Comisariada por Isabel María Rodríguez Marco, conservadora de pintura de los siglos XIX, XX y XXI de Patrimonio Nacional, y bajo el título Brambila, pintor de los Reales Sitios, la muestra reúne una treintena de dibujos, pinturas, estampas y libros procedentes de distintos enclaves patrimoniales vinculados a la Corona.
La propuesta permite recorrer la trayectoria del artista nacido en Cassano d’Adda (Milán) en 1763 y fallecido en Madrid en 1834, un creador especializado en perspectivas arquitectónicas, paisajes y vistas urbanas, cuya obra trascendió la mera representación decorativa para convertirse en una auténtica cartografía sentimental y política de la monarquía. Sus imágenes de Aranjuez, La Granja, El Escorial o el Palacio Real de Madrid terminaron fijando en el imaginario colectivo la apariencia de los Reales Sitios gracias a su posterior difusión litográfica.
La exposición comienza con uno de los episodios más fascinantes de su biografía. En 1791, cuando contaba con 28 años, fue contratado para participar en la expedición científica impulsada por Alessandro Malaspina. Aquella empresa, concebida por la Corona como respuesta a los grandes viajes de exploración británicos y franceses, pretendía ampliar el conocimiento geográfico y natural de América, Asia y Oceanía.

Vista de la ciudad de Manila y su bahía (desde el arrabal), 1791-1794, N.º inv. 02299, Museo de América, Madrid, Foto: © Gonzalo Cases Ortega.
Durante el recorrido a bordo de las corbetas Descubierta y Atrevida, el artista realizó numerosos dibujos de paisajes, ciudades, puertos y especies naturales. Varias de esas obras forman parte de la muestra. Especial interés despiertan los trabajos realizados en Filipinas y los estudios de fauna marina, donde el rigor documental convive con una notable sensibilidad plástica. En aquellas imágenes ya aparece el Brambila observador meticuloso, capaz de convertir cada escena en un documento de enorme valor histórico.
Tras regresar a España en 1794, se instaló definitivamente en Madrid. Cinco años después fue nombrado Pintor, Arquitecto y Adornista de Cámara. El título no garantizaba estabilidad económica ni encargos constantes, de modo que Brambila tuvo que diversificar su actividad y adaptarse a las necesidades de la corte. Participó en decoraciones palaciegas, diseñó arquitecturas efímeras y trabajó también en proyectos escenográficos.

Uno de los episodios más singulares de aquellos años fue la creación, en 1801, de un gran arco triunfal levantado para la puerta del Perdón de la catedral de Toledo con motivo del nombramiento como arzobispo del cardenal Luis María de Borbón. Probablemente entonces realizó también la Vista del Castillo antiguo de Cervantes en Toledo, posteriormente difundida mediante grabado.
La exposición recupera asimismo otra faceta fundamental de su trayectoria, ligada a la Guerra de la Independencia. Junto al pintor Juan Gálvez, Brambila viajó a Zaragoza tras el primer asedio francés para documentar las consecuencias de la devastación. El resultado fue la célebre serie de las Ruinas de Zaragoza, uno de los conjuntos más conmovedores del grabado español del periodo.

Ruinas del interior de la iglesia del Hospital General, Fernando Brambila y Juan Gálvez, 1812, ed. 1925, sign. IX/M/223 (4), Real Biblioteca, Patrimonio Nacional.
Aquellas estampas no solo retratan edificios destruidos y calles arrasadas. También transmiten una mirada cargada de emoción contenida y reflexión melancólica ante el desastre. Los artistas retrataron además a figuras clave de la resistencia, como Agustina de Aragón o el general Palafox, en unas imágenes que mezclan crónica histórica y sensibilidad prerromántica.
La guerra obligó a Brambila y Gálvez a desplazarse primero a Madrid y después a Cádiz, donde continuaron trabajando en condiciones muy difíciles gracias al apoyo de la Escuela de Nobles Artes. Esa experiencia marcaría de forma profunda la mirada del artista, cada vez más atento al poder evocador de las arquitecturas y los paisajes.
Sin embargo, el núcleo central de la exposición lo ocupa el monumental conjunto de vistas de los Reales Sitios encargado por Fernando VII. Entre 1821 y 1833, Brambila realizó un total de 95 pinturas al óleo concebidas para decorar distintos gabinetes de los palacios reales. El proyecto representó una de las empresas visuales más ambiciosas de la época.
Las primeras obras estuvieron dedicadas a La Granja de San Ildefonso. En ellas alternan las grandes panorámicas del entorno natural con escenas centradas en las fuentes y jardines, animadas por pequeños personajes que pasean o conversan. La naturaleza aparece integrada en una visión refinada de la vida cortesana.

Vista del Real Palacio de Aranjuez, por la parte de Levante. 1826-1831. Fernando Brambila.
En las vistas de El Escorial adquieren protagonismo tanto la monumentalidad del monasterio como los actos públicos y ceremonias vinculadas a la presencia del monarca. Aranjuez, en cambio, se presenta como un espacio de ocio y sociabilidad, lleno de paseantes que disfrutan de los jardines y del paisaje fluvial. Madrid completa el recorrido con imágenes del Palacio Real, el Buen Retiro y el paseo del Prado.
La muestra recuerda además que algunas de esas pinturas documentan espacios hoy desaparecidos, como el Real Sitio de La Isabela, en Guadalajara, lo que incrementa todavía más su valor histórico. Más allá de su belleza formal, las obras funcionan como testimonios de una geografía cortesana transformada con el paso del tiempo.
Estampas
Uno de los aspectos más interesantes del proyecto fue su posterior conversión en estampas litográficas. Entre 1832 y 1835, el Real Establecimiento Litográfico publicó La Colección de Vistas de los Sitios Reales litografiadas por orden del Rey de España, permitiendo una difusión inédita de aquellas imágenes. Gracias a esas reproducciones, la iconografía creada por Brambila alcanzó una enorme popularidad y consolidó una visión idealizada de los espacios vinculados a la monarquía.
Cada enclave era presentado con rasgos específicos. Aranjuez aparecía asociado a la exuberancia vegetal, La Granja destacaba por sus fuentes monumentales y El Escorial transmitía la severidad pétrea de su arquitectura. Aquella operación visual contribuyó decisivamente a construir la identidad simbólica de los Reales Sitios en el imaginario español.
La exposición organizada por la Galería de las Colecciones Reales no solo reivindica el talento técnico de Brambila. También rescata a un artista que supo interpretar el paisaje como una forma de representación del poder y como un archivo visual de su tiempo. Sus obras combinan exactitud topográfica, elegancia compositiva y capacidad narrativa.

Vista del Panteón de nuestros Augustos Reyes en el Real Monasterio de San Lorenzo. 1822-1827. Fernando Brambila.





























