaca; la ilusión de encontrar fortuna en la cáscara de un aguacate estaba justificada. Como era un pueblo pequeño y olvidado al que no llegaban las agencias de apuestas, animados por la necesidad y la fe, la gente viajó a los pueblos cercanos para buscar un vendedor de lotería despistado que no se preguntara porque tantos forasteros querían jugar el mismo número. El pueblo entero ensilló el caballo sin haberlo comprado y no hubo una sola persona que no soñara con el premio que los sacaría de ese lugar azotado por la violencia donde lo único seguro era la muerte.

A pesar de la fe desbordada el día del sorteo ganó otro número y el desconcierto se apoderó de la gente que acusó al profesor de ser un falso profeta, ante lo cual al pobre no le quedó de otra que recurrir al mismo método que Dattatreya Ramachandra Kaprekar había usado cincuenta años antes para explicar el misterio detrás del guarismo cifrado en el aguacate y calmar a la gente que amenazaba con lincharlo.

Aunque nunca usó la palabra milagro, el profesor se sostuvo en la idea de que la presencia de un número en la cascara de un aguacate era algo tan improbable como que un rayo cayera dos veces en el mismo lugar. La gente, animada por ese razonamiento y la necesidad de creer en cualquier cosa que los sacara de ese pueblo empapelado con listas negras donde estaban los nombres de todos, encontró normal aplazar el milagro para el próximo sorteo y luego para el siguiente, posponiendo el milagro tanto como fue necesario porque no tenían nada más de que aferrarse para salir de allí. Fue así como acabaron vendiendo todo lo que tenían para seguir apostando animados por la promesa de un milagro que no se atrevían a revelarle a nadie fuera del pueblo para que las casas de apuestas no corrieran a vetar el número antes de salir favorecidos.

Ante la locura de la gente que no podía dejar de pensar en una cosa diferente al premio detrás del número, el profesor huyó a medianoche con un álgebra de Baldor bajo el brazo como única pertenencia para evitar un linchamiento de los que necesitaban un milagro que la matemática no podía asegurar. El profesor hizo bien en irse, el número no ganó al otro día ni al siguiente ni un día después de ese ni nunca, el número grabado en el aguacate acabó por dejar en la miseria a un lugar que de por sí ya era el más pobre del mundo. Sin nada que los atará al pueblo, uno tras otro todos los habitantes siguieron los pasos del profesor, escapando tal vez del vacío que deja el milagro que nunca llega, de las amenazas sin rostro, de la pobreza eterna o simplemente intentando olvidar el aguacate con la cifra maldita en la que habían visto a Dios y en realidad se escondía el diablo.

Cuando al fin llegaron los hombres de camuflado armados hasta los dientes con intenciones de acabar hasta con el nido de la perra, el pueblo ya estaba desierto. Los desconcertó el pueblo sin nadie a quien hacerle daño y los asustó el número misterioso escrito en las paredes, en el suelo de los solares de tierra o sobre los cientos de panfletos que ellos mismos habían tirado por la noche para no dejar dormir a nadie. No entendieron la cifra, pero vieron en ella la locura de ese pueblo fantasma donde no podrían matar a nadie.

El pueblo estaba a salvo a pesar de que los que se fueron para hacer vida en otro lado y los que llegaron para acabarla no pudieran reconocer el milagro.

No hay duda de que los designios de Dios son inescrutables y la locura una de las formas de su poder.

Sobre el Premio de Cuentos Breves Maestro Francisco González Ruiz

hoyesarte.com, primer diario de arte y cultura en español, con la colaboración de Arráez Editores y de la marca de comunicación Alabra, convoca la cuarta edición del Premio Internacional de Cuentos Breves Maestro Francisco González Ruiz, dotado con 3.000 euros y dos accésits honoríficos.

Los trabajos, de tema libre, deben estar escritos en lengua española, ser originales e inéditos, y tener una extensión mínima de 250 palabras y máxima de 1.500 palabras. Podrán concurrir todos los autores, profesionales o aficionados a la escritura que lo deseen, cualquiera que sea su nacionalidad y lugar de residencia. Cada concursante podrá presentar al certamen una única obra.

El premio constará de una fase previa y una final. Durante la previa, el Comité de Lectura seleccionará uno o más relatos que, a juicio de sus miembros, merezca pasar a la fase final entre todos los enviados hasta esa fecha. Los relatos seleccionados se irán publicando periódicamente en hoyesarte.com. Durante la fase final, el jurado elegirá de entre las obras seleccionadas y publicadas en la fase previa cuáles son las merecedoras del premio y de los dos accésits.

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Fechas clave

Apertura de admisión de originales: 30 de octubre de 2023

Cierre: 15 de mayo de 2024

Fallo: 22 de agosto de 2024

Ceremonia de entrega: Último trimestre de 2024

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