En aquel original diccionario, relataba una anécdota que dice mucho sobre el lugar que la ciencia ocupa en el ámbito de la cultura general. “Tengo un amigo, uno de los mejores poetas españoles de su generación, que en cierta ocasión cuando le dije que estaba preparando una edición de escritos de J. C. Maxwell, me comentó ‘¿Maxwell? ¿Quién fue Maxwell?’ Un poco sorprendido le contesté: ‘Es como si me estuvieses hablando de Homero, y yo te dijese ¿Homero? ¿Quién fue Homero?’”. Más de treinta años después, el profesor Sánchez Ron, académico de la Real Academia Española, no tiene reparo en declarar que a estas alturas sigue siendo “una vergüenza que se tenga que recordar esto: que la ciencia forma parte de la cultura. La cultura no es solo Homero, Cervantes, Shakespeare, Ortega, que benditos sean por cierto esos nombres. La cultura es también, en la misma medida, Einstein, Newton, Darwin, Pasteur, Feynman o Murray Gell-Mann”.

#LaCienciaNoMuerde y cuesta imaginar a un cicerone mejor que él para adentrarse sin temores en este universo a través de una selección de libros infalibles en los que quedar gustosamente atrapado. “A la ciencia no hay que tenerle miedo porque es divertida, incluso más divertida y variada que muchas novelas; también porque nos dignifica: es aquello que nos diferencia de las especies animales. Nuestra capacidad de pensamiento simbólico se manifiesta en el pensamiento científico; identificar leyes y fenómenos en la naturaleza es patrimonio exclusivo del homo sapiens. De manera que interesándonos por aquello que más nos caracteriza nos hacemos honor a nosotros mismos”.

Por si ésas no fueran razones suficientes para leer ciencia, el profesor Sánchez Ron menciona una más que resulta incontestable: merece la pena cultivar ese interés “por una cuestión puramente práctica, porque vivimos en un mundo rodeado de ciencia y tecnología e ignorarlas significa ir desprotegido por ese mundo. Será ineludible que nosotros, y sobre todo nuestros hijos y nietos, tengamos que formarnos sobre asuntos que pueden descontrolarse. Estoy pensando en la revolución biomédica, por ejemplo, que intervendrá en cosas tan profundas como nuestro patrimonio ético”.

Preguntado por ese primer libro de ciencia que le deslumbró, el profesor Sánchez Ron asegura que entre las primeras lecturas que ya marcarían su vida profesional no puede dejar de citar alguna biografía sobre Albert Einstein. Aunque bastante posterior, recuerda como “otro deslumbramiento, maravillosamente escrito, La falsa medida del hombre de Stephen Jay Gould, el biólogo evolutivo de la Universidad de Harvard”. Como lector fiel de biografías y autobiografías, celebra vivamente “los Recuerdos de mi vida de Santiago Ramón y Cajal, que se leen como un libro de aventuras, El elogio de la imperfección de la neurocientífica Rita Levi-Montalcini, las memorias de Darwin, que son breves y obligatorias, o las notas autobiográficas de Einstein, absolutamente fascinantes y de las que tengo grabados en la memoria algunos pasajes como ese en el que dice que ‘en un hombre de mi especie lo importante no es lo que siente o lo que sufre o lo que goza, sino lo que piensa’”.

Por su formación y pasado como físico teórico, se siente obligado a citar Apología de un matemático, de G. H. Hardy o varias obras de Richard Feynman, al que define como uno de los héroes que fascinan a los estudiantes de física. “Puede ser, por ejemplo, ¿Está usted de broma, señor Feynman? o El placer de descubrir. O en un plano más profesional no puedo dejar de mencionar lo mucho que aprendí de los tres volúmenes del curso de física de Feynman (The feynman lectures on physics)”.

Fuera de la medicina y las matemáticas, le gusta recomendar Primavera silenciosa de Rachel Carson, “que es un ataque frontal y conmovedor al uso de pesticidas y al mismo tiempo un libro muy hermoso con una carga muy profunda. Debería utilizarse como texto obligatorio en los colegios e institutos”.

Entre tanto título el profesor Sánchez Ron considera justo también ensalzar la labor que están realizando nuevas y pequeñas editoriales y otras más veteranas en la reedición y descubrimiento de grandes joyas de la divulgación científica. “Son encomiables los esfuerzos de Capitán Swing, Páginas de Espuma o Errata Naturae, ésta última ofreciendo una serie de libros magníficos relacionados con la naturaleza”. Cree igualmente que merecen destacarse algunas obras publicadas en Acantilado como las firmadas por el matemático francés Marcus du Satoy o en Debate, que ha rescatado libros de Roger Penrose como La nueva mente del emperador; son asimismo reseñables colecciones como Metatemas en la editorial Tusquets o la de Dracontos en la editorial Crítica”.

De lo más reciente llegado a librerías pondera la miscelánea póstuma de Stephen Hawking, Breves respuestas a las grandes preguntas, en la que aborda asuntos tan variados como los agujeros negros, el futuro de la humanidad, la exploración espacial o la inteligencia artificial. “Mi consejo”, concluye, “sería animar a la gente a que entre en una buena librería, se dirija a la sección de ciencia y explore. Allí encontrará muchas posibilidades para hacerse una persona mejor, más digna de la especie a la que pertenece. Sabrá defenderse más eficazmente en el mundo y, por último, tendrá una idea más completa, menos deforme de lo que es la cultura”.