En la actualidad, el binomio realidad-tiempo que vivimos como presente se empeña en mostrar que no hace falta entender de mecánica cuántica para saber lo que es un agujero de gusano, lo que significa que el espacio, y especialmente el tiempo, se puedan plegar sobre sí mismos. La actualidad nos enfrenta a ello constantemente.

Los refugiados son los nuevos prisioneros, los campos de refugiados, creados improvisadamente para acogerlos, se han convertido en las nuevas cárceles, en las nuevas prisiones, el lugar donde habrán de pagar una pena de tiempo y privaciones por ser quienes son y venir de donde vienen.

Primo Levi, recluido y torturado en Auschwitz, diría años después: “sí, cuando fui liberado lo que dominaba era la vergüenza de ser un hombre […] Esto no significa que los verdugos y las víctimas sean los mismos”. Sobre esto, en su Abecedario videográfico Gilles Deleuze le responde a Claire Parnet: “yo creo que en el origen del arte encontramos esa idea, o ese sentimiento muy vivo de una cierta vergüenza de ser un hombre, que hace que el arte consista en liberar la vida que el hombre ha encarcelado. El hombre no deja de encarcelar la vida, no deja de matar la vida. La vergüenza de ser un hombre: el artista es aquel que libera una vida, una vida potente, una vida que es más que personal, que no es la propia vida”.

Son las palabras de Levi, traídas a nuestros días, las que cruzan transversalmente esta propuesta, articulada en varias vídeo-instalaciones que se componen de dibujos, objetos, gráficos, textos y videoproyecciones. En estas piezas se formulan plásticamente estas cuestiones junto a las causas de los movimientos migratorios actuales, los intereses económicos que los provocan, a quién benefician, qué significan para nuestra sociedad, etc.

La complejidad de esta propuesta estriba en la dificultad de sintetizar visualmente, con el “lenguaje del arte contemporáneo” en general y el de la creación videográfica en particular, una información política y sociológica, simultaneando varios niveles de lectura.