Michael, joven abogado al que todo parece irle bien, y Franz, su jefe y mejor amigo, se sienten como en casa en los restaurantes, bares y clubes de moda de Berlín. Aparentemente no hay diferencias entre ellos, pero Michael, que emigró de Polonia tras la muerte de su madre, arrastra un leve acento que no todos perciben, pero que a él le hace sentir distinto: un inmigrante.

La vida de Michael se desorienta cuando ante su puerta se presenta un hombre de aspecto bohemio que asegura ser su padre, alguien al que el joven creía muerto hacía años. Padre e hijo, dos perfectos extraños, comparten un fin de semana que va de la empatía al rechazo, del afecto a la desconfianza. Una dolorosa crisis se hace inevitable conforme Michael se va reencontrando con sus raíces.

Antipatriota

Al argumentar los porqués de esta turbadora propuesta, su directora y guionista refiere que durante el comunismo los polacos, y entre ellos el padre del protagonista, vivieron un proceso de propaganda a través de innumerables series de televisión y películas sobre la Segunda Guerra Mundial, que además de alabar el heroísmo polaco, reforzaban la imagen de los alemanes como enemigo: “Al crecer en la década de los ochenta asocié Berlín a la libertad. Se trataba de un diminuto fragmento de Occidente, accesible sin visado. Por un momento podía imaginarme que era una europea occidental que vivía sin presiones políticas y con la capacidad de comprar la música o el libro que quisiera. Tras la caída del comunismo, Polonia comenzó a considerarse en otro contexto, como país poscolonial y periferia de Occidente. Por lo tanto, no es de extrañar que el ambicioso Michael eligiera el centro, una cultura más fuerte que la suya. Sin embargo, durante los últimos 25 años, Polonia ha pasado de ser un país proeuropeo a vivir el estallido de un sentimiento nacionalista. La antigua contienda entre polacos y alemanes ha resurgido. En la actualidad, una persona como Michael sería considerada antipatriota”.

Producida por el mismo equipo responsable de la oscarizada Ida (mejor película de habla no inglesa en 2015), Más allá de las palabras, como aquella también rodada en un blanco y negro que refuerza cada fotograma, comienza con la confrontación entre dos hombres (casi como en una película del oeste) de razas distintas.

“Pero, como comenta Urszula Antoniak, el contraste entre el hombre blanco y el hombre negro, el privilegiado y el desfavorecido, el nativo y el extranjero, se invierte cuando el hombre de color se niega a que lo vean como un desfavorecido, y reclama sus derechos. Y el hombre blanco, en su condición de inmigrante, no se siente todo lo ‘puro’ que cabría. La elección del blanco y negro no fue puramente estética, pues ayudó de forma determinante a construir el universo de la película a partir de oposiciones binarias”.

Al vivir en Charlottenburg (barrio de Berlín habitado por la clase media-alta), seguramente Michael nunca haya visitado Neukolln (enclave multicultural habitado principalmente por inmigrantes). El aspecto dual de su identidad se vuelve contradictorio cuando Michael se da cuenta de que los demás consideran que pertenece a un grupo al que él no siente que pertenezca ni, en el fondo, quiere pertenecer.

Como el poeta africano con el que discute en la primera escena de la película, Michael también quiere ser un hombre libre con derecho a elegir una cultura distinta a la suya. Pero el poeta también evoca el lado oscuro del protagonista que, en vez de sentir empatía por un ser humano como él, solo siente envidia y se niega a ayudar al poeta. Ese trágico error puede suponer el inicio de su perdición.

Inmigración/integración

Como ha señalado la directora, sin ser autobiográfica, Más allá de las palabras rescata cuestiones por ella vividas: “Dejé Polonia en busca de una oportunidad de descubrirme a mí misma fuera de la cultura que me había definido hasta entonces. Quería pertenecer a Occidente, tanto al lugar como a la tradición cultural. Convertirme en ciudadana neerlandesa fue una experiencia emotiva para mí. Sin embargo, no tardé en darme cuenta de que mi pasaporte neerlandés poseía un valor simbólico y no influía en la manera en que los demás me percibían: como una inmigrante. No me molesta, desde que descubrí que ser inmigrante es un estado existencial. No encontraba películas que trataran este aspecto de la inmigración, ya que este tipo de cine suele reflejar la adversidad, el rechazo y la pobreza, y presenta al inmigrante como una víctima que clama empatía. Por eso el personaje principal es un inmigrante perfectamente integrado. Aunque nota la diferencia entre él y su amigo alemán, no quiere que los demás la noten. Para mí se trata de un sueño de integración hecho realidad”.

Más allá de las palabras

Dirección y guion: Urszula Antoniak

Intérpretes: Jakub Gierszal, Andrzej Ghyra, Christian Löber, Justyna Wasilewska

Fotografía: Lennert Hillege, NSC

Polonia, Holanda / 2021 / 85 minutos

Distribuidora: Surtsey Films