Su extenso pero ciertamente poco conocido cancionero está cuajado de temas formidables, buena parte de las cuales son auténticos clásicos escondidos del mejor pop nuevaolero madrileño.

Para complicar un poco las cosas, los Pistones sí tuvieron un (único) éxito importante, aunque la canción que lo protagonizó no era seguramente la más representativa de su estilo ni de su personalidad. Tampoco era precisamente la mejor de su repertorio. Un poco a la manera de los Clash más bailables (precisamente los de The Magnificent Seven), El Pistolero era una buena canción, pegadiza y amable para las emisoras de radio más comerciales. La efectiva aunque un tanto artificiosa producción de Ariel Rot (guitarrista y compositor de Tequila que por aquellas fechas comenzaba también su propia carrera en solitario) y un decidido apoyo promocional por parte de su compañía discográfica lograron que los Pistones llegaran a paladear, siquiera por un instante, las mieles del éxito. Fueron sus warholianos quince minutos de fama.

El grupo se forma en el Madrid en tecnicolor (al que cantaban los todavía mucho más olvidados y perfectamente reivindicables Flash Strato) de 1980, un momento y una ciudad llenos de contradicciones y de posibilidades y alternativas, en torno a la figura del guitarrista, vocalista y compositor Ricardo Chirinos.

Después de curtirse en el local de ensayo y en sus primeras actuaciones en directo, no pueden tener un inicio discográfico más atinado. El productor Paco Martín, junto a su socio Julio R. Rodríguez funda el sello MR y edita, ya en 1982, un primer Ep de cuatro canciones encabezado por Las siete menos cuarto, una pequeña maravilla de dos minutos y medio magníficamente recibida en las emisoras más atentas a novedades de calado, en particular Onda 2. Las otras tres canciones son igualmente buenas, destacando especialmente la emocionante y melancólica Te brillan los ojos, que por cierto aborda un asunto recurrente en las letras de los Pistones: la adicción a las sustancias ilegales. El disco es una pequeña joya muy valorada por quienes la conocen pero ciertamente poco conocida más allá de los ambientes más enterados del momento.

En 1982 y 1983 sacan varios sencillos y Ep´s con canciones igualmente formidables, como Vuelve Pronto, La cazadora, Nadie o, muy particularmente, Los Ramones, otra maravilla relativamente oculta del pop madrileño de la época en la que con adolescente sencillez rendían homenaje a una de sus bandas favoritas. Incluso un pinchazo tan notable como el Ep Voces, con un fallido intento de adentrarse en la música de baile, incluyendo una insulsa versión del clásico del soul Soulfinger, contiene otro de los buques insignia de la banda, la formidable Metadona.

Después de varios cambios quedó constituida la formación “clásica” del grupo con Ricardo como guitarrista y cantante, Fran López a los teclados, Ambite como bajista y Ramón López (sustituido posteriormente por el argentino Fabián Jolivet) a la batería.

Cuando están listos para su estreno en formato largo, su pequeño sello, MR, es absorbido por la multinacional Ariola, que se hace cargo del proyecto, lo que supone la contratación de un productor de campanillas (Ariel Rot) y una considerable ampliación del presupuesto tanto para la grabación como para la promoción del álbum.

No demasiada gente lo conoce, pero Persecución es uno de los grandes discos del pop español de los ochenta, a la altura de los dos primeros de los Secretos y no a tanta distancia de los de Nacha Pop, sin ir más lejos.

Aunque peca de la característica grandilocuencia propia de las producciones de la época, el sonido es más consistente que el de sus primeros discos y los arreglos están más elaborados. Pero lo que hace de él una pieza distinguida, singular y enormemente valiosa es la colección de fantásticas canciones que contiene. Chirinos, responsable casi en solitario de todo el repertorio (con la ayuda del propio Rot en algún corte), se muestra tan inspirado como en sus mejores momentos, tanto en la estructura de las composiciones como en unas letras faltas de pretensiones pero ciertamente atinadas. De esta manera, el álbum es una impecable muestra de pop vigoroso, certero y brillante, marcado por unas espléndidas guitarras y, especialmente, por la voz del propio Chirinos, firme, sentida y emocionante, pero en absoluto endeble o edulcorada. Buena muestra de ello son piezas tan fogosas y resultonas como Persecución, Mientes, Flores condenadas o esa joya atemporal titulada Lo que quieras oír, un precioso medio tiempo de exquisito y delicado tono melancólico.

