Ahora bien, esta alemana de Colonia tiene mucho más que un párrafo en la historia de la música del siglo XX por maridar –entre egos gigantescos y adicciones a la heroína– esa voz de hielo que quema con las composiciones de Reed y los sonidos vanguardistas de John Cale en el mítico disco del plátano, en el primer disco de la Velvet Underground, en una de las tres o cuatro biblias indiscutibles que tiene el rock. Todavía hoy, más de cincuenta años y cincuenta mil imitaciones después, entra su voz de diosa teutona sobre el magma de sonidos monocordes de All tomorrow’s parties y te bastan unos segundos para darte cuenta de que estás escuchando algo único. Ruido, preciosismo, experimentación y la voz de Nico.