Muy alejada del gélido paisaje de la sorprendente Godland, con el viaje de un sacerdote danés en la Islandia del siglo XIX, el cuarto largometraje de Pálmason nos adentra en el universo íntimo de una familia contemporánea.

A través de momentos tan lúdicos como emotivos en los que se entrecruzan la alegría y la amargura, el multidisciplinar cineasta explora la esencia agridulce del amor que se desvanece y los recuerdos compartidos en medio del cambio de estaciones.

La grandeza del paisaje rural islandés, en la que el director vive,  y los cambios que la naturaleza manifiesta a lo largo de las estaciones son parte esencial de una historia que se desarrolla a lo largo del año en el que se está produciendo la separación de una pareja con tres hijos todavía pequeños. La vida va siguiendo su curso entre recuerdos compartidos y la conciencia de que los finales no tienen que ser ni trágicos ni crueles.

Sin enfatizar el drama, cada cual lo lleva como puede en un ambiente en el que el respeto toma diferentes rostros, Pálmason deja en la  pantalla motivos para que el espectador se haga cómplice de su idea sobre la conveniencia de que, ante determinadas situaciones, nos plateemos qué es y qué no es importante.

“Tendemos a pensar, afirma el director que ha integrado en su película a sus tres hijos y a su perra Panda, que lo importante en este mundo es lo grande, como la política, pero para mí, en cierto modo, lo más importante son las cosas pequeñas e íntimas, lo que tenemos cerca: la relación con la familia, los hermanos, los hijos, la naturaleza, la casa en que vivimos. Después de Godland, quería contar una historia que transcurriese en la actualidad y explorar el momento en que vivimos. La película gira en torno a qué hacemos con nuestro tiempo, ¿qué es importante y por qué lo es?».

“Por eso El amor que permanece trata a sobre la vida cotidiana, sobre lo familiar y lo extraño, impregnada de una cualidad onírica. Quería que todo fluyera y estuviera en movimiento constante, como el agua. La naturaleza, lo que construimos, reconstruimos y destruimos, lo que nos une y nos separa, la falta de comunicación, los sentimientos conflictivos. Pero, sobre todo habla de la familia; que es el núcleo de la película y su corazón, lo que me parece una continuación natural de mis trabajos anteriores, tanto cortos como largometrajes».

Sensible y, como tal, interesante, la película que ahora se estrena tuvo su presentación mundial en la pasada edición de Cannes y su premier nacional en la sección Perlak del Festival de San Sebastián.

 

 El amor que permanece

Dirección y guion: Hlynur Pálmason

Intérpretes: Sverrir Gudnason, Saga Gardasdóttir, Ida Mekkin, Grimur Hlynsson, Porgils Hlynsson

Fotografía: Hlynur Pálmason

Música: Harry Hunt

Montaje: Julius Krebs

Producción: Frosti Fridriksson

Comedia dramática/Familia

Islandia; Dinamarca, Suecia, Francia/2015/109 minutos

Elastica