Realizada a lo largo de tres años y rodada en las azoteas de Tel Aviv en conversaciones absolutamente secretas, la película surgió de una iniciativa de Abraham y Szor, que llevaron a cabo las entrevistas durante la noche para proteger la identidad de los testigos -24 soldados, técnicos, pilotos de drones y oficiales de los servicios secretos israelíes-, cuyos rostros y voces ocultaron posteriormente a través de alteraciones digitales.
“Sus testimonios implican a todo un sistema que perpetra lo que la ONU y las principales organizaciones de derechos humanos del mundo han calificado de genocidio. Porque esa matanza en Gaza continúa sentimos la obligación de hacer públicos sus relatos a través de nuestra película”, apostillan sus realizadores.
¿Cómo y cuándo decidieron hacer el documental?
A finales de 2023, tras la masacre perpetrada por Hamás el 7 de octubre de aquel año, observamos cómo los dirigentes de nuestro país, con el respaldo de los principales medios de comunicación israelíes y de amplios sectores de la opinión pública, normalizaban ideas genocidas sobre la población de Gaza sosteniendo la idea de que allí no vivían civiles inocentes, sino “animales humanos” indignos de vivir.
Al hablar con palestinos e israelíes, comprendimos rápidamente que esas ideas se estaban traduciendo en acciones militares. Hacer una película sobre ese sistema y su funcionamiento interno nos pareció lo correcto, dado que personas de nuestra propia sociedad -y en nuestro nombre- estaban cometiendo crímenes tan graves. Creemos que la película demuestra que la matanza de civiles en Gaza no fue simplemente un efecto colateral de la guerra, como a menudo la han presentado los medios, sino una acción premeditada, calculada e intencionada, derivada directamente de decisiones israelíes.
También sabíamos que debíamos publicar nuestros hallazgos en tiempo real. A finales de 2023, Yuval comenzó a redactar informes de investigación sobre el ejército israelí, analizando sus sistemas de selección de objetivos basados en inteligencia artificial y sus planes de traslado forzoso de población en Gaza. Estos informes fueron publicados por Local Call y el medio independiente israelí-palestino +972 Magazine en colaboración con The Guardian. Más tarde, otros periódicos, como The New York Times y The Washington Post, informaron sobre la existencia de esos mismos sistemas y confirmaron. estas investigaciones.
¿Cuál fue la idea y la intención del proyecto?
Nuestra crítica al Estado de Israel siempre se ha centrado en crímenes de carácter sistémico. En la película No Other Land, –con la que los cineastas entrevistados lograron el Óscar a Mejor Película Documental en 2025– pasamos cinco años, junto a Basel Adra y Hamdan Ballal, documentando cómo el ejército destruía hogares palestinos. Nuestro objetivo era ofrecer una visión más amplia de un sistema de ocupación y supremacía étnica cuyo fin es expulsar a los palestinos de Cisjordania. En NAZA seguimos una lógica similar: recopilamos los testimonios de veinticuatro oficiales de inteligencia y soldados, y mostramos los mecanismos militares empleados para perpetrar lo que una comisión de la ONU y las principales organizaciones de derechos humanos del mundo han calificado de genocidio.
Por tanto, nuestro enfoque no se centra en crímenes de guerra esporádicos cometidos por soldados que actuaron por su cuenta y desobedecieron órdenes. Nos centramos en las órdenes mismas, en las políticas, en las prácticas aceptadas, en el lenguaje y la lógica que hacen posibles tales prácticas, y en las personas que operan dentro de ellas. En el sistema y sus engranajes. Esto es importante, en parte, porque la cuestión del genocidio es inseparable de la cuestión de la intención. A menudo, la intención se considera algo oculto en la mente de los líderes políticos o militares. Sin embargo, los sistemas también revelan la intención a través de las normas que crean, los objetivos que autorizan, los riesgos que asumen y los patrones que generan de forma reiterada. Al mostrar estos sistemas mediante testimonios de quienes formaron parte de ellos, esperamos que la película aporte algo significativo a este debate y contribuya a lograr la rendición de cuentas y la justicia por los graves crímenes que Israel ha cometido en Gaza.

