Robyn – «Dancing On My Own» (2010)
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Robyn – «Dancing On My Own» (2010)

Tristeza y baile. Pueden parecer conceptos contradictorios, sobretodo si estamos hablando de desamor y música de club; si estás decaído no estás de subidón. Pero el baile es una fuerza liberadora, expresiva; lo explicó la propia Robyn en Pitchfork: «La gente se emborracha y se convierte en sí misma de alguna manera, y experimentan algún tipo de emoción. Pero no siempre se trata de diversión. Hay un lado destructivo. Pero me interesa más el poder de salir (…). Incluso si estoy triste, bailar es una forma de dejar salir las cosas»

 

Robyn había demostrado antes ser una dignísima heredera del mejor pop sueco, pero con «Dancing On My Own» de su disco «Body Talk Pt 1» (2010) alcanzó cotas casi inexpugnables. Pocas canciones condensan tanta fuerza emotiva, una explosión de sentimientos contradictorios a golpe de sintetizadores rompepistas. Marca una cima del electropop moderno con beats en alta definición y una voz con una potencia incomensurable, que resiste al dolor del desengaño.

 

Define la década porque sencillamente «Dancing On My Own» es una de las mejores canciones de los 2010s, sin más; su importancia no reside en tendencias, sonidos, momentos históricos o sociales, sino en la alineación de astros que supone hacer una canción así. El gran espectro emotivo que abarca la hace gigante pero no sería así sino fuese por el talento interpretativo, una producción tan energética, y una melodía tan precisa. Corazón roto y fémur dislocado.

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