La exposición, abierta al público hasta el 4 de abril de 2027 dentro del programa Todo el arte es contemporáneo, reúne 16 fotografías pertenecientes a dos series adquiridas por el museo en 2021 y una instalación concebida específicamente para esta ocasión. Comisariada por la propia artista, la propuesta supone una nueva aproximación a una de las líneas de investigación que han definido su trayectoria durante los últimos años, centrada en las relaciones entre paisaje, territorio y construcción cultural del espacio.
El punto de partida conceptual procede de la idea de “tercer paisaje”, formulada por el paisajista francés Gilles Clément para referirse a aquellos territorios que quedan fuera de los circuitos de explotación económica y de los procesos de control. Baldíos, cunetas, solares abandonados o márgenes agrícolas conforman una geografía aparentemente secundaria que, sin embargo, alberga una extraordinaria riqueza biológica y simbólica.
Azkarate se aproxima a estos enclaves desde una mirada que combina sensibilidad estética y reflexión crítica. Sus imágenes no documentan únicamente la presencia de determinadas especies vegetales ni registran la transformación del entorno. También revelan las tensiones invisibles que atraviesan el paisaje contemporáneo y cuestionan las formas en que la sociedad organiza, vigila y utiliza el territorio.
La intervención desarrollada para la capilla responde a una invitación del Museo para trasladar esa periferia al interior del edificio. El resultado es Jardín suspendido, una instalación efímera construida a partir de 18.000 flores y plantas secas de 140 especies recogidas en los alrededores de Pamplona por la propia artista. Suspendidas en el espacio, generan una estructura abierta, sin jerarquías ni puntos focales dominantes, evocando la lógica espontánea y diversa de los ecosistemas que inspiran el proyecto.
La dimensión colectiva constituye otro de los aspectos más significativos de la propuesta. Cerca de un centenar de personas voluntarias participaron durante dos semanas en el proceso de creación de la instalación, convirtiendo el montaje en una experiencia compartida que prolonga el propio discurso de la exposición sobre la convivencia, la diversidad y las formas de colaboración alejadas de modelos rígidos de organización.
Junto a la presencia física de las plantas y a la fuerza visual de las fotografías, la muestra incorpora una capa sonora creada por David Serrano y Borja Alcate. Bajo el título Herbario sonoro, la pieza se construye a partir de impulsos bioeléctricos generados por una planta viva. El resultado amplía la percepción del visitante hacia dimensiones habitualmente inaccesibles y propone una aproximación sensorial al mundo vegetal más allá de la experiencia visual.
Las 16 fotografías que completan el recorrido funcionan como un singular herbario contemporáneo. Lejos de ofrecer una visión homogénea de la vegetación, cada imagen se detiene en la individualidad de las especies que habitan estos territorios marginales. Azkarate rescata así formas de vida que suelen quedar diluidas en una masa indiferenciada y reivindica la singularidad de aquello que normalmente permanece fuera de nuestra atención.
Regeneración
La exposición adquiere una resonancia especial en un momento marcado por la preocupación medioambiental y por los debates sobre el control de los espacios y de las formas de vida. Los lugares que retrata la fotógrafa aparecen como ámbitos de regeneración espontánea, escenarios donde la naturaleza desarrolla dinámicas propias al margen de la intervención humana. En ellos, la ausencia de planificación se convierte paradójicamente en una oportunidad para la diversidad.
Desde esa perspectiva, Tercer Paisaje trasciende el ámbito estrictamente artístico para plantear una reflexión sobre la relación contemporánea con el entorno. La muestra invita a observar aquello que suele permanecer oculto y a reconocer la complejidad de unos espacios que, pese a su aparente insignificancia, contienen formas alternativas de habitar y entender el mundo.
Arquitecta de formación y residente en Pamplona desde mediados de los años noventa, Azkarate ha construido una trayectoria singular dentro de la fotografía contemporánea. Tras varios años dedicada al ejercicio profesional de la arquitectura, orientó su trabajo hacia la imagen como herramienta de investigación. Desde entonces ha desarrollado ensayos visuales centrados en la ciudad, el territorio y el paisaje construido, explorando las implicaciones sociales y políticas de los espacios cotidianos.
Su obra ha podido verse en instituciones como el Museo de Bellas Artes de Bilbao, Tabakalera, la Universidad Pública de Navarra o el Pabellón de España de la Bienal de Arquitectura de Venecia. Reconocida con el premio BAFFEST a fotógrafas emergentes vascas, forma parte además de colecciones públicas tan relevantes como las del Museo de Bellas Artes de Bilbao o el propio Museo de Navarra.
La exposición que ahora presenta en Pamplona confirma la madurez de una autora capaz de transformar la observación del paisaje en una herramienta de conocimiento. Con una propuesta que combina rigor conceptual, sensibilidad visual y experimentación sensorial, Azkarate convierte los márgenes en protagonistas y demuestra que, en ocasiones, las formas de vida más reveladoras crecen precisamente allí donde nadie parece estar mirando.
El programa Todo el arte es contemporáneo se desarrolla en la capilla del Museo de Navarra e incluye una línea de exposiciones temporales de larga duración de artistas navarros y navarras en activo. Desde 2018, han presentado sus proyectos Dora Salazar, Carlos Irijalba, Celia Eslava, Gentz del Valle, Javier Muro, María Jiménez Moreno, José Ramón Anda y Maite Leyún.
– El Museo de Navarra ha editado una publicación de 20 páginas que incluye un texto de Azkarate, una breve biografía, la relación de las obras presentadas y las imágenes de la sala. Aquí puedes acceder gratuitamente a ella.
Materia y espacio
Azkarate define así este proyecto: «Tercer Paisaje es un trabajo, en origen fotográfico, que explora los márgenes del territorio, los espacios residuales. Durante años he recorrido solares vacantes y fincas abandonadas. Me he detenido en los bordes de los caminos, explorando precisamente la diversidad botánica y biológica que allí se encuentra. En la capilla del Museo de Navarra, esta operación de extracción y cambio de régimen de atención que hago con la fotografía se transforma en materia y en espacio».





