¿Cómo eligieron la forma y el lenguaje cinematográfico específicos, tanto en lo visual como en la estructura del documental?
En el cine, cada decisión, desde el encuadre hasta la estructura y el montaje, tiene tanto que ver con lo que no se ve ni se oye como con lo que sí se ve o se oye. El cine permite examinar el silencio junto a la palabra, la presencia junto a la ausencia, una ciudad en construcción junto a una ciudad en proceso de destrucción. En la película observamos la ciudad de Tel Aviv, el centro liberal de Israel, mientras otra ciudad, Gaza —situada a 60 kilómetros de distancia—, está siendo destruida. Gaza se hace presente a través de su ausencia. Este formato nos permite representar la violencia de manera indirecta, con la esperanza de romper el entumecimiento y la inacción de tantas personas ya habituadas a las numerosas imágenes directas de violencia.
Al hablar de su película La zona de interés, Jonathan Glazer, su director y nuestro productor ejecutivo, explicó su postura sobre la ética de la representación señalando que, aunque las víctimas no aparezcan en pantalla, “nunca desaparecen de la mente”. Esta idea influyó en nosotros durante la realización de NAZA y el desarrollo de su lenguaje visual. La película pone el foco en la parte israelí -en los hogares y las acciones de Israel-, pero nunca pierde de vista su razón de ser: la masacre en Gaza y los factores que la hacen posible.
Durante el montaje, sabíamos que queríamos preservar la fuerza de ese momento documental que surge ante la cámara. Esto supuso un reto especial al tratarse de una película basada en testimonios que debían permanecer anónimos. Por ello, dejamos mucho espacio para los silencios y para el intercambio de preguntas y respuestas, intentando estructurar la película más como un diálogo, una búsqueda de la verdad a través del cine, que como un montaje periodístico de entrevistas convencionales.
¿Por qué decidieron que las azoteas y en la noche fueran el escenario en el que se desarrollan los diálogos?
Nos pareció la única opción posible. La realidad en Israel y Palestina siempre ha sido sombría, pero desde el 7 de octubre nos vemos envueltos en una oscuridad total, sin visos de amanecer. Nuestra película es un reflejo de la época en que se rodó.
La oscuridad suele asociarse con la comisión de crímenes y actos que deben ocultarse por su naturaleza atroz. Sin embargo, también propicia la honestidad: la gente dice cosas en la oscuridad que no diría a plena luz, y algunos de los momentos más intensos y reveladores de la película ocurren cuando no hay luz. Sin honestidad sobre lo que sucedió en la oscuridad, no podremos volver a la luz.
Los entrevistados ilustran sus testimonios sobre las aplicaciones de alta tecnología utilizadas en Gaza mediante diagramas rudimentarios, dibujados a mano con bolígrafo sobre papel…
Para matar a otros seres humanos, a menudo es necesario representarlos de una manera que menoscabe su humanidad: convirtiéndolos en cifras o estadísticas, viéndolos como puntos en una pantalla o etiquetándolos simplemente como NAZA, que como se ha divulgado es un acrónimo militar hebreo que se traduce eufemísticamente como “daños colaterales”. Al pedir a los entrevistados que dibujaran a mano los sistemas que utilizaban, consideramos que no solo obtendríamos información valiosa sobre el funcionamiento de dichos sistemas, sino también sobre la forma en que los individuos implicados en matanzas masivas a distancia perciben y representan a sus víctimas. Es decir, una perspectiva sobre la mirada del perpetrador.
¿Por qué la cámara se desplaza desde el escenario de la entrevista hacia el horizonte urbano y los detalles de la vida cotidiana que se observan a través de las ventanas o en las calles?
Cada noche, a las 8 p.m., millones de israelíes se reúnen frente a sus televisores para ver las noticias. Es una especie de ritual nacional. La película, que observa la ciudad de Tel Aviv casi como si estuviera bajo vigilancia, examina estos rituales y se pregunta qué papel desempeñan en la generación de conformidad con lo que está sucediendo. Mientras escuchamos cómo la vigilancia masiva de toda una sociedad en Gaza alimentó la matanza masiva de esa misma sociedad, dirigimos la mirada de nuevo hacia Tel Aviv, cuestionando a la ciudad como una burbuja donde la vida cotidiana sigue su curso mientras personas son asesinadas a sesenta kilómetros de distancia.
