La ilustradora Ana Juan Ana Juan ©Laura M. Lombardia

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Ana Juan: “En un ilustrador no existe el miedo al vacío”

La ilustradora Ana Juan Ana Juan ©Laura M. Lombardia
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Ana Juan (Valencia, 1961) lleva 30 años ilustrando la vida y, según confiesa, todavía aprende algo nuevo cada día. En su haber, decenas de portadas en 'The New Yorker' y colaboraciones en prestigiosas revistas y diarios. También importantes reconocimientos, como el Premio Nacional de Ilustración 2010, y gran número de libros para adultos y para niños. Entre ellos, dos muy especiales, 'Amantes', que la editorial Contempla acaba de reeditar hace unos meses en España, y 'Snowhite', que la misma editorial publicará el próximo verano.

El primero es personal, poético y narra 12 historias de amantes en ocho ilustraciones. En él, el amor se presenta bajo múltiples formas: fiel, semanal, volátil, final, diferente, lejano, dormido, orgulloso, efímero, primero, desconocido… Todo contado de forma emotiva y evocadora. El segundo, el clásico y emblemático cuento, es quizás de los más especiales para la artista porque supuso “un punto y seguido” en su trabajo y le mostró “un camino a seguir”.

Entre todas sus creaciones nadie olvidará, especialmente, su portada conmemorativa del décimo aniversario del 11-S. Esa ilustración en concreto demuestra como pocas el poder de una imagen, el vínculo entre los textos y las personas. La historia en sí.

A punto de viajar a la Feria del Libro Infantil de Bolonia, Ana Juan dedica unos minutos a hoyesarