Reconocida internacionalmente como una de las artistas más importantes e influyentes del panorama contemporáneo, su obra parte del documental para acabar cuestionando sus propias bases y veracidad informativa, tratando temas como el feminismo, el multiculturalismo o la política, entre otros.

Sin embargo, la misteriosa desaparición de Andrea Wolf en 1998, militante del Partido de los Trabajadores de Kurdistán y amiga de la artista, marcaría parte de su obra. November (2004), rodada en un principio como una película de Kung-Fu, se convirtió en el punto de partida de una búsqueda activa de respuestas.

La cinta, protagonizada por ambas, es un compendio de luchas, en aras de la justicia, donde los “buenos”, con sus manos desnudas, pelean contra los “villanos” que, significativamente, sí cuentan con armas. Como si de un presagio se tratase, la historia finaliza con una única superviviente que, dirigiéndose hacia el atardecer, se convierte en mito. Wolf, que interpreta ese papel, no sobrevivió en la vida real, pero se convirtió en leyenda al alzarse, con su desaparición, en un icono de la lucha del Partido de Trabajadores de Kurdistán.

Crítica y mordaz

Artista crítica y mordaz, con su obra pretende desmontar la supuesta objetividad de los documentales que, disfrazados de estandarte de veracidad, sesgan y delimitan la percepción del espectador en torno a unos patrones determinados.

Su obra mezcla referentes de la alta cultura como Farocki y Godard con otros populares como los videojuegos, en palabras de Manuel Borja-Villel, director del Museo Reina Sofía. João Fernandes, comisario de la muestra, amplía añadiendo que cada obra de Steyerl plantea el reto de descubrirle al espectador algo que no conocía a través de elementos que sí conocía.

Para Steyerl existe una saturación de información e imágenes y, a la vez, un control social derivado de todo ello. Esta situación es denunciada con pulso firme en sus vídeos y conferencias, convirtiendo dicho escenario en una sátira con la ironía por bandera.

Arte como acto social

Una de las piezas centrales de la muestra consta de una alfombra roja que, afirma Steyerl, el público, temeroso, evita pisar, propósito opuesto al de la artista, que la situó ahí para recordar a todos los visitantes que son especiales.

El arte de Steyerl, creado para hacer pensar y reflexionar, es el resultado de un proceso de escepticismo ante una sociedad que, según ella, vive alienada de sí misma y cuya mentalidad está más próxima a lo virtual que a lo real. Desde su óptica, y según refleja en alguna de sus obras, somos como personajes de un videojuego en el que las guerras o masacres ya no nos afectan ni inmutan.

Pero por encima de todo, Steyerl considera el arte como un acto social, colectivo. Se refiere a esa cuestión tan propia de la física cuántica, eso de si la luna sigue existiendo cuando nadie la mira, para concluir que el arte sólo existe si hay un público que se acerque a admirarlo.