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La muestra recorre el último cuarto de siglo de la institución a través de casi un centenar de piezas incorporadas desde el año 2000, además de fotografías, documentos, material audiovisual, publicaciones y estadísticas que permiten comprender hasta qué punto el museo ha vivido una de las etapas más intensas y decisivas de su historia reciente. Pero el relato articulado por Alfonso Palacio, director adjunto de Conservación e Investigación, y Elena Cenalmor, técnica de Museos en la Dirección Adjunta de Conservación e Investigación, no está construido desde la complacencia. El objetivo es otro. Explicar cómo una institución considerada durante décadas una pinacoteca histórica, casi inamovible, se convirtió en un organismo dinámico, expansivo y con capacidad para intervenir en los grandes debates culturales de nuestro tiempo.

Alfonso Palacio y Elena Cenalmor atienden a la prensa. El Museo Nacional del Prado presenta la exposición «Prado. Siglo XXI». Fotografía: © Luis Domingo.

La exposición deja claro desde el inicio que el Prado actual poco tiene que ver con el de hace veinticinco años. Cerca de mil pinturas han ingresado en sus colecciones durante este periodo. A ello se suman miles de dibujos, estampas, esculturas, fotografías y documentos. Más de seis mil obras han sido restauradas, se han organizado más de 350 exposiciones temporales y la institución ha multiplicado su presencia pública dentro y fuera de España. El museo recibió en 2025 unos 3,5 millones de visitantes, casi la mitad en régimen de gratuidad, mientras sus redes sociales superan los cinco millones de seguidores y su web alcanza siete millones de visitas anuales.

Consenso

Las cifras impresionan, pero la exposición insiste en algo más importante que los números. Nada de eso ocurrió por inercia. El director del museo, Miguel Falomir, lo explicó durante la presentación de la muestra al señalar que buena parte del éxito reciente del Prado nace de una decisión política excepcionalmente rara en la España contemporánea. El consenso.

Falomir recordó que la transformación del museo fue consecuencia directa de un pacto de Estado que permitió apartarlo de la confrontación partidista y desembocó en la ley de 2003, una norma que otorgó a la institución unos niveles de autonomía inéditos. Aquella reforma cambió la estructura de gestión, amplió la capacidad de decisión del museo y permitió diseñar una estrategia flexible a largo plazo basada en criterios científicos, artísticos y patrimoniales antes que políticos.

La exposición funciona así también como una defensa implícita de la gestión cultural sostenida en el tiempo. Resulta difícil comprender la expansión del Prado sin aquella autonomía. En estos años el museo ha podido crecer físicamente, reforzar sus colecciones, profesionalizar áreas esenciales y construir una proyección internacional que hoy lo sitúa entre las instituciones museísticas más influyentes del mundo.

Ese crecimiento aparece reflejado desde el comienzo del recorrido expositivo. Una gran maqueta del Campus Prado resume la expansión arquitectónica del museo y permite entender la magnitud de la transformación. La ampliación de Rafael Moneo en el claustro de los Jerónimos, la recuperación del Casón del Buen Retiro y la futura apertura del Salón de Reinos (prevista para finales de 2028) dibujan un nuevo mapa institucional que desborda la imagen tradicional del edificio de Villanueva como único corazón del Prado. La exposición plantea incluso los desafíos urbanos y sociales que acompañarán esta nueva etapa, desde la reorganización de los accesos hasta la futura peatonalización del entorno.

Obras maestras

Pero el núcleo emocional de la muestra está en las obras. Prado. Siglo XXI recuerda que el museo no ha dejado de crecer como colección viva. La incorporación de piezas fundamentales permite recorrer, casi en paralelo, la evolución del propio proyecto institucional. Desde el Frontal de Solanllong medieval hasta obras de Ramón Gaya o Picasso, el Prado reivindica una identidad mucho más amplia y compleja de lo que suele imaginarse.

 
Entre las adquisiciones y donaciones más relevantes aparecen El vino de la fiesta de San Martín, de Pieter Bruegel el Viejo; La condesa de Chinchón, de Goya; el Ferdinando Brandani, de Velázquez; y obras de Ribera, Zurbarán o El Greco; además de esculturas clásicas y barrocas.  Como destacó Falomir, «hoy, en el museo están expuestas 248 obras adquiridas en estos últimos 25 años, 150 señalizadas dentro de la colección permanente y 98 en las salas C y D. Eso supone aproximadamente un 13% de todas las obras expuestas, lo cual es muchísimo teniendo en cuenta la calidad extraordinaria de las colecciones del Prado».

A este respecto, el director recordó que una de las preguntas que con más frecuencia le hacen los directores de otros museos del mundo es si el Prado sigue adquiriendo obra: «Y se sorprenden muchísimo cuando les digo que cada año llegan centenares de nuevas obras que ingresan de distintos modos: donaciones de la Fundación, adquisiciones, asignaciones del ministerio…La pregunta, que no tiene ninguna mala intención, sí refleja una idea bastante extendida fuera de España —y a veces también en España— del Prado como un museo hecho, cerrado, con unas colecciones magníficas, pero en el que de alguna manera ya todo lo que se podía hacer está hecho. Y eso no es verdad. El Prado es una institución en constante evolución y, si ha habido un periodo en el que ha demostrado una capacidad, un esfuerzo y una voluntad transformadora mayores, ha sido sin duda en los últimos 25 años. Y esta es una de las ideas principales de la exposición: llamar la atención sobre este museo que no está cerrado, que está siempre evolucionando».

