El jurado ha destacado la capacidad del escritor mallorquín para pasar del lenguaje arrebatado de la denuncia histórica a la delicadeza del espacio doméstico. Dos registros muy distintos que confluyen en una misma voluntad de rescatar vidas y trabajos amenazados por el olvido.
La primera parte, Sala Augusta, toma como punto de partida la historia de un cine de Palma que antes de serlo fue el escenario de la represión franquista. Allí permanecieron recluidos, en condiciones inhumanas, presos republicanos que esperaban su ejecución. A través de un único poema en verso largo y libre, Alzamora recuerda a los hombres y mujeres que sufrieron en Mallorca las consecuencias de la rebelión de 1936.
La escritura se mueve entre el impulso lírico y la crudeza del relato. El poema recorre una sucesión trágica de muertes de inocentes y reclama piedad y memoria ante un episodio histórico relegado durante décadas.
Cambio de tono
El tono cambia en Llengua materna. La evocación se adentra en el ámbito íntimo a partir de la muerte de la madre del poeta y de una infancia humilde sostenida en buena medida por el trabajo femenino. Alzamora homenajea a las remachadoras y costureras que, entre las décadas de 1940 y 1980, cosieron zapatos en sus casas para la industria mallorquina del calzado, sin condiciones laborales reconocidas. Aquel sector acabaría desplazado por el avance del turismo.
Ambas piezas comparten la atención hacia quienes ocuparon lugares secundarios en los relatos oficiales. La violencia política, la pérdida de la madre y el esfuerzo silencioso de varias generaciones de mujeres construyen un libro en el que la historia pública y la biografía personal avanzan unidas. El jurado lo ha definido como un testimonio imprescindible de la condición humana.
Nacido en Llucmajor en 1972, Alzamora se licenció en Filología Catalana por la Universitat de les Illes Balears. Irrumpió en la poesía en 1994 con Rafel, un poema de 775 decasílabos sobre la muerte de un amigo adolescente que recibió el Premio Salvador Espriu. Desde entonces ha desarrollado una trayectoria marcada por el verso largo, la ambición narrativa y el diálogo entre la expresión lírica y una mirada crítica sobre la realidad.
A Rafel le siguieron títulos como Formes del cercle, Apoteosi del cercle, Mula morta, El benestar, La part visible y La netedat. Su obra poética ha recibido, entre otros reconocimientos, los Juegos Florales de Barcelona o el Premio Carles Riba. Además, Sala Augusta seguit de Llengua materna también ha sido distinguido este año con los premios Cavall Verd Josep M. Llompart y Crítica Serra d’Or.
Su actividad literaria se extiende también a la narrativa, el ensayo y la crítica. Es autor de novelas como Sara i Jeremies, La pell i la princesa, Miracle a Llucmajor, Crim de sang, Dos amics de vint anys, La Malcontenta, Reis del món, Ràbia y El Federal. Ha obtenido premios como el Documenta, el Ciutat de Palma Llorenç Villalonga, el Josep Pla, el Sant Jordi y el Òmnium a la mejor novela de 2022.
Vinculado asimismo a la docencia, la edición y la gestión cultural, Alzamora fue nombrado en julio de 2020 miembro numerario de la Sección Filológica del Institut d’Estudis Catalans. Forma parte de la generación conocida como Els Imparables y mantiene una presencia habitual en medios de comunicación.
Con este reconocimiento sucede a Miriam Reyes en el palmarés del Premio Nacional de Poesía, que en sus últimas ediciones ha distinguido también a Miren Agur Meabe, Yolanda Castaño, Aurora Luque, Olga Novo, Pilar Pallarés, Antònia Vicens y Chus Pato.
Jurado
El jurado ha estado presidido por María José Gálvez, directora general del Libro, del Cómic y de la Lectura del Ministerio de Cultura, y como vicepresidente ha actuado Jesús González, subdirector general de Promoción del Libro, la Lectura y las Letras Españolas. Como vocales han actuado José María Merino, por la Real Academia Española; Gonzalo Navaza, por la Real Academia Galega; Miren Karmele Azkarate, por la Euskaltzaindia; Vinyet Panyella, por el Institut d’Estudis Catalans; Josep Martínez, por la Acadèmia Valenciana; Juan Penalva, por la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas; Carlos Aganzo, por la Asociación Colegial de Escritoras y Escritores de España; Luis Bagué, por la Asociación Española de Críticos Literarios; Magis Iglesias, por la Federación de Asociaciones de Periodistas de España; Melani Penna, por el Instituto de Investigaciones Feministas de la Universidad Complutense de Madrid; Sabina Urraca, por el Ministerio de Cultura, y Miriam Reyes, autora galardonada en la convocatoria anterior.















