Ese encuentro entre obra y espacio protagoniza Eduardo Chillida. Pensar con las manos, la gran apuesta expositiva de la Fundación Ciudad de la Energía para 2026. La muestra, abierta gratuitamente hasta el 10 de enero de 2027, reúne 125 piezas entre esculturas, dibujos, collages, gravitaciones, libros de artista, bocetos, fotografías y material audiovisual. El conjunto recorre las preocupaciones que atravesaron la trayectoria de Chillida y que definen su aportación al arte del siglo XX. La materia y el vacío, el límite, la gravedad, la luz y la relación de la obra con cuanto la rodea articulan una propuesta cuya lectura casi resulta inseparable del edificio que la alberga.
Comisariada por Alicia Vallina, la exposición parte de la idea de que Chillida no imponía una forma a los materiales. Los escuchaba, atendía a sus tensiones y trabajaba a partir de las preguntas que iban surgiendo de ese contacto. Sus manos eran herramientas de ejecución, pero ante todo instrumentos de conocimiento. Pensar y hacer formaban parte de un mismo proceso. De ahí un título que define su método creativo y adquiere en el Bierzo otra resonancia, vinculada a una tierra modelada por la minería, la industria, los oficios y el trabajo manual.
La propia Sala Condensadores hace visible ese planteamiento. Chillida defendía que la escultura debía permanecer atenta a lo que la rodeaba y a todo aquello que podía mantenerla viva. En Ponferrada, sus obras se enfrentan a un espacio con identidad y memoria propias, construido para generar energía y hoy recuperado como equipamiento cultural. El metal de las piezas responde al hierro y al acero del edificio. La densidad de la piedra encuentra su eco en el hormigón. Las tensiones de las formas continúan en vigas, columnas y pasarelas.
El resultado tiene algo de organismo común. Continente y contenido se integran hasta hacer difícil determinar dónde termina uno y comienza el otro. Los familiares del escultor han descrito la experiencia del visitante como la entrada en una de sus obras. La antigua central no fue concebida con una función artística, pero su escala, su materialidad y la huella del trabajo industrial permiten recorrerla como una gran pieza. La expresión escultura dentro de escultura deja así de ser una imagen retórica para convertirse en una experiencia física, real.
«Chillida y toda su relación con la industria van de la mano en este espacio», afirma Eneas Bernal, programador cultural de la Fundación Ciudad de la Energía (CIUDEN). La elección del artista prolonga una línea dedicada a figuras de referencia de la cultura contemporánea, después de los proyectos expositivos dedicados a Eduardo Arroyo, Joaquín Sorolla y Félix de la Concha. En esta ocasión, la intención fue vincular el pensamiento y la obra de Chillida con un territorio que se desarrolló alrededor de la minería, la energía y los trabajos artesanales e industriales.
La museografía concebida por Estudio Herreros resulta decisiva para que ese diálogo sea fructífero. Su intervención ordena la gran sala, abre perspectivas y crea ámbitos de distinta intensidad dentro de sus aproximadamente 1.300 metros cuadrados.
Una sucesión de paneles suspendidos acoge las obras sobre papel y aporta ligereza frente al peso del edificio. Suspendidas en el espacio, esas superficies permiten contemplar dibujos, collages y gravitaciones sin interrumpir las relaciones visuales con el hormigón, las esculturas y la arquitectura. La solución parece nacida de la propia obra de Chillida, en la que sostener, gravitar, horadar y dejar respirar son acciones esenciales.
Leer el espacio
El montaje también genera espacios íntimos y reflexivos dentro de una sala verdaderamente monumental. La luz cenital cae sobre las gravitaciones, y acentúa sus investigaciones sobre lo pleno y lo vacío, la luz y la sombra, el peso y la suspensión. El visitante puede acercarse a la obra gráfica y, al levantar la mirada, recuperar la dimensión industrial del conjunto. Nada queda aislado.