La muestra presta especial atención al papel desempeñado por los donantes y benefactores. El crecimiento del museo no puede explicarse sin ellos. Ahí aparecen nombres como el de Plácido Arango, la familia Várez Fisa o Claudio Bravo, pero también la Fundación Amigos del Museo del Prado, patrocinadora de esta exposición, cuya implicación ha sido decisiva tanto en adquisiciones como en programas educativos y de difusión.

La secretaria general de la Fundación, Nuria de Miguel, recordó que la asociación ha pasado de 4.400 amigos a más de 48.000 en apenas un cuarto de siglo y que su aportación económica al museo en ese periodo supera los 32 millones de euros. Gracias a ese apoyo, el Prado pudo adquirir obras fundamentales como la Virgen de la granada de Fra Angelico o recibir decenas de donaciones. Más allá de las cifras, De Miguel reivindicó algo menos tangible pero quizá más importante. La construcción de una comunidad civil comprometida con el museo y convencida de que incluso pequeñas aportaciones pueden sostener grandes proyectos culturales.

Corregir ausencias

La exposición insiste además en la ampliación del concepto mismo de colección. Durante estos años el Prado ha reforzado ámbitos tradicionalmente secundarios o invisibles dentro de la institución. El recorrido dedica espacios específicos a las miniaturas, la fotografía, los cuadernos de dibujo, los archivos documentales y las artistas mujeres. La presencia de Sofonisba Anguissola, Rosa Bonheur, Rosario Weiss o María Blanchard responde a una voluntad explícita de corregir ausencias históricas y revisar los relatos heredados. Del mismo modo, la creación de una colección fotográfica inexistente a comienzos de siglo demuestra hasta qué punto el museo ha ensanchado sus herramientas de investigación y conservación.

El Prado contemporáneo que retrata la exposición tampoco se limita a conservar y exhibir obras. La muestra dedica un amplio apartado al crecimiento de áreas menos visibles para el visitante, aunque decisivas en el funcionamiento actual de cualquier gran museo. La restauración, la investigación científica, la producción editorial, la educación o la comunicación aparecen como pilares esenciales de una institución moderna.

La creación del Centro de Estudios en 2009 consolidó la vocación investigadora y académica del museo, mientras la Coordinación de Restauración y Documentación Técnica se ha situado entre las más avanzadas del mundo gracias a la incorporación de nuevas tecnologías y metodologías de análisis. El área educativa, por su parte, ha transformado radicalmente su relación con los públicos y ha ampliado su trabajo hacia cuestiones sociales, de inclusión y pedagógicas que hace apenas dos décadas resultaban impensables dentro de una pinacoteca histórica.

También ha cambiado la manera en que el Prado se comunica. La institución ha pasado de proyectar una imagen solemne y distante a convertirse en una poderosa generadora de contenidos culturales capaces de circular por múltiples plataformas y formatos. La exposición recoge ese proceso mediante material audiovisual, publicaciones y recursos digitales. El museo ha entendido que preservar el patrimonio ya no consiste únicamente en custodiarlo, sino también en encontrar nuevas formas de relación con la sociedad para ponerlo en valor.

Quizá ahí resida el principal acierto de Prado. Siglo XXI. La exposición evita celebrar el pasado y propone algo mucho más interesante. Pensar el museo como una construcción colectiva en progreso continuo. Miguel Falomir lo resumió con claridad durante la presentación al afirmar que el Prado «será en gran medida lo que la gente quiera que sea». La frase atraviesa toda la exposición. Después de veinticinco años de crecimiento, modernización y apertura, el museo tiene muy claro que su verdadera fortaleza no reside solo en genios como Velázquez, Goya o El Bosco, sino en la capacidad de seguir transformándose sin perder su identidad.

Muy pocas instituciones culturales españolas pueden contar una historia semejante.


Esta exposición cuenta con la colaboración de la Comunidad de Madrid.

25 años en cifras

● El Campus Prado contará con 76.000 metros cuadrados repartidos entre el edificio Villanueva, la ampliación de los Jerónimos, la rehabilitación del Casón del Buen Retiro y el futuro Salón de Reinos

● 14.203 nuevas incorporaciones a la colección (de las que 248 están expuestas):

– 922 pinturas
– 110 esculturas
– 3.655 dibujos
– 4.516 estampas
– 5.000 fotografías
– 3.877 de ellas a través de donaciones y legados

● 2.010 obras expuestas en 14.000 metros cuadrados de colección permanente:

– 1.335 pinturas
– 328 esculturas
– 287 objetos de artes decorativas

● Más de 350 exposiciones temporales:

– Más de 250 en la propia sede
– 113 en otras instituciones: 85 en España y 28 en el extranjero

● 13.809 obras prestadas a exposiciones temporales

● 3.416 obras depositadas en 284 instituciones de 16 comunidades autónomas y 21 en instituciones en el extranjero

● Más de 6.000 obras restauradas

● Más de 10.000 volúmenes de fondo antiguo y 71.000 monografías y revistas adquiridas

● 11.444 libros y revistas digitalizadas y accesibles

● 330 libros editados

● 5.250.000 seguidores en redes sociales. 7.000.000 de visitas anuales a la web

● De 1,8 millones de visitantes en 2000 a 3.500.000 en 2025 (casi el 50% en régimen de gratuidad). 64.201.096 visitantes en lo que va de siglo XXI

● El Prado abre 362 días al año de 10.00 a 20.00 h, 49 días más que hace 25 años