Cuando Astrid Lindgren, la creadora literaria en los años 40 del pasado siglo de la pelirroja con coletas Pippy Calzaslargas, era muy joven, vivió un episodio sentimental que en buena medida condicionó el resto de su vida. Algo que afectó muy especialmente a la primera parte de su existencia, que fue todo menos fácil.

Conociendo a Astrid no asume la convencional perspectiva de las películas sobre personalidades destacadas, que suelen centrarse en los años de gloria del personaje en cuestión. Bien al contrario, la realizadora danesa Pernille Fischer retrata los años más difíciles del personaje al que cinematográficamente biografía. La mujer que los años convertirían en un foco de inspiración y en una narradora universalmente popular: “Me interesaba sobre todo adentrarme en una mujer que tuvo que hacer frente a una serie de circunstancias y hechos traumáticos que la marcaron para siempre y determinaron su valiente personalidad y su manera de afrontar el mundo hasta convertirla en el símbolo de libertad que en la actualidad representa”.

La película se recrea en la infancia y primera juventud de la escritora en Vimmerby, el pueblo sueco en el que había nacido en 1907, hasta su marcha a una de las escuelas secundarias más prestigiosas de Estocolmo.

Romper con las normas

Una vez la escritora se asienta en la ciudad no tardarán en descubrir su talento y le ofrecerán un puesto como becaria en la redacción de un periódico de poca tirada. Allí intimará con Reinhold Blomberg, el dueño del diario. Un hombre mucho mayor que ella, casado y con hijos, que tendrá un papel importante en su aprendizaje y su vida, ya que se enamorará de ella perdidamente. Un amor al que ella en principio corresponde. Tendrán un hijo juntos y el luchará por su divorcio. Sin embargo, tras una revelación decisiva, Astrid tomará la decisión de cuidar de sí misma y de su hijo por sus propios medios. A pesar de los condicionamientos de su época y de una estricta educación religiosa liderada por su madre, Astrid decidió romper con las normas de la sociedad y obedecer sólo a su corazón.

Según confesiones de la propia Astrid Lindgren, fallecida en Estocolmo el 28 de enero de 2002, el nombre de Pippi lo concibió cuando su hijo de siete años, enfermo de una seria infección pulmonar en el invierno de 1941, le pidió que le narrara, a fin de matar el aburrimiento en sus horas de encierro, las aventuras de un niño. Esa petición dio origen al personaje de una niña a la que la escritora llamó Pippi Calzaslargas. Aquellas historias orales fraguraron dos años después, –mientras Astrid Lindgren convalecía de la fractura de una pierna–, al pasar a papel las primeras aventuras de aquella niña traviesa, divertida e inquieta que pronto daría la vuelta el mundo y, en buena medida, se convertiría en un símbolo de la lucha por la libertad femenina.

Prometedora actriz

La pequeña Calzaslargas recibiría espaldarazo mundial en 1969 al convertirse en serie televisiva. Unas andanzas que en España comenzaron a emitirse en 1974, captando en muy poco tiempo la atención incondicional de niños y adultos.

Alba August, hija del cineasta Bille August y la actriz Pernilla August (la Shimi Skywalker en la segunda trilogía de La guerra de las galaxias) da vida a Astrid con una solvencia extraordinaria, tanto cuando la interpreta como joven que se asoma al mundo como cuando le pone cara y cuerpo a la adulta que ya madre tiene que afrontar complejas situaciones.

“Crecí admirando a Pippi –confiesa la joven actriz. No era una princesa, sino una niña valiente que luchaba por conseguir lo que quería. Pippi y Astrid son, por su coraje, modelos a seguir. El miedo no conduce a nada, tenemos que dejar de temer al que dirán y hacer oír nuestra voz sin temor a ser juzgadas por ello”.

Sólidas palabras. Solidez similar a la que esta naciente actriz a la que conviene estar muy atentos confirma en esta atractiva revisión de Astrid, la creadora de Pippi Langstrump; para todos la niña Calzaslargas.

Conociendo a Astrid

Dirección: Pernille Fischer Christensen
Guion: Kim Fupz Aakeson, Pernille Fischer
Intérpretes: Alba August, Marie Bonnevie, Magnus Kreper, Henrik Rafaelsen, Trine Dyrholm
Fotografía: Erik Molberg Hansen
Música: Nicklas Schmidt
Suecia / 2018 / 123 minutos
Distribuidora: Caramel