Ya dentro, el dedo omnipotente de la Academia señaló a unos y descartó a otros. La noche giró en torno a Corea, la del Sur, y a Bong Joon-ho, un nombre de aquellas latitudes, el director de la excelente Parásitos, película que contribuye a desparasitar unos premios que nunca, en sus 92 años de existencia, habían reconocido a una misma propuesta como mejor película de habla no inglesa y triunfadora global como mejor película; sin fronteras ni lenguas. Hora era.

Cuatro importantes estatuillas se metieron en la mochila los asiáticos. Además de los dos galardones mencionados, el director se llevó el suyo y compartió con Han Jin-won el que reconoce el guion original más destacado. Significativo, y mucho, que fuera ésta la primera película surcoreana nominada en la historia de la carrera por el hombrecito dorado, lo que hace dudar de la atención que los doctos académicos prestan a lo que se genera más allá de las fronteras que delimitan el cinematográfico territorio de las barras y estrellas.

Anécdotas y algo más que anécdotas, como la que vivió el propio Bong Joon-ho cuando en el corazón de su discurso de agradecimiento cerraron su micrófono y apagaron las luces del teatro: el tiempo previsto para la gala se había consumido. La cosa no daba para más. En ese punto las quejas de algunos de los clásicos del cotarro, –había que ver los aspavientos de Charlize Theron y Tom Hanks–, devolvieron la cordura a los organizadores: La luz se hizo y los micrófonos volvieron a hablar.

En un año de buen número de extraordinarias películas, no fueron pocas las quinielas que se fueron a la papelera. El irlandés, esa obra magna de Martin Scorsese, no consolidó ninguna de sus diez nominaciones. Tarantino tampoco tuvo que levantarse de su butaca pues Érase una vez en… Hollywood solo logró el premio a mejor actor secundario, Brad Pitt, y el de diseño de producción. Ni Sam Mendes que vio cómo 1917 solo era reconocida por el trabajo de sus técnicos en fotografía, efectos visuales y mezcla de sonido. Y Joker, por citar otro ejemplo que esperaba más, apenas lograba dos, al colocar a Joaquin Phoenix como mejor actor protagonista y a Hildur Gudnadóttir como autor de la banda sonora más destacada. Por otra parte, y como actriz protagonista, Renée Zellweger se lo lo llevó de calle por su papel como la Garland de Judy y Laura Dern volvió a demostrar la actriz que lleva dentro al lograr la mejor de reparto por Historia de un matrimonio.

España se quedó sin nada. El Dolor y gloria de Almodóvar se vino de vacío. El propio realizador confesó que lo esperaba en éste, el año en que los Óscar parecen dar muestras de apertura y, visto lo visto y en un simple juego de palabras, cabe concluir que con Parásitos Hollywood se desparasita.