Además, el álbum cuenta con dos sólidos ganchos: una nueva versión, más potente y guitarrera, del que para entonces ya era un clásico menor del grupo, Metadona, y la joya de la corona desde el punto de vista estrictamente comercial, El pistolero.

Editada también en formato maxi single con una versión más larga destinada a la pista de baile, El pistolero cosecha, efectivamente, un rotundo éxito y logra elevar al cuarteto a la primera división del pop español del momento, apareciendo con frecuencia en televisión, sonando con insistencia en todas las radios y multiplicando sus actuaciones en directo, en las que, por cierto, se mostraban como una de las formaciones más solventes y dinámicas de la época.

Sin embargo, una jugada del destino corta en seco su buena racha y, cuando parecía que todo se les ponía de cara, Ricardo Chirinos es llamado a filas para cumplir con el sacrosanto servicio militar. A pesar de que se hizo una notable promoción del disco y de que ellos mismos pudieron actuar con frecuencia, la sensación es que dejaron el trabajo de consolidar la posición preeminente de la banda sin terminar.

Nada volvió a ser lo mismo.

Saldadas las cuentas pendientes con la patria, Ricardo se reencuentra con Fran y Ambite y vuelve al estudio, nuevamente bajo la batuta de Ariel Rot y con otro ex-Tequila, Julián Infante, como batería. Un par de peldaños por debajo de su predecesor, Canciones de lustre es un disco ciertamente apreciable, con un puñado de buenas canciones entre las que sobresale muy especialmente Que el sol te dé, un corte fantástico sustentado en un sencillo pero brillante riff interpretado con guitarra española.

Sin un gancho tan obvio como El pistolero, el álbum podría haber funcionado con un poco de apoyo, pero Ariola había perdido la fe y el entusiasmo y apenas hizo nada por él, de manera que buena parte de los seguidores que el grupo había conseguido atesorar con Persecución habían abandonado finalmente.

El fracaso del álbum los vuelve a emparentar con Paco Martín, quien por entonces dirige el sello independiente Twins (responsable de uno de los fenómenos comerciales del momento, el que protagonizan los -insufribles- Hombres G), que edita Cien veces no, un mini álbum de cinco canciones que no están mal, pero quedan lejos ya de sus momentos más brillantes. Solo Amiga Lola y la canción que da título al disco (y que suena, curiosamente, a lo que estaban haciendo los Secretos en aquella misma época) logran cierta difusión en la radio y resplandecen en un disco de claro declive.

En las filas del grupo cunde entonces el desánimo y deciden abandonar, aunque habría un nuevo intento, ya en 1992, de reactivarlo. Chirinos recluta a una nueva formación y logra un contrato con la multinacional Epic. Una vez más, Entre dos fuegos es un disco de sonido amable e incluye algunas buenas canciones, pero el grupo está ya a mucha distancia de sus momentos de arrebatadora inspiración. Los resultados comerciales del lanzamiento son ciertamente modestos, lo que conduce inevitablemente a una nueva disolución.

En los últimos años, Ricardo Chirinos ha reaparecido con diferentes formaciones, tanto en formato acústico como eléctrico, llegando a grabar, en 2016 un disco en directo como celebración de su 35 aniversario.

Después de agotar las entradas por dos veces consecutivas (el 13 de diciembre y el 4 de enero), la sala El Sol vuelve a acoger el próximo 8 de febrero a un grupo esencial y particularmente querido del pop madrileño, cuyas canciones son un auténtico tesoro.

Las siete menos cuarto

Te brillan los ojos

Los Ramones

Vuelve pronto

El artefacto

La cazadora

Nadie

Metadona

El pistolero

Persecución

Lo que quieras oír

Mientes

Flores condenadas

Que el sol te dé

Palos de ciego

Quién te ha dicho que tendrás otra ocasión

Pandilleros

Amiga Lola

Cien veces no

Persiguiendo sombras

La banda rival

Dos mil kilómetros

Entra por la puerta


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