Concebida originalmente para el Museo Reina Sofía, la propuesta adquiere en la Sala de Exposiciones 2 de Tabakalera una configuración completamente nueva. No se trata de trasladar una pieza cerrada de un museo a otro, sino de reformularla en función de las características del centro donostiarra. El espacio pasa así a formar parte de una experiencia que busca envolver al visitante y situarlo ante una sucesión de estímulos visuales y sonoros.
La instalación se nutre de las imágenes filmadas por Laxe en Irán y Marruecos a lo largo de los últimos 10 años. Son imágenes de paisajes desérticos en los que emergen siluetas de templos, altavoces y cuerpos entregados al baile. Su presencia remite al imaginario de Sirāt, la película con la que el cineasta compitió en Cannes en 2025 y obtuvo el Premio del Jurado. El largometraje alcanzó después una amplia proyección internacional, con dos nominaciones a los Óscar de 2026, otras dos a los Globos de Oro y seis Premios Goya.
Más que prolongar la película, HU/هُوَ. Bailad como si nadie os viera comparte con ella materiales, atmósferas y una misma forma de mirar. El desierto deja de funcionar únicamente como escenario para convertirse en un espacio mental y simbólico. En esa extensión aparentemente vacía, la arquitectura, las figuras humanas y los equipos de sonido adquieren una presencia casi ritual. La imagen no ofrece una narración cerrada ni conduce hacia una interpretación única. Sugiere, superpone y deja que el espectador establezca sus propias asociaciones.
Entre la rave y el templo
La obra se organiza alrededor de dos ámbitos diferenciados que mantienen un intercambio constante. Uno de ellos está presidido por una pirámide de altavoces vinculada al mundo de las raves. El otro reúne tres proyecciones con las imágenes registradas por Laxe. Esta división no establece una frontera rígida. Al contrario, ambos espacios se contaminan y construyen conjuntamente una propuesta en la que el sonido modifica la percepción de las imágenes y las imágenes alteran la escucha.
La pirámide introduce una forma contemporánea de reunión colectiva. Frente a ella, el baile puede entenderse como celebración, liberación física o ceremonia. Los cuerpos filmados parecen integrarse en un paisaje donde lo ancestral y lo tecnológico conviven sin necesidad de excluirse. Los templos comparten horizonte con los altavoces y la música electrónica se incorpora a un entorno atravesado por resonancias sagradas.
El trabajo sonoro corresponde a Kangding Ray. Su composición parte de dos fuentes sonoras diferenciadas que dialogan entre sí y construyen un paisaje acústico inmersivo. La pieza audiovisual, de unos quince minutos, se reproduce en bucle, una estructura circular que elimina un principio y un final definidos. El visitante puede acceder en cualquier momento y permanecer el tiempo que considere necesario, sin someterse a la duración o al orden propios de una proyección cinematográfica.
La abstracción domina tanto la construcción sonora como el tratamiento visual. Laxe recurre a fundidos suaves y superposiciones que desdibujan los límites entre las escenas. Las figuras pierden parte de su individualidad y los paisajes parecen surgir de un estado intermedio entre el recuerdo y la visión. Esa cualidad fantasmagórica aleja las filmaciones del registro documental y las aproxima a una vivencia interior.

El cuerpo ocupa el centro de esa búsqueda. Baila, recuerda y se relaciona con cuanto lo rodea. No aparece como una presencia aislada frente al paisaje, sino como un elemento integrado en él. La dimensión espiritual de la obra surge precisamente de esa materia física que se mueve al compás del sonido. La trascendencia no llega desde un ámbito ajeno a la vida, sino que se insinúa en el gesto, el ritmo y la percepción.
También lo sagrado se desprende de una definición cerrada. Puede manifestarse en la naturaleza, en una construcción arquitectónica, en la música o en la reunión de varios cuerpos. La instalación propone así una contemplación alejada de la quietud absoluta. La intensidad sonora y el movimiento del baile conviven con la pausa, el desierto y el recogimiento. De esa tensión surge una pieza que apela simultáneamente a la mirada, al oído y a la conciencia corporal.
Las imágenes dejan de depender de una trama y se expanden por la sala, mientras el sonido transforma el espacio en una caja de resonancia. El resultado es una propuesta física, contemplativa y sensorial que invita a mirar el mundo desde otro estado de atención. En ese tránsito entre la rave y el rito, entre la materia y la trascendencia, Laxe encuentra una nueva forma de prolongar las preguntas que atraviesan toda su obra.
La presentación de la obra responde a la colaboración entre Tabakalera y el Museo Reina Sofía, orientada a impulsar proyectos situados en el cruce del cine, las artes visuales y las prácticas contemporáneas. A esa alianza se incorpora el Festival de San Sebastián, lo que amplía el marco institucional desde el que explorar formatos expositivos que desbordan las categorías tradicionales.
Apelar a los sentidos

Oliver Laxe.
Nacido en París en 1982 e hijo de emigrantes gallegos, Oliver Laxe regresó con su familia a Galicia cuando tenía seis años. Tras estudiar cine en Barcelona, se instaló en Tánger, donde autoprodujo y rodó Todos vós sodes capitáns. Este primer largometraje obtuvo en 2010 el Premio FIPRESCI de la Quincena de Realizadores de Cannes.
El vínculo con el certamen francés se mantuvo en sus siguientes trabajos. Mimosas, filmada en las montañas del Atlas, recibió en 2016 el Gran Premio de la Semana de la Crítica. Tres años después, O que arde, rodada en Os Ancares, consiguió el Premio del Jurado de la sección Un Certain Regard. Con Sirāt, estrenada quince años después de su primera participación, el realizador llegó por primera vez a la competición oficial.
Su trayectoria se ha desarrollado entre geografías que superan su función de localización. Marruecos, Galicia e Irán intervienen en sus obras como fuerzas capaces de condicionar el comportamiento de los personajes, la duración de los planos y la relación entre lo visible y lo invisible. HU/هُوَ. Bailad como si nadie os viera permite observar esa manera de trabajar fuera del relato cinematográfico y concentrada en una instalación que apela directamente a los sentidos.