El cuartel general militar de Israel se encuentra en el corazón de Tel Aviv. Muchas de las personas que dirigen la campaña de bombardeos desde unidades de inteligencia provienen de Tel Aviv y son consideradas la élite social e intelectual de Israel, incluso muchas de ellas son las personas que se oponen a Netanyahu. La película es un testimonio del papel que desempeñaron, un recordatorio de que, para cometer una atrocidad de tal magnitud, es necesaria la participación de todos los sectores de la sociedad.
¿Cuál es el perfil de los entrevistados?
Como cabe imaginar, NAZA se ha producido con sumo cuidado a lo largo de los últimos tres años y bajo estrictas medidas de seguridad, debido al contenido altamente sensible y a los testimonios potencialmente incriminatorios de las personas con las que hablamos.
Los entrevistados en la película son veinticuatro oficiales y soldados de la inteligencia militar israelí; todos ellos hablaron bajo condición de anonimato. Todos han participado en tareas de vigilancia o en operaciones de asesinato a distancia de civiles palestinos en Gaza. Sus rostros y voces han sido alterados digitalmente para ocultar su identidad.
Los periodistas suelen recurrir a fuentes confidenciales para investigar crímenes de Estado. No obstante, garantizar la confidencialidad a personas que, según sus propios relatos, han participado en delitos graves no es algo que tomemos a la ligera. Estaba claro que los oficiales no habrían hablado de otro modo, por temor a represalias del Estado israelí. Porque sus testimonios implican a un sistema mucho más amplio y porque la matanza en Gaza continúa, sentimos la obligación de hacer públicos sus relatos.
Llama la atención que aceptaran hablar y lo hicieran con tanta claridad…
Casi todos los medios de comunicación israelíes han mostrado tan poco interés en las consecuencias civiles de los bombardeos de Israel sobre Gaza que se generó un vacío, un espacio en el que fue posible adentrarse. A veces, bastaba con formular las preguntas adecuadas. Es evidente que las distintas personas tenían motivaciones diferentes para responder a esas preguntas. Algunas relataron que se alistaron en el ejército impactadas por la magnitud de la matanza del 7 de octubre, pero que, con el tiempo, comprendieron que ellas mismas habían participado en delitos graves.
A menudo, estas fuentes hablaban desde la vergüenza o la culpa. Se expresaban en hebreo y, con frecuencia, teníamos la sensación de que se dirigían a otros israelíes, enfrentándose así a lo que se les había ordenado hacer en nombre de la sociedad. Otras personas actuaban impulsadas por cierto orgullo, no necesariamente por la matanza en sí, sino por los conocimientos adquiridos tras años de servicio en unidades secretas o por lo que consideraban un logro profesional.
Nuestra película no se detiene en sus motivaciones. No sigue el proceso periodístico de localización de los entrevistados ni explora a fondo cómo lidian con la culpa, la vergüenza, el orgullo o la responsabilidad por sus actos. Es una decisión deliberada. La película se centra únicamente en la matanza misma y en los factores que la hacen posible. Dedicar demasiado tiempo a las motivaciones de las fuentes para hablar -su remordimiento, su orgullo o sus opiniones políticas- conllevaba el riesgo de desplazar el centro de atención lejos de las víctimas, algo en lo que no queríamos incurrir.
¿Cuáles fueron los desafíos fundamentales a los que se enfrentaron al realizar la película?
Las fuentes involucradas en la campaña de bombardeos aéreos de Israel sobre Gaza, considerada una de las más mortíferas para la población civil en la historia moderna, prestan servicio en las unidades de inteligencia militar más secretas y de élite del país. Tuvimos que pasar meses, y finalmente años, localizando a las personas adecuadas. A su vez, muchas de ellas tardaron tiempo en aceptar y estar dispuestas a hablar ante una cámara.
