Este seminario forma parte de la investigación previa a la exposición Una luz dura, sin compasión. El movimiento de la fotografía obrera, 1926-1939, que, comisariada por Jorge Ribalta, tendrá lugar en el Museo Reina Sofía en 2011. Su catálogo ofrecerá por primera vez una visión de conjunto de esta corriente fotográfica, con ensayos firmados por los participantes en estas conferencias.

Historia de un movimiento

En la segunda mitad de los años veinte, prolifera un movimiento fotográfico documental vinculado al movimiento internacional de los trabajadores que emerge de la Tercera Internacional Comunista. Su motivo recurrente es la autorepresentación de los trabajadores como forma de emancipación y de apropiación de los medios de (re)producción.

La fotografía de los trabajadores parte de la búsqueda de una ruptura a través de la imagen, que aspira a la construcción de un nuevo espectador, en sintonía con las tesis productivistas a favor de un arte mecanizado e inmerso en los procesos de producción y en el contexto del nacimiento de la prensa ilustrada moderna a mitad de los años veinte.

Años veinte y treinta

La corriente se desarrolla durante los años veinte y treinta del siglo XX en Europa y Norteamérica, pero inicialmente nace vinculada a los movimientos fotográficos de la Alemania de Weimar y a la factografía soviética. El gran teórico de la factografía, Sergei Tretiakov, defiende un tipo de arte de estilo periodístico, descriptivo, objetivo e inmerso en los medios impresos, y realizado por un nuevo tipo de autor-productor.

La factografía y el productivismo soviéticos son la puesta en práctica de un programa materialista para el arte, inmerso en la producción industrial. Promueve la documentación de la vida cotidiana de los trabajadores, sin idealizaciones ni romanticismo, la vida en las fábricas y uno de sus ejemplos paradigmáticos es el clásico reportaje de Shaikhet y Al’pert sobre la familia Filipov, 24 horas en la vida de una familia de clase trabajadora en Moscú, de 1931.

El crítico alemán Edwin Hoernle define el ojo proletario como antagónico respecto al humanismo burgués, cuya compasión es la superioridad de clase: “Debemos proclamar la realidad proletaria en toda su repugnante fealdad, con su denuncia a la sociedad y su exigencia de venganza (…). Debemos presentar las cosas como son, con una luz dura, sin compasión”.

Crisis económica

El tipo de fotografía que promueven los fotógrafos obreros y sus editores no sólo se encontraba vinculada a la factografía soviética, sino también a los más amplios movimientos documentales del cine y la fotografía que emergen hacia 1930 a escala internacional. La principal misión de éstos es la representación de la crisis económica y sus efectos sociales, particularmente entre las clases desfavorecidas. La pobreza, la explotación y la desesperación eran algunas de las condiciones estructurales de la vida proletaria que debían ser mostradas.

En marzo de 1926, la revista AIZ, ­Arbeiter Illustrierte Zeitung (Periódico Ilustrado de los Trabajadores), publicó una convocatoria para que su público, la clase obrera movilizada, se convirtiera en proveedor de imágenes de la vida cotidiana proletaria, de las condiciones objetivas del trabajo industrial y de las organizaciones y actividad política de los trabajadores. Las luchas por la imagen empezaban a aparecer como parte central de la lucha política.

Esta convocatoria constituye el arranque de todo un movimiento fotográfico que se expande por el centro y norte de Europa y llega a Norteamérica, aunque su eje permanezca en Alemania y la Unión Soviética, o más bien en los intercambios foto-políticos entre las organizaciones comunistas de ambos países.

Medios de comunicación de izquierda

El movimiento culmina con los paradigmas fotográficos y los debates sobre el realismo, el reportaje y la factografía en la escena soviética del primer Plan Quinquenal (1928-1932) y la revista Sovetskoe Foto / Proletarskoe Foto, su órgano oficial de expresión. Por otra parte, tiene su articulación paradigmática en la Alemania de la República de Weimar, donde el papel de Willi Münzenberg y su emporio editorial de la Neuer Deutscher Verlag son fundamentales. 

Münzenberg es, desde 1921, el principal promotor e innovador en los medios de comunicación de la izquierda europea y a lo largo de los años veinte inicia publicaciones como AIZ o Der Arbeiter Fotograf. Surgidos del concurso convocado por AIZ en 1926, entre esa fecha y 1932, los círculos de fotografía obrera en Alemania promueven una contra-esfera pública fotográfica que proporciona un modelo para las ligas fotográficas de izquierdas en Europa central y del norte, y en Norteamérica.

El  movimiento se expande

El movimiento se expande y aparecen clubes fotográficos y publicaciones en Suiza, Austria, Checoslovaquia,  Hungría, Polonia, Bélgica, Francia, Holanda y Gran Bretaña. El movimiento llega a Estados Unidos y se organiza en la Photo League, que se convirtió en la segunda mitad de los treinta en el principal foro fotográfico en Nueva York. 

La dimensión internacional de la Guerra Civil española favorece la presencia de fotógrafos del movimiento comunista internacional y algunos antiguos “arbeiter-fotografen”, como Walter Reuter, Joris Ivens o Mijail Koltsov.

Las prácticas de la fotografía obrera en los países del sur de Europa también serán objeto de algunas conferencias de este seminario, bajo títulos como “Poéticas documentales y política institucional en la era del Frente Popular en el sur de Europa”, “La transformación de la fotografía en España” y “La Guerra Civil española y las redes de fotografía obrera”.

Madrid. El movimiento de la fotografía obrera. Hacia una historia política del origen de la modernidad fotográfica. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Fecha: 21, 22 y 23 de enero de 2010
Entrada: Gratuita. Hasta completar aforo
Inscripción:
programasculturales2@mcu.es