La nueva intervención de Nogueira evoca modulaciones de espacios de trabajo realizadas por dos arquitectos de origen gallego vinculados a la historia del Palacio de Cibeles: Antonio Palacios, responsable –junto a Joaquín Otamendi– de su proyecto y construcción entre 1904 y 1919, y Alejandro de la Sota, quien trabajó en el edificio entre 1961 y 1984 como funcionario público de la Dirección General de Correos y acometió obras de acondicionamiento y reforma.

La lectura de Nogueira de ambas intervenciones funcionales toma la forma de un biombo-dispositivo de exposición que da respuesta al uso actual del espacio como centro de arte y sirve como elemento a un tiempo modulador y expositor.

vida gallega pone en primer plano la posición siempre situada, encarnada, del trabajo de Nogueira y su preocupación por hacer visible el propio lugar de enunciación. Si a menudo sus obras citan otros textos, voces, discursos, lo suelen hacer en primera persona, enfatizando los procesos de traducción, doblaje e interpretación que participan en la constitución de un lugar. La pregunta por las mediaciones vivenciales y discursivas que modelan un espacio o un paisaje atraviesa sus propuestas, así como la interpelación a un presente conformado de muchas tramas, de historias discontinuas y memorias en conflicto.

Junto a un diálogo con el edificio, la exposición presenta proyectos de las últimas dos décadas en la trayectoria de Nogueira, en las que investigaciones en torno a espacios, paisajes o ciudades convocan a menudo una memoria del trabajo y las luchas obreras, prácticas de emancipación feministas o anticoloniales. Se trata de acoger la contradicción y no apaciguarla. De ahí que a veces una obra –”objeto de interpretación espacial”, “intervención en sitio específico” o “dispositivo de sala”, como los llama la artista– pueda devenir espacio de encuentro, plaza o ágora.