En una declaración de principios, padre e hija, que se autocalifican de judíos israelíes laicos, afirman que en la tradición judía “cada lector es un revisor, cada estudiante un crítico; y cada autor, incluido el propio autor de la Creación del universo, suscita una infinidad de interrogantes”.

¿Por qué las palabras son tan importantes para los judíos? El novelista Amos Oz, Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2007, y su hija historiadora se lo preguntan al tiempo que entablan un diálogo emocionante del que se deriva una ilustrativa lección de historia y literatura. Un canto por y para la palabra porque, como ella confiesa, “si uno ya no cree en Dios no puede decir que Dios nos ha creado, pero sí que las palabras nos crean”.

Los autores engranan personalidades y textos de todos los tiempos, desde el autor anónimo y “probablemente femenino” del Cantar de los Cantares, hasta los oscuros talmudistas, pasando por Franz Kafka, Milton, Cervantes y Borges. Más de cien escritores de todas las épocas “cuyos escritos ayudan a explicar la relación esencial que existe entre los judíos y las palabras”.

En Madrid

Lo afirmó Fania Oz a su paso por Madrid, en un acto celebrado en la Casa del Lector en el que desplegó inteligencia, ironía y hasta un punto de escepticismo para hablar de su libro en particular, y de la cultura judía en general.

“Mezclando la narración y la labor de investigación, la conversación y la argumentación, contamos las historias que se ocultan tras los nombres, las disputas, los textos y chistes más perdurables del judaísmo. Todas estas palabras componen y argumentan la cadena que conecta a Abraham con los judíos de todas las generaciones posteriores”.

Con una prosa llena de conocimiento, de lírica y de sentido del humor, Los judíos y las palabras propone una visita extraordinaria a las palabras que conforman el corazón de la cultura judía y tiende una mano al lector para que se una a la conversación.

“La nuestra no es una línea de sangre, sino es una línea de texto”, argumentó. “La comunidad judía ha girado siempre alrededor de palabras pronunciadas y escritas, de un laberinto de interpretaciones, debates y desacuerdos en constante expansión, así como de un singular marco de relaciones humanas. En la sinagoga, en la escuela, y sobre todo en el hogar, esto llevó siempre a profundas conversaciones”.

Las palabras y los judíos “no es un libro sobre judíos ni para los judíos, sino para todo aquel interesado en la vida”, explica la historiadora. “Tanto a mi padre como a mí nos intrigaba y nos preguntábamos desde siempre cómo era posible la pervivencia, la continuidad de la cultura judía a lo largo de tres milenios… y hemos llegado a la conclusión de que los judíos leemos, interpretamos, debatimos, discutimos… Después volvemos a leer, interpretar, debatir, discutir…  Así una y otra vez”.

Niños y libros

“Enamorados de las palabras y de la infancia. A los judíos nos han preocupado especialmente dos cosas, los niños y los libros”. Con esta curiosa sentencia, Fania alude al hecho de que, cada vez que el pueblo judío ha tenido que desplazarse, emigrar o “esfumarse” llevaba en un brazo al niño y en el otro la Torá.

“Los libros, para los judíos, son tremendamente importantes. Presiden la mesa, y en torno a la mesa se sienta la familia. No dejamos en manos de la escuela o en manos ajenas la enseñanza de nuestros valores, sino que esos valores los inculcamos de padres a hijos, siempre”.  En ese sentido, puntualizó, “ser madre y ser padre comporta también un claro compromiso intelectual”.

El texto aborda, entre otros asuntos, “el complejo tema de la identidad judía que existe, claro, pero no como un orgullo chauvinista, sino como concepto cultural”. O, partiendo de que la palabra está por encima de los idiomas, las distintas manifestaciones de la propia lengua, desde las más clásicas, ladino y yiddish, “a día de hoy prácticamente muertas en la tradición oral, a las que hoy empleamos como son el inglés y el hebreo”.

Tras señalar que “no se da cuenta una hasta que no los estudia a fondo de que Dios no es lo principal en los textos judíos”, alude a la Biblia como el libro fundamental, el que más la ha marcado, “porque encierra poesía, derecho, filosofía, historia, narración. La Biblia es el texto básico para todo”.

Después habla de El Talmud, “pero no en su totalidad porque tiene algunos pasajes detestables”. Y añade: “Los laicos conscientes de serlo no buscan tranquilidad sino inquietud intelectual, y aman las preguntas más que las respuestas. Para los judíos laicos como nosotros, La Biblia hebrea es una magnífica creación humana. Exclusivamente humana. La amamos y la cuestionamos”.

Antisemitismo

En relación con el antisemitismo no eludió que es una cuestión real. “Corpórea. No un miedo etéreo. Es una amenaza. Nuestro modo de combatir el antisemitismo es compartir nuestra cultura, nuestra identidad, dejar que nos vean, dar, pero también saber recibir”.

“Con frecuencia”, apostilló Fania Oz, “en este libro y fuera de él, en el mundo, los judíos no son los judíos. Son la humanidad entera cuando se enfrenta con la narración, el significado y la ley, puestos por escrito. Prueben a sustituir la palabra judío por lector. En muchos casos y lugares se sorprenderán de lo bien que encaja”.

unademagiaporfavor-LIBRO-Los-judios-y-las-palabras-Amos-Oz-Fania-Oz-portada

 

 

Los judíos y las palabras
Amos Oz y Fania Oz-Salzberger
Traducción: Jacob Abecasís y Rhoda Henelde Abecasís
Siruela
Páginas: 220
Precio: 19,95 euros
e-book: 9,99 euros

Leer fragmento