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Resaca

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Recogieron el rojo estelar de las alfombras. Se apagaron los focos, las poses y los flashes. Han pasado ya unas semanas desde que en Los Ángeles y abriendo la ceremonia de entrega de los Oscar, Penélope Cruz tomase el relevo de Javier Bardem en el premio a la mejor interpretación de reparto y se convirtiese en la primera española en conseguir una de esas estatuillas doradas por las que se dejan la piel quienes se dedican al oficio.

Los Oscar dejan secuelas y provocan resaca, eso que los diccionarios definen familiarmente y en su segunda acepción, como malestar que se siente después de haber dormido una borrachera. Pues bien, tras la resaca la cabeza se enfría, vuelve a su sitio, y puede ser tiempo de analizar las cosas con un punto de menor pasión.

14.000 kilómetros de alfombra

La famosa alfombra de Hollywood se alargó esta vez más de 14.000 kilómetros para llegar hasta al poblado de chabolas de Dharavi, en Bombay, en donde nace y crece Slumdong Millionaire, con 8 premios la gran triunfadora de este año.

En una primera y simplista impresión, cabría decir aquello de que Hollywood se rindió a Bollywood a través de esta historia de chico pobre que ve la posibilidad de cambiar su destino gracias a un concurso televisivo. La película apunto estuvo de ser editada directamente en DVD pues no encontraba distribuidor. Al fin lo encontró y hoy es el gran éxito comercial del cine a nivel planetario aunque haya tenido críticas tan significadas como la del escritor Salman Rusdhie (acaso el más célebre creador surgido de Bombay) que ha cargado contra ese ejercicio “visualmente brillante, pero carente de la más mínima credibilidad”.

O que a solo unas semanas del lujo y los brillos sepamos que los niños protagonistas han vuelto a la miseria de sus casas de plástico y cartón (aunque Danny Boyle, su premiado director, ha anunciado que una parte de la recaudación irá destinada a un fondo para los tres niños-actores. Pero, de momento, las fotos reflejan que han vuelto al terrible lugar del que partieron e incluso uno de ellos ha sido objeto de una brutal paliza por su padre por el hecho de negarse a ser entrevistado, a pie de chabola, por periodistas hindúes).

En justicia

Kate Winslet y Sean Penn se llevaron sus respectivos doraditos, como mejor actriz y actor. En el primer caso no hubo sorpresa alguna. Se lo dieron por El lector en donde hace un papel de buena-mala que irradia sinceridad, pero además venía respaldada por el que de modo menos brillante y al lado de Di Caprio intentaba dar algo de calor y credibilidad a la gélida Revolucionary road.

Pero en el caso de Sean Penn la cosa fue mucho más reñida pues no fueron pocos los que vaticinaron que un resucitado Mickey Rourke (que consigue una sentida actuación en El luchador) le birlaría la figura. Pero no, ni Rourke, ni Daniel Day-Lewis, ni Kevin Spacey. Penn es un actor excepcional que no necesita papeles de Oscar, un intérprete que hace el papel y no a la inversa, una cuestión que los premios de Hollywood se han encargado de olvidar a menudo. En Mi nombre es Harvey Milk vuelve a demostrar que está hecho para ponerse en la piel de otro y hacernos creer y sentir lo que él decida.

Y llegamos, pasada la resaca, a nuestra Cruz. Buen papel, buena actriz, película del montón aunque esté firmada por un Allen que ha demostrado lo que es capaz de hacer en otras, muchas, ocasiones. Ella sola, Penélope, levanta esta Vicky Cristina Barcelona que sin ella, Penélope, y a pesar de Bardem y Scarlett Johansson (fría como un calamar frío) apenas tendría pase. ¡Merecida enhorabuena para la nuestra!

Y a la hora del mejor actor secundario la sala se puso en pie para reconocer a alguien que ya no está. Heath Ledger, aquel vaquero de Brokeback Mountain, no llegó a verse en su extraordinaria aportación a El Caballero Oscuro. Ledger apareció muerto en la mañana del 22 de enero de 2008 tras haber ingerido una mezcla de fármacos. Fue el momento blando de la noche pero no sonó a homenaje póstumo, sino a justicia pura y dura, y eso es muy de agradecer.

Hubo otros premios como el que recibió Wall-e como mejor película de animación; el que reconoce el maquillaje de El curioso caso de Benjamín Button, una de las vapuleadas de la ceremonia, o el premio humanitario Jean Hersholt, que fue a las merecidísimas manos del gran Jerry Lewis. Pero todo eso forma parte de otra historia. De otra resaca.

 

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