Nativel Preciado.

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Políticos y periodistas: los intereses creados

Nativel Preciado.
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Año 1988, un periodista de la BBC entrevista en directo a la primera ministra del Reino Unido, Margaret Thatcher. En un momento dado el entrevistador decide dejar de preguntar sobre un asunto concreto y abordar otro distinto.

- Pasemos a otro tema…

- No, no, sobre este tema todavía tengo cosas que decir –le cortó Thatcher.

- La entrevista la conduzco yo, señora primera ministra. Y sobre este tema ya hemos terminado. El siguiente tema es…

De este diálogo fue testigo el periodista José Martí recién llegado a Londres aquel año y lo cuenta, como una inolvidable lección de periodismo, en El oficio más hermoso del mundo (Clave intelectual) publicado este año.

“Aunque algunos políticos me quieran y otros me odien, he logrado siempre mantenerme apartado. Ninguno ha sido mi amigo, ninguno mi enemigo. Un día alguien me preguntaba ‘Cuántas veces has estado en Moncloa?’ Y contesté: ‘Con Suárez, dos; con Felipe, una; con Leopoldo, otra; con Aznar, dos; y con Zapatero, una’. ¿Por qué no más? Porque no he querido ir más. Siempre he preferido tener un poco menos de información y en cambio un poco más de independencia que un poco más de información y un poco menos de libertad”. El que así marca distancias es Iñaki Gabilondo, que analizó hace cinco años las grandezas y las amenazas de la profesión en El fin de una época (Random House Mondadori).

Situaciones como las arriba descritas no son, para qué engañarnos, moneda común en las relaciones entre políticos y periodistas. En España dichas relaciones han ido cambiando, en ocasiones de forma abrupta. Nativel Preciado ejercía como cronista parlamentaria cuando España estrenaba democracia; entrevistaba entonces a las personalidades más relevantes de la Transición y, cuatro décadas después, sigue haciendo entrevistas pero ahora a los protagonistas del actual panorama político, tan marcado por el desencanto y el hartazgo generalizados de los ciudadanos y por la irrupción de nuevos partidos. Es, por tanto, una de las periodistas en mejores condiciones a la hora de contar trastadas y amistades, broncas y afectos entre los dos colectivos. Y lo ha hecho en Hagamos memoria: por sus páginas desfilan políticos energúmenos y periodistas sin escrúpulos traídos del pasado pero también líderes de la actualidad, arrogantes y bocazas, y tertulianos que adaptan sus argumentos a la cadena que en ese momento les acoge.

Si creemos a Nativel cuando dice coincidir con la célebre cita de George Orwell (“Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas”), entonces habremos de suponer que se ha pasado media vida tratando de calcular la distancia exacta que debe guardar ante un político: ni demasiado lejos ni demasiado cerca de quienes son al mismo tiempo fuente a la vez de información y problemas. “Difícil evitar el compadreo y encontrar el equilibrio entre la complicidad y el distanciamiento; alcanzar una coexistencia pacífica sin tensiones ni conflictos”.

El colegueo alcanzó sus cotas más altas en los años de la Transición hasta el punto de que, una vez que llegó Felipe González al poder, había periodistas que en la ruedas de prensa que se dirigían al presidente por su nombre de pila e incluso como “compañero presidente”. Se decidió poner punto final a aquellas confianzas y poco después se cerró el bar del Congreso, que había sido marco de tantas conversaciones, confidencias y filtraciones entre unos y otros.

La cuestión generacional tiene en todo esto un peso más que relevante; lo tuvo antes, en los ochenta, y lo tiene ahora. “Muchos periodistas compartieron con los diputados del PSOE pupitre en la universidad, militancias clandestinas, intereses ideológicos, amistades, e incluso hubo algunos célebres enamoramientos (…) Lo mismo que ahora sucede entre los informadores más jóvenes y los dirigentes de Podemos”. La propia Preciado fue amiga de Carmen Díez de Rivera, jefa de Gabinete de Adolfo Suárez y de esa amistad extrajo información valiosa para su trabajo.

Al estar el libro estructurado en forma de diálogo intergeneracional, a su autora le resulta más fácil poner de relieve cómo se producen ahora situaciones y actitudes muy semejantes a las del pasado. Ha escrito un texto muy pendiente de no caer en la nostalgia y de no dejarse llevar por esos ataques de melancolía que te convencen de que cualquier tiempo pasado fue mejor, más intenso o más especial. Firma, en definitiva, una obra que se lee con interés y que tiene tanto de recuerdos y crónica personal como de ensayo divulgativo de los entresijos de la política española así como de moderada respuesta a esa revisión crítica que en los últimos años se está haciendo de la Transición (véase el libro CT o la Cultura de la Transición).


9788415673200 (1)Hagamos memoria
Políticos y periodistas de la Transición a nuestros días
Nativel Preciado
Fundación José Manuel Lara
160 páginas
19 euros

 

 

 

 

 

 

 

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