Si en Los dos lados (2022), el debut de la serie ambientada en la localidad madrileña, trataba la posibilidad de que el bien justificase los medios, y en su segunda entrega, Un bien relativo, cuestionaba la rotundidad del bien, en La carne del cisne, la novela que ahora ve la luz también editada por Siruela, plantea dudas sobre la veracidad de las primeras impresiones y la necesidad de escuchar a todas las partes porque “en la vida no todo es blanco o negro. Hay un sinfín de grises que a menudo no se consideran”.

Esta tercera entrega se abre en noviembre de 2016, cuando la teniente de la Guardia Civil Karen Blecker contempla la espesa niebla que va dando paso al invierno. En un pueblo prácticamente vacío tras el trasiego vacacional de los meses previos no espera que su rutinario y tranquilo desayuno con su compañero, el brigada Cano, se vea bruscamente interrumpido por la aparición de un cadáver en uno de los chalets de la carretera que conduce al club de golf.

Una muerte violenta, un juicio que no ha conseguido esclarecer con nitidez quién ha sido la víctima y quién el verdugo… Un caso que, con sus numerosos interrogantes, obligará una vez más a la pareja de la Guardia Civil a revisar sus convicciones: ¿son los hechos inequívocamente monocromos?, ¿es su verdadero color el que muestran a primera vista? ¿o, como el cisne, ocultan bajo un níveo plumaje su carne oscura?

Como apunta la propia autora: “La violencia sexual, el maltrato físico y psicológico y el ciberacoso son constantes de fondo que planean sobre la investigación de un caso en el que también deben analizarse con detenimiento las secuelas que sobre los afectados tienen la mentira, las falsas (o no) acusaciones y el miedo que provocan la soledad y aquellas heridas que no llegan a cerrarse. Me interesó, además, esa teoría que sostiene que el cisne es un animal hipócrita, porque tiene un plumaje blanco, pero su carne es negra”.

Nuevamente, el escenario es mucho más que el marco donde transcurre la acción: forma parte de ella y completa la visión de los que en él se mueven. En un espacio aparentemente tranquilo y a través de unos personajes que rezuman empatía y amor por el entorno la autora ha conseguido crear un singular universo narrativo.  

– ¿Por qué San Lorenzo como eje de sus libros?

Vivo desde hace años en San Lorenzo de El Escorial. Éste en el que transcurre la acción de mis novelas es mi pueblo de adopción, un lugar al que trajeron a mi madre cuando todavía estaba en pañales y que para mi familia tiene una función sanadora. Soy medio alemana. En aquel país viví unos años y después pasé a Francia. Por casualidad tuve la oportunidad de publicar en una editorial francesa con novelas que transcurrían en Alsacia, pero comencé a sentir que quería escribir sobre una realidad que conociese bien y el sitio que mejor conocía era San Lorenzo, en donde tras pasar muchos períodos de vacaciones empecé a venir en invierno. Entonces descubrí un pueblo muy distinto al del verano y a unos habitantes que posteriormente incluí en mis libros como protagonistas tal cual son: las señoras, el peluquero, los camareros, los paseantes, los guardias civiles.

– Que son las piezas fundamentales de sus historias…

Sí. Son dos guardias civiles los máximos protagonistas. La teniente Karen viene de Alemania y tiene que adaptarse a una realidad muy distinta de la que procede. Desentrañar, por ejemplo, cuanto tiempo es “un momentito”. A su lado está el brigada Cano, que sí que es de la zona  y conoce todos los recovecos del pueblo. Ese es el entorno de mis novelas: las cuestas, las calles estrechas, etc. Cuando empecé la trilogía la acción transcurría en una época de mucha violencia como era la España de los atentados de ETA. Con La carne del cisne decidí trasladar la acción a un momento más tranquilo, en un Escorial invernal, ya sin el aluvión de gente del verano.

– ¿Qué aporta un entorno rural a la novela negra?

Es obvio que a mí me viene muy bien. La ventaja de ubicar en el medio rural este tipo de novelas es porque en un pueblo encuentras, en un lugar pequeño, todas las bajezas humanas y, al tiempo, todos los lados maravillosos que también se dan en el ser humano. Los personajes se conocen, hablan entre ellos, saben de qué pie cojea cada cual y eso, desde mi punto de vista, enriquece el resultado y a mí me gusta mucho, además creo que cada vez tiene más adeptos entre los lectores de novela policíaca a los que, en general, les gustan mucho los sitios y los personajes reconocibles. Cuanto más cercano es lo que se cuenta parece más real y cuanto más real, la historia se vuelve más creíble.