«Han sabido leer el espacio expositivo y el trabajo de Chillida», destaca Bernal. Los elementos diseñados por Herreros dialogan con la tectónica de la sala y ofrecen continuidad al recorrido. Su condición modular y reutilizable permite, además, adaptarlos a proyectos de naturaleza muy distinta. El mismo sistema que sirvió para una exposición de pintura ha evolucionado ahora para albergar esculturas, obras sobre papel y zonas de mediación. En el centro se dispone una mesa concebida como arquitectura para el diálogo, alrededor de la cual se desarrolla el trabajo con los visitantes. La escucha de los públicos ocupa el corazón de la sala y forma parte del relato museográfico.
El recorrido muestra a un artista reflexivo, más interesado en formular preguntas que en obtener respuestas. Chillida entendió la escultura como una forma de pensamiento y convirtió el espacio en una materia tan relevante como el hierro, el acero, la madera, el granito, el alabastro o la tierra chamota. No buscaba conquistar el vacío, sino relacionarse con él, tantear sus límites y descubrir qué podía decir cada material cuando era llevado hasta el punto máximo de su resistencia.
Las manos
Esa actitud exigía tiempo y atención. Valga como anécdota que, aunque poseía una extraordinaria facilidad para el dibujo y era diestro, en una etapa temprana decidió comenzar a trabajar con la mano izquierda. Quería frenar la ejecución rápida, evitar la respuesta automática y recuperar el intervalo necesario para pensar mientras dibujaba.
La muestra concede especial importancia a esas representaciones de las manos, presentes a lo largo de toda su carrera incluso después de abandonar la figuración como lenguaje principal. Chillida estudió las formas que producen, los huecos que delimitan y su capacidad para tocar, sujetar o rodear el aire.
El recorrido comienza precisamente desde el ámbito de los afectos y desde la figura de Pilar Belzunce, esposa del artista y pieza fundamental en su vida, en la gestión de su trabajo y en la construcción de su legado.
Organizada en colaboración con la Sucesión Eduardo Chillida, Chillida Leku, la Fundación Eduardo Chillida – Pilar Belzunce y Hauser & Wirth, Pensar con las manos reúne dos obras monumentales, una quincena de esculturas de pequeño, mediano y gran formato en materiales como el alabastro, la tierra chamota o el hierro, así como más de un centenar de obras sobre papel entre dibujos, collages, gravitaciones y libros de artista. La exposición incorpora además material documental y la proyección del audiovisual A Portrait of an Artist (1985).
Junto a las manos aparecen retratos de su mujer y sus hijos, habitaciones, collages y libros realizados en diálogo con escritores y creadores de su tiempo. Sus relaciones con Jorge Guillén, Clara Janés o Joan Brossa revelan hasta qué punto la poesía y la palabra formaron parte de sus búsquedas. La exposición amplía así una imagen del artista concentrada en las grandes obras y descubre a un dibujante, lector y creador gráfico que trasladó las mismas preguntas de la escultura al papel.
Las Gravitaciones, iniciadas a mediados de los años ochenta, son uno de los ejemplos más claros. Chillida creó composiciones en las que los papeles quedan suspendidos mediante hilos. Las superficies se separan, proyectan sombras y abren intersticios. El dibujo abandona el plano, ocupa el espacio y se aproxima a la arquitectura. En La Térmica Cultural, esos trabajos se corresponden con los paneles flotantes y con una sala cuyo volumen obliga a percibir continuamente la relación entre peso y ligereza.
El peso y el aire
Dos piezas de grandes dimensiones concentran la fuerza material de la exposición. Lo profundo es el aire XVII, realizada en 1997 con granito rosa procedente de la India, pesa cuatro toneladas. Su título procede de un verso de Jorge Guillén y resume una investigación que Chillida desarrolló en distintos materiales. La piedra conserva parte de su rugosidad exterior mientras las incisiones abren el bloque y hacen visible el vacío contenido en la masa. La profundidad deja de depender de la distancia. Se encuentra dentro de la materia.

La segunda gran obra es Consejo al espacio VIII, de 2000, realizada en acero corten y con un peso superior a las 21 toneladas. Habitualmente instalada al aire libre en Chillida Leku, solo había sido expuesta una vez en un interior, en 2016. Su presencia en Ponferrada fue posible gracias a la resistencia de un suelo industrial capaz de soportar cargas que quedarían fuera de las posibilidades de muchos museos convencionales.