Las estructuras militares se basan en la descentralización de las funciones: cada oficial es responsable de una parte de la “cadena de eliminación”, mientras que las consecuencias totales de una operación suelen repartirse entre numerosas personas, unidades y sus decisiones. Por eso no podíamos basarnos únicamente en un puñado de fuentes para sustentar las afirmaciones de la película, sino que trabajamos para encontrar a dos docenas de ellas. Además, tuvimos que operar bajo estrictas medidas de seguridad, sabiendo que el Estado de Israel no había autorizado a estas personas a hablar con nosotros y que corrían un riesgo al hacerlo.
Mencionaron anteriormente la película No Other Land, que fue una colaboración entre israelíes y palestinos. Sin embargo, NAZA sólo está dirigida por el equipo israelí. ¿Por qué?
Esta película examina nuestra sociedad. Trata sobre nuestras fuerzas armadas y las consecuencias de sus acciones. Si nuestros colegas palestinos intentaran contactar a oficiales de inteligencia, tal como hemos hecho nosotros, probablemente serían arrestados y torturados, o incluso asesinados. El Comité para la Protección de los Periodistas documentó la muerte de más de doscientos, -doscientos!!!- periodistas palestinos a manos de Israel en Gaza desde el 7 de octubre, mientras que decenas fueron detenidos durante largos periodos, la mayoría sin haber sido acusados nunca de ningún delito. Por ello, sentimos que es nuestra responsabilidad única, como israelíes, utilizar el privilegio que tenemos bajo este sistema injusto para examinarlo desde dentro y analizar el lugar del que provenimos.
Pero los soldados israelíes no poseen, de alguna manera, una versión más veraz de los hechos que las víctimas palestinas. La verdad sobre los horrores de Gaza era evidente para muchos y, a nuestro juicio, debería haber quedado clara para todos desde el mismo comienzo de la ofensiva israelí. Eso fue posible gracias a los testimonios de palestinos en Gaza que documentaron valientemente su propia destrucción, a menudo pagando con sus vidas. Precisamente porque vivimos en un mundo que con tanta frecuencia se niega a creer a las víctimas y resta importancia a sus testimonios, sentimos la necesidad de recopilar testimonios desde el interior del sistema que las atacaba. Esperamos que nuestro trabajo cuestione y dificulte esa negación que permite que tales crímenes persistan y continúen hasta el día de hoy.
Finalmente, ¿qué pretende suscitar en el público la visión del film?
Como se ha dicho, NAZA es un acrónimo militar derivado del término Nezek Agavi o “daño colateral”, utilizado por la inteligencia israelí para indicar el número de civiles que se prevé morirán en un ataque aéreo. Es una prueba de que gran parte de las muertes de civiles en Gaza se produjeron con pleno conocimiento de causa y no por error, como algunos han afirmado.
NAZA es también una crítica a la forma en que calificar las muertes de “colaterales” oculta su naturaleza deliberada y calculada. Cuando se considera que las vidas de innumerables civiles carecen de valor, todas pueden convertirse en NAZA, y cualquier ataque puede justificarse independientemente del daño causado a la población civil.
Esto resulta especialmente peligroso en la era de la inteligencia artificial y el big data, cuando es posible generar un flujo interminable de supuestas justificaciones militares, etiquetando cada masacre de civiles como NAZA -daño colateral de un objetivo identificado con ayuda de la IA- y evitando así el escrutinio. Esto transforma un principio fundamental del derecho internacional, como es la obligación de atacar únicamente objetivos militares, en una herramienta que legitima la misma masacre que pretendía prevenir.
Aharon Haliva, exjefe de inteligencia militar israelí, declaró en una grabación filtrada: “Por todo lo que ocurrió el 7 de octubre, por cada uno de nosotros que murió aquel día, deben morir cincuenta palestinos. No importa si son niños o no. No hablo por venganza, sino para enviar un mensaje a las generaciones futuras. Necesitan una Nakba de vez en cuando para sentir el precio”. Creemos que una de las formas en que el ejército israelí logró llevar a la práctica militar una visión genocida como la de Haliva, ocultando al mismo tiempo su verdadera naturaleza, fue definiendo gran parte de las muertes como “colaterales” o NAZA.
(Agradecemos la colaboración de The Guardian, coproductor del documental NAZA, y Revolucionary a la hora de facilitar y hacer posible la presente entrevista).
