– ¿Busca la sorpresa como elemento que atrape al lector?

En efecto. Soy una defensora acérrima de mis lectores y por eso no desvelo casi nada de mis novelas. En ésta no sabemos quien es la víctima hasta la página cincuenta y eso forma parte del núcleo del libro. Hasta entonces vamos conociendo a los personajes que integran la historia. Por eso los vemos sin realizar juicios apresurados, que es a donde quería llevar al lector. En todas mis novelas intento que el lector dude, que se desoriente para que se meta más en la historia que relato. En el escritor de novela negra siempre existe una especie de ansia de matar y en el lector siempre una cierta tensión. En esta ocasión, en La carne del cisne, he intentado que el lector conociese a la posible víctima y el posible asesino, antes de que se produjese el asesinato y, en consecuencia, antes de que hubiese víctima. También me interesa que el lector conozca a los personajes en su momento histórico. Que si hablo de los años 80, por ejemplo, se meta en la piel de las personas que vivían la realidad de aquellos años. Que no juzgue aquello desde los ojos de hoy.

– ¿Calificaría su novela de violenta?

Es un libro violento pues además de la violencia sexual y de género contiene otro tipo de violencia que es la que nos acompaña en el día a día. Esa de la que apenas nos damos cuenta pero está ahí. En ese sentido, La carne del cisne es también un intento de enfrentarse a algunas ideas sin prejuicios ni juicios apresurados. Los personajes debaten y a mí la palabra debate me gusta mucho. Intento debatir con mis lectores, que dialoguen, incluso discutan y se peleen e intenten convencer al de enfrente para que cuestione y replantee sus opiniones. Cuando empecé a rumiar este libro en el año 2016 tenía en la cabeza un caso real de violencia de género en Alemania que tuvo mucha repercusión en los medios. Me interesaba tratar ese tema y ubicarlo en 2016, porque acaso si hoy se abordase, siete años más tarde, se hubiera tratado de otro modo. Me interesaba plantear esa posibilidad. En mis libros obligo a expresar a mis personajes ideas diferentes. En relación con la violencia sexual también lo he hecho así. Habla el abogado de un acusado de violencia sexual y una víctima. Los dos tienen voz y eso le da perspectivas diferentes al lector. Que cada cual saque sus conclusiones.

– Y el tema de las redes sociales…

Otra cuestión fundamental. No creo que nada se resuelva eliminando los móviles o los ordenadores. Creo que hay que hacer una labor de educación en relación, por ejemplo, con el anonimato en las redes sociales que elimina en gran parte el pudor. La gente se atreve a decir en las redes ciertas cosas que de ningún modo se atrevería cara a cara. Creo que eso es fundamental que se explique, especialmente a la gente joven. Prevenir a través de la educación, no las prohibiciones.   

– En alguna ocasión ha comentado que escribir novela negra le ha vuelto más tolerante, ¿en qué sentido?

Es que hay asesinos por motivos muy diversos. Hay quien mata por rencor o por pasión o por venganza, o… De algún modo el escritor de éste género tiene que comprender a su asesino y eso, inevitablemente, te hace más tolerante.

– ¿A quién lee Teresa Cardona? ¿Por quién se siente influenciada a la hora de escribir?

Soy una lectora empedernida. Intento leer a autores muy distintos y de muy distintas procedencias. Aparte de novela española, en donde hay una tradición de novela negra fantástica, he leído bastante novela francesa y alemana. Además hay editoriales españolas que cuidan mucho el género. Entre los escritores del género me apasionan, por ejemplo, Domingo Villar y Alexis Ravelo, tristísimamente desaparecidos. Un autor que me ha influenciado mucho es el alemán Ferdinand von Schirach, con el que coincido al ver la realidad de sus personajes desde dos lados porque, como ya he comentado, en la vida no todo es blanco o negro. Hay muchos grises que marcan la realidad. Este autor deja en sus libros, y en el mismo plano, hablar al fiscal y al abogado defensor. Eso da una perspectiva muy interesante. También he leído mucho a Fred Vargas y a Lorenzo Silva. Pero si tengo que confesar influencias creo que la mayor es la de Von Schirach.


Y así, con el anuncio de que la serie tendrá continuación, Cardona insiste en su idea de implicar y hacer al lector partícipe de la trama, como si fuera un elemento más del equipo. Y lo consigue. ¡Vaya si lo consigue!