La muestra, comisariada por Marina Ferretti, directora de exposiciones e investigaciones del Musée des impressionnismes Giverny, presenta un total de 64 obras, procedentes de colecciones privadas y museos internacionales como el Marmottan Monet de París, el Brooklyn Museum de Nueva York y la National Gallery of Art de Washington D.C., con las que se muestra la evolución temática y estilística del pintor, desde sus inicios en el París moderno de Haussmann hasta su pintura de jardines, que ocupará una parte muy importante de su producción.

En palabras de Ferretti, las exposición presenta a un “Caillebotte que se acercó al impresionismo de un modo experimental, pero se puede ver cómo pasó del impresionismo al postimpresionismo de forma muy rápida y radical”. Lo que se pretende es mostrar al público español un “pintor maravilloso del que siempre tenemos cosas que redescubrir”, asegura Frédéric Frank, director del museo de Giverny.

Durante mucho tiempo, el pintor fue conocido fundamentalmente por su papel de mecenas e impulsor del movimiento impresionista. Organizó exposiciones y coleccionó un gran número de obras de artistas como Pisarro, Degas, Renoir, Sisley, Cézanne y Monet, que legaría al Estado francés tras su muerte en 1894. Pero desde hace unas décadas se ha sumado a este reconocimiento la importancia de su labor creativa, que realizó gracias a que “tenía una gran libertad porque no necesitaba pintar para vivir”, recuerda Frank.

Formación clásica

Caillebotte nació en París, en el seno de una familia acomodada que le permitió recibir una educación privilegiada. A pesar de su formación clásica, el pintor mostró un mayor interés por aquello que rompía con lo establecido. Sus primeras obras muestran una mirada original sobre la naturaleza y la ciudad moderna. El tema cede su protagonismo a una composición arriesgada, dominada por un alto punto de vista y perspectivas oblicuas que crean un efecto de tensión.

En 1875, después de que el jurado del Salón rechazara su lienzo Los acuchilladores, Caillebotte se unió al bando de los pintores independientes. Un año después volvería a mostrar esta obra junto a cinco cuadros de temática urbana en la segunda exposición impresionista. A partir de ese momento, el artista dio un paso más en el impulso del movimiento a través de la compra y la colección de obras de sus compañeros.

La exposición se divide en cuatro capítulos que se centran en los lugares donde Caillebotte vivió y trabajó. El primero de ellos, El París de Haussmann: un universo mineral, transcurre entre los años 1852 y 1870 y muestra un París “en obras, que se estaba construyendo para convertirse en lo que es hoy”, explica la comisaria. El pintor vivió en uno de los nuevos barrios, experimentando de cerca esta transformación urbanística y plasmándola en su pintura.

A diferencia de otros artistas contemporáneos, dejó de lado los característicos temas modernos, como las estaciones de tren, los cafés y los abarrotados centros de ocio parisinos, para dirigir su mirada a los protagonistas de la ciudad: los habitantes. En esta etapa su paleta es tan gris como el nuevo aspecto de la ciudad, que se ha reconstruido con materiales oscuros y apagados.

El recorrido expositivo lleva al visitante hasta Veranos en Yerres: 1861-1879, que rememora las vacaciones familiares en la residencia de Yerres, una casa de estilo neoclásico rodeada de un extenso jardín de tipo inglés que representaría en múltiples ocasiones. Su padre compró esta vivienda “cuando tenía doce años y fue allí donde comenzó a interesarse por la naturaleza, por la horticultura, por las flores y comienza a estudiar las puestas de sol y el cielo. También descubre los deportes náuticos”, destaca Ferretti. Su afición por este deporte le llevó a representar escenas de remeros desde un punto de vista muy personal, cuyo énfasis recae sobre el ejercicio físico y la sensación de movimiento.

Pintura de jardines

La tercera parte de la muestra, El Sena y los viajes a Normandía: 1880-1888, transcurre tras la venta de la finca familiar en 1881. Caillebotte adquirió junto a su hermano una propiedad en Petit Gennevilliers, en la ribera del Sena, donde continuó cultivando la pintura de jardines con auténtica pasión. Su proximidad al Círculo de la Vela de París determina su afición por la navegación.

Desde entonces comenzó a diseñar veleros, con los que ganó numerosas regatas, y a estudiar las embarcaciones que navegaban el Sena. De manera progresiva, las vistas urbanas de París van dejando paso a los paisajes de Argenteuil, Colombes y Gennevilliers, que acercaron a Caillebotte a la técnica impresionista.

Finalmente, la exposición concluye con Le Petit‐Gennevilliers: 1888-1894, una época que transcurre tras comprarle a su hermano la finca de Gennevilliers. El pintor se instaló allí definitivamente, donde invirtió mucho tiempo en un estudio de horticultura y en el diseño del jardín, lo cual quedó reflejado en sus pinturas. Estos jardines, hoy perdidos, se han reconstruido en un vídeo para la exposición gracias a los de su gran amigo Monet.