La dificultad logística ayuda a comprender la naturaleza de estas esculturas. Chillida no trabajaba con piezas huecas ni ligeras. Sus formas son sólidas y conservan la contundencia del proceso industrial que las hizo posibles.
Frente a ellas, la escala humana se modifica. El espectador puede rodearlas y asomarse a sus huecos, observar cómo recortan la arquitectura o cómo prolongan el color oxidado de algunos elementos de la sala. El brillo y la rugosidad del granito, la densidad del acero y la aspereza del hierro se intensifican, hablan, bajo una luz que no neutraliza los materiales.
Ese respeto por la materia revela también una concepción ética del trabajo. Alicia Vallina, la comisaria de este proyecto expositivo, sitúa en el centro de la trayectoria de Chillida su sencillez, su sentido de la dignidad, su humanidad y su profundo vínculo con la naturaleza. El hierro y los materiales primigenios lo conectaban con su identidad vasca, aunque su reflexión aspiraba a valores compartidos. Libertad, tolerancia y convivencia aparecían ligadas a una práctica artística que concebía la identidad como pertenencia cultural y, al mismo tiempo, como condición universal.
El documental A Portrait of an Artist, realizado en 1985, completa esa lectura. Sus imágenes muestran al escultor en el estudio y permiten seguir una forma de creación atenta al paisaje. Chillida estudiaba minuciosamente los lugares destinados a recibir sus obras públicas y procuraba que estas establecieran un vínculo específico con el entorno. El audiovisual se convierte en una reflexión sobre el acto de crear, sobre la materia y sobre las conexiones del arte con la filosofía y la poesía.
En la Sala Condensadores, esas ideas adquieren una claridad poco habitual. Las esculturas transforman el edificio y el edificio modifica la percepción de las esculturas. El pasado energético e industrial del recinto funciona como parte activa de la exposición. Hierro frente a hierro, hormigón frente a piedra, vacío dentro del vacío. Chillida encuentra en Ponferrada una arquitectura capaz de responderle.
Patrimonio industrial vivo
La Térmica Cultural es un espectacular espacio gestionado desde Ponferrada por la Fundación Ciudad de la Energía (CIUDEN) a través del Instituto para la Transición Justa (ITJ), dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO). Ocupa las antiguas instalaciones de la central térmica de Compostilla I, un lugar que, 50 años después de cesar su actividad, ha renacido como centro dedicado a las artes, el conocimiento y la capacitación profesional.
La central es uno de los referentes del patrimonio industrial español. Un ejemplo de la arquitectura de los años 40: un edificio enorme, pero de formas sencillas, una gran mole blanca que se erige sobre una colina desde la que se puede ver toda la ciudad. Un gigante con encanto que, junto con su hermana mayor en edad, situada a menos de un kilómetro, la centenaria –y congelada en el tiempo– central de la Minero Siderúrgica de Ponferrada (MSP) y hoy La Fábrica de Luz. Museo de la Energía, evocan el pasado industrial de la ciudad. Dos magníficos ejemplos de cómo se puede transformar un paisaje industrial en un entorno cultural integrado en la ciudad que lo acoge.
La Térmica Cultural trabaja para impulsar la cultura, el turismo, la economía y la participación social de las comarcas del Bierzo y Laciana. Es un espacio que alberga exposiciones como la de Chillida y otras sobre energía e innovación, antropología y la cultura e identidad minera de la región. También está destinado a la celebración de espectáculos musicales y artes escénicas, al desarrollo artístico y al fomento de las industrias culturales. Es también un espacio ideal para la organización de congresos, ferias, jornadas y todo tipo de eventos divulgativos.
En cuanto a La Fábrica de Luz. Museo de la Energía, este espacio singular se inauguró en 2011 como un ejemplo de la recuperación del patrimonio industrial con fines culturales, un proyecto merecedor de varios reconocimientos, entre ellos el Europa Nostra 2012 y la nominación al mejor museo europeo del año 2015 en los premios EMYA (European Museum of the Year Award).
















































































