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Nacido en Barcelona en 1935, creció en una familia burguesa marcada por la muerte de su madre durante un bombardeo de la Guerra Civil. Comenzó a escribir muy pronto y dio a conocer sus primeros relatos en los años cincuenta, cuando la narrativa española trataba de abrirse paso fuera de los límites culturales impuestos por la dictadura. Su formación literaria incorporó desde el comienzo una perspectiva cosmopolita, atenta a la novela europea y estadounidense y alejada del aislamiento intelectual de la posguerra.

Esa vocación se manifestó con fuerza en Las afueras, obra con la que obtuvo en 1958 el primer Premio Biblioteca Breve de Seix Barral. Una propuesta osada y radical que, entre otras cosas, plantea los límites de lo que se puede considerar una novela. Sus escenarios periféricos, la distancia de la mirada y una escritura despojada introdujeron una variación significativa dentro del realismo social. En lugar de convertir la literatura en demostración ideológica, Goytisolo dejó que las situaciones, los personajes y los silencios revelaran por sí mismos las fracturas de la sociedad.

Las afueras fue traducida a varias lenguas y situó a su autor entre las voces de la renovación narrativa. Goytisolo participó en los espacios donde comenzaba a debatirse otra concepción de la novela, entre ellos el primer Coloquio Internacional de Novela de Formentor, celebrado en 1959. Aquella apertura hacia las corrientes experimentales europeas determinaría el rumbo posterior de una obra que no tardó en abandonar el realismo de sus comienzos.

Su oposición a la dictadura lo llevó a militar en el comunismo. En 1960, tras participar en un congreso del PCE celebrado en Praga, fue detenido y encarcelado durante cuatro meses en Carabanchel (su encarcelamiento desató una enorme campaña de protesta internacional promovida por su hermano Juan desde París, que reunió a figuras como Sartre, Picasso, Paz o Moravia). En prisión tomó las primeras notas de la obra que acabaría ocupando casi dos décadas de su vida. Tras publicar Las mismas palabras, empezó a escribir en 1963 el proyecto que más tarde recibiría el título de Antagonía.

La tetralogía apareció entre 1973 y 1981. La integran Recuento, Los verdes de mayo hasta el mar, La cólera de Aquiles y Teoría del conocimiento. Más que encadenar los episodios de una historia convencional, los cuatro volúmenes observan la formación de un escritor y convierten el propio acto de narrar en materia novelesca. Memoria, deseo, identidad, vida social y creación se cruzan en una arquitectura que avanza mediante repeticiones, variaciones y perspectivas superpuestas.

En su centro se encuentra Raúl Ferrer, personaje cuyo tránsito hacia la escritura permite a Goytisolo examinar la relación entre quien vive, quien recuerda y quien organiza lo vivido mediante las palabras. El protagonista termina desplazándose desde el interior de la ficción hasta asumir la condición de autor. La novela se contempla así mientras va construyéndose: analiza sus mecanismos sin renunciar a la densidad de los cuerpos, los conflictos y la experiencia.

La ambición formal de Antagonía la convirtió en una referencia de la modernización de la narrativa española durante los años sesenta y setenta. Frente a una literatura limitada a reproducir la realidad inmediata, Goytisolo entendió la novela como una forma de conocimiento capaz de interrogar tanto el mundo como el lenguaje empleado para representarlo. Él mismo consideraba la tetralogía el epicentro de toda su producción. Su publicación conjunta por Anagrama en 2012 facilitó una nueva lectura de la obra y devolvió a primer plano su unidad, alcance y complejidad.

Aunque ninguna de sus creaciones posteriores alcanzó las dimensiones de aquel proyecto, Goytisolo mantuvo una actividad constante. En Estela del fuego que se aleja exploró el desdoblamiento y la inestabilidad de la identidad; con Estatua con palomas combinó elementos autobiográficos y una recreación de la Roma clásica para proyectar otra mirada sobre la sociedad contemporánea. Esta última obtuvo el Premio Nacional de Narrativa en 1993.

Su bibliografía incluye también títulos como Ojos, círculos, búhos, Devoraciones, Fábulas, Investigaciones y conjeturas de Claudio Mendoza, La paradoja del ave migratoria, Mzungo, Placer licuante, Escalera hacia el cielo, Diario de 360º, Liberación, Oído atento a los pájaros, El lago en las pupilas, Coincidencias y Chispas. A ellos se suman libros de viajes, recopilaciones de textos breves y ensayos en los que prolongó sus reflexiones sobre la escritura.

La novela fue también el objeto central de su pensamiento. En Naturaleza de la novela, reconocido con el Premio Anagrama de Ensayo en 2013, examinó la evolución del género y su capacidad para sobrevivir a las transformaciones culturales y tecnológicas. Otros volúmenes, como El porvenir de la palabra, El canon y la caspa y El sueño de San Luis, abordaron el valor del lenguaje, la memoria, la inspiración y los criterios empleados para ordenar la historia literaria.

Goytisolo extendió su trabajo a la prensa y la televisión. Escribió documentales y dirigió para Televisión Española las series Índico y Mediterráneo. En 1993 creó en El Puerto de Santa María la fundación que lleva su nombre, depositaria de parte de su biblioteca y su archivo y sede de encuentros dedicados a la narrativa española contemporánea. Otra parte de sus manuscritos, correspondencia y materiales de trabajo pasó a la Biblioteca Nacional de España.

Elegido miembro de la RAE en marzo de 1994, tomó posesión del sillón C en enero de 1995 con el discurso El impacto de la imagen en la narrativa española contemporánea. Dentro de la institución fue vocal de su Junta de Gobierno entre 2000 y 2002 y desempeñó el cargo de censor desde 2000 hasta 2008. Su atención académica se dirigió especialmente hacia la precisión de los significados y los cambios que la evolución social produce en las palabras.

Candidato en varias ocasiones al Nobel, a lo largo de su carrera recibió, entre otras distinciones, el Premio Sésamo, el Biblioteca Breve, el Ciudad de Barcelona, el Premio de la Crítica, el Nacional de Narrativa, el Nacional de las Letras Españolas y el Internacional Carlos Fuentes. Los reconocimientos confirmaron una posición singular: la de un autor prestigioso cuya obra principal, exigente y difícil de reducir a una fórmula, permaneció a veces fuera de las clasificaciones más cómodas de la historiografía literaria.

Con Luis Goytisolo desaparece el último integrante de una saga, pero también una manera de concebir la novela. Para él, narrar no consistía en trasladar al papel una realidad previamente comprendida. Era el proceso mediante el cual esa realidad adquiría forma y podía empezar a conocerse. En Antagonía llevó esa convicción hasta sus últimas consecuencias. Allí permanece el centro de su legado: una obra en la que escribir y vivir dejan de ser experiencias separadas.