Cold War, pasión a flor de piel entre un hombre y una mujer que se encuentran en las ruinas de la Polonia de posguerra. A pesar de un pasado y una personalidad diferentes, el destino los ha condenado a estar juntos. La película se ambienta en el contexto de la Guerra Fría de la década de 1950 en Polonia, Berlín, Yugoslavia y París. La pareja, a la que separa la política, las debilidades de sus personalidades divergentes y los desafortunados giros del destino, demuestran aquello de “ni contigo ni sin ti”, un dicho que encierra mil momentos de éxtasis, tantos como abismos de sufrimiento.

Polonia, 1949: Cuando entramos en la película, el país sigue luchando para salir de la guerra. No hay electricidad en las zonas rurales. Varsovia está en ruinas. Cold War se desarrolla a lo largo de 15 años hasta 1964, y aunque es secuencial, contiene numerosas elipsis. Hay años que no se cuentan y el público debe rellenar los espacios en blanco, guiado por blackouts intermitentes y títulos que señalan el tiempo y el lugar.

Pawlikowski explica por qué eligió hacerlo de esta manera: “Muy a menudo las películas, especialmente los biopics, están sobrecargadas porque necesitan dar mucha información y explicar muchas cosas; y la narración suele reducirse a causas y efectos. Pero en la vida hay tantas causas ocultas y efectos impredecibles, tanta ambigüedad y misterio que es difícil expresarlo como un drama convencional de causa y efecto. Es mejor narrar los momentos fuertes y significativos de la historia y dejar que el público rellene los vacíos con su propia imaginación y experiencia de la vida. Me gusta condensar las historias en momentos fuertes y dejar que el público los viva y dé sentido a la narración sin sentirse manipulado”.

Berlín Este, 1952: Es el momento que Wicktor estaba esperando, su única oportunidad de escapar. Berlín Oriental y Berlín Occidental aún no estaban divididos por el Muro. Oficialmente seguía siendo una ciudad abierta, pero si eras del Este y los rusos te pillaban te metían en la cárcel. Cuando Wiktor cruza a Berlín Occidental sabe el riesgo que corre. También sabe que no podrá volver nunca y que su vida cambiará para siempre. Zula también lo sabe… y no se presenta. Wiktor cruza solo a Occidente.

¿Amor para siempre?

En una escena clave, Wiktor le dice a Zula: “El amor es el amor y no se puede hacer nada”. En ese sentido la película funciona con un motor romántico tan potente que no permite otra alternativa.

“Bueno, este tipo de relación siempre se parece a una guerra”, señala el director. “Dos individuos fuertes e inquietos, muy diferentes entre sí, dos polos opuestos. Ella y él tienen otros amantes, relaciones, esposos y esposas, pero con el tiempo se dan cuenta de que no querrán a nadie como se quieren el uno al otro porque, a pesar de las idas y venidas históricas y geográficas, nadie conoce al otro tan bien como ellos mismos. Pero la paradoja es que son las únicas personas con las que no pueden estar”.

El director quiere dejar abierta la pregunta de hasta qué punto la historia viene dictada por la política, las circunstancias o una incompatibilidad ineludible. Por eso resulta inquietante. Porque a la postre la gran pregunta es: ¿Puede existir un amor eterno; para siempre?

A los padres

Pawel Pawlikowski nació en Varsovia y abandonó Polonia a los 14 años para trasladarse al Reino Unido y más tarde a Alemania e Italia, antes de establecerse en Inglaterra en 1977. Estudió literatura y filosofía en Londres y Oxford.

El realizador regresó a Polonia en 2013 mientras terminaba el rodaje de Ida, su anterior apuesta, con la que ganó el Oscar y el BAFTA a la mejor película de habla no inglesa, y cinco Premios del Cine Europeo, entre ellos el de Mejor Película, Director y Guion. Con Cold War ya se ha llevado, entre otros, el Premio al Mejor Director en el último Festival de Cannes. Actualmente reside en Varsovia en donde enseña dirección y guion cinematográfico en la Escuela Wajda.

Cold War está dedicada a sus padres, cuyos nombres comparten los protagonistas. Los verdaderos Wiktor y Zula murieron en 1989, justo antes de que cayera el Muro de Berlín. Pasaron 40 años juntos de forma intermitente, rompiendo, peleándose y castigándose a ambos lados del Telón de Acero. “Eran personas fuertes y maravillosas, pero como pareja eran un auténtico desastre aunque se adoraban”, afirma Pawlikowski.

A diferencia de su propia madre, que huyó con un ballet cuando tenía 17 años pero que nació en una familia tradicional de clase media-alta, Zula proviene de un barrio marginal de una ciudad de provincias. Finge ser del país para entrar en una compañía folclórica porque cree que es la forma de salir de la pobreza. En la película se rumorea que ha asesinado a un padre que abusaba de ella. “Me confundió con mi madre, así que usé un cuchillo para enseñarle la diferencia”, le dice a Wiktor. Sabe cantar y bailar, tiene descaro y encanto y está resentida. Y cuando se convierte en una estrella de la compañía de baile, comprende que ya no puede ir más lejos. “A Zula, el comunismo le parece bien”, apunta el director. “No tiene ningún interés en escapar a Occidente”.

Por otro lado, el Wiktor ficticio proviene de un ambiente mucho más refinado y culto y está claro que es un músico de talento. Durante la ocupación alemana se gana la vida tocando el piano ilegalmente en los cafés de Varsovia, como hicieron en su día grandes compositores polacos como Lutosławski y Panufnik. A pesar de ser un gran pianista con una formación clásica, no tiene madera para convertirse en un gran compositor. Además, su verdadera pasión es el jazz.

Blanco y negro

El blanco y negro en el que la película está rodada es otro de sus grandes aciertos: “Me di cuenta de que no podía hacer esta película en color. Polonia no era como Estados Unidos, que en los años cincuenta era todo color saturado. En Polonia, el color era anodino; había grises, marrones, verdes. No era por gusto, era la vida real. Polonia había sido destruida. Las ciudades estaban en ruinas, no había electricidad en el campo. La gente vestía colores oscuros y grises. Por lo tanto, si hubiese querido mostrarla con colores vivos hubiera resultado muy falso. Y quería que la película fuera lo más veraz posible. Podríamos haber imitado el material de colores de los inicios del comunismo soviético, con rojos y verdes desteñidos. Pero hoy en día hubiera parecido muy artificial. El blanco y negro era una opción más honesta. Para que la película resultara más dramática y dinámica realzamos el contraste”.

Prueba conseguida porque, como queda dicho, estamos ante una de las grandes que hoy pueden verse en las pantallas del mundo. Una historia de rompe y rasga pero contada con mimo y sutileza. Porque, como repite el protagonista, “cuando el amor es amor no sabe de tiempos ni fronteras”.


Cold War
Dirección: Pawel Pawlikoski
Guion: P. Pawlikowski, Janusz Glowacki
Intérpretes: Joanna Kulig, Tomasz Kot, Borys Szyc, Agata Kulesza, Cédric Kahn, Jeanne Balibar, Adam Woronowicz
Fotografía: Lukasz Zal
Sonido: Maciel Pawlikowski, Miroslw Makowski
Montaje: Jaroslaw Kaminski
Polonia, Francia, Gran Bretaña / 2018 / 88 minutos
Distribución: Caramel Films