Seguidor de Hieronymus Bosch. «La muerte del justo [El cielo]», entre finales del siglo XV y mediados del XVI. Colección particular.

Bajo el comisariado de Rebekah Rhodes y Manuel Fontán del Junco, el recorrido expositivo parte de dos piezas fundamentales del siglo XVI: La muerte del justo (El cielo) y La muerte del réprobo (El infierno). Estas obras, que durante un tiempo fueron atribuidas directamente a Hieronymus Bosch (‘s-Hertogenbosch, Países Bajos, c. 1450-1516), se consideran hoy versiones de un tríptico desaparecido sobre el Juicio Final realizadas por un seguidor cercano. Su presencia en la sala no es solo histórica; las tablas actúan como anclaje iconográfico para explorar cómo los rasgos definitorios del universo bosquiano —la acumulación de microescenas, el gusto por lo grotesco y la sátira moral— persisten y se transforman en la creación artística del siglo XXI.

La vertiente tecnológica ocupa un lugar central en la muestra a través de la obra de Mario Klingemann The Garden of Ephemeral Details. En esta instalación, un modelo de inteligencia artificial analiza y descompone en tiempo real El jardín de las delicias, evidenciando los paralelismos existentes entre la imaginación asociativa del pintor flamenco y los procesos creativos de los algoritmos generativos. Esta lógica digital convive con las escenas inquietantes de los fotograbados de David Lynch, cuyas figuras amputadas remiten tanto al surrealismo histórico como a los cuerpos transformados que poblaban los infiernos del maestro de Bolduque.

Seguidor de Hieronymus Bosch. «La muerte del réprobo [El infierno]», entre finales del siglo XV y mediados del XVI. Colección particular.

La sátira social y la subversión de la realidad se manifiestan en las propuestas audiovisuales de colectivos internacionales. El grupo AES+F presenta Inverso Mundus, una secuencia de vídeo inspirada en los grabados del «mundo al revés» que invierte las convenciones sociales establecidas. Por su parte, el colectivo SMACK ofrece en Afterlife una visión contemporánea y digital del más allá, donde dioses, celebridades y seres híbridos componen un retablo satírico sobre la cultura actual. Estas obras demuestran que la capacidad del Bosco para retratar las debilidades humanas sigue siendo una herramienta narrativa eficaz en la era de la hiperconectividad.

La muestra también presta atención a la vigencia del dibujo detallista y la escultura narrativa. Amandine Urruty reinterpreta la estructura clásica de cielo, tierra e infierno en un tríptico de grafito plagado de referencias a la cultura pop, mientras que la escultura Quisiera ser tan alto como la luna de Ampparito convierte a Pinocho en protagonista de una fábula irónica sobre la mentira y el deseo. El conjunto se completa con las figuras encapsuladas en cristal de Dustin Yellin y las piezas inspiradas en los yōkai japoneses de Masako Miki, confirmando que la imaginería delirante del Bosco constituye una tradición viva que continúa generando mundos fantásticos con los que pensar el presente.

Intensa influencia

A la manera del Bosco presenta la continuidad del pintor flamenco en un grupo de artistas contemporáneos, pero estos no son un caso aislado. La intensa influencia del maestro flamenco es excepcional: tras su muerte, sus invenciones, sátiras morales, imaginería delirante y humor negro se convirtieron en una tradición viva. No es casual que André Breton viera en su lógica visual un antecedente del surrealismo. Hoy, sus visiones conviven con las posibilidades de la tecnología digital y la inteligencia artificial, que generan, como su pintura, mundos fantásticos con los que imaginar y pensar.

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