«La nueva exposición, en la que hemos colaborado unos 30 investigadores del Museo, no sólo está dedicada a la biodiversidad; también profundiza en los conceptos de evolución y conservación. El fin último es concienciar a los visitantes, al mismo tiempo que mostrar proyectos concretos para que vean que detrás de todo museo de historia natural hay científicos trabajando en todos estos campos», destaca el investigador Miguel Bastos, su comisario.
La muestra ocupa un espacio de cerca de mil metros cuadrados en la zona de biología del Museo del CSIC y ha contado para su realización con la colaboración de la Fundación Biodiversidad y de la Sociedad de Amigos del Museo (SAM).
El objetivo es dar a conocer el concepto Biodiversidad y sensibilizar a los visitantes acerca de su importancia y la necesidad de su conservación. En total han colaborado en la muestra más de una docena de científicos del Museo y en ella se muestran un gran número de ejemplares procedentes de sus colecciones, algunos de ellos tan conocidos como el elefante africano o el diorama de los abejarucos realizado por José María Benedito a principios del siglo XX. Se presentan también ejemplares únicos como el lobo marsupial o el alca gigante, ambos extinguidos, y otros seriamente amenazados, como el leopardo de las nieves, el urogallo o el oso pardo.
La nueva exposición permanente se articula en torno a tres ámbitos:
En el primero se explica qué es la Biodiversidad, cómo se distribuye en los diferentes biomas del mundo y cómo se manifiesta en las formas, colores y relaciones entre los diferentes organismos que componen los ecosistemas. A continuación, grandes colecciones de insectos y conchas de moluscos sirven para explicar los distintos niveles en que se aprecia la Biodiversidad, desde la de los genes hasta la de los ecosistemas. También existe un espacio para mostrar de qué manera los científicos intentan ordenarla clasificando y dando nombre a los seres vivos. En este espacio los visitantes pueden comparar los mamíferos de mayor tamaño como el elefante y la ballena, con algunos de los más pequeños como musarañas o topos y también comprobar que a veces las apariencias engañan, ya que animales de aspecto externo muy similar están muy alejados filogenéticamente, mientras que otros muy distintos entre sí están emparentados.
A través de un espacio de transición donde se explican el origen y el árbol de la vida y donde también se encuentra una zona de proyección de documentales, se accede al segundo ámbito titulado La Biodiversidad, fruto de la Evolución. Aquí se expone la teoría de la evolución a través de la selección natural y sexual. Además, diversos apartados explican la base genética de la evolución, así como la relación entre fósiles y evolución. Una gran vitrina con una representativa colección de esqueletos (reptiles, mamíferos y aves) permite a los visitantes realizar un ejercicio de anatomía comparada.
Finalmente, el tema de las extinciones ocurridas en el pasado remoto, geológicamente hablando, y las más recientes relacionadas con la actividad humana da paso al siguiente ámbito, el de la conservación. Aquí es donde se encuentran algunos de los ejemplares más valiosos del Museo que corresponden a especies ya extintas como el lobo marsupial o el alca gigante. Los interrogantes que la sociedad se plantea en cuanto a la conservación, ¿qué debemos conservar?, ¿dónde conservar?, ¿cómo conservar? y ¿por qué conservar?, encuentran respuesta en este ámbito.
Labor investigadora
La exposición finaliza con un espacio dedicado a la labor que realizan los investigadores del MNCN para mejorar la conservación de distintas especies con diferentes grados de amenaza (el urogallo, el lince ibérico, el oso pardo, la lapa Patella ferruginea o la gacela Mohor). Pero, sin duda, el mayor esfuerzo realizado por el MNCN en esta ocasión ha sido el de mostrar un gran número de piezas de sus colecciones que supera con facilidad el millar, muchas de ellas recién restauradas y otras que han llegado recientemente, como el esqueleto de ballena de 21 metros de largo.
Otro de los valores de la muestra ha sido la activa participación de los investigadores, lo que le confiere un carácter de rigurosidad científica y, a la vez, actual y dinámico. Es por eso que se concibe como una exposición permanente pero viva que se irá modificando con nuevos elementos expositivos y ejemplares, a medida que se produzcan nuevos descubrimientos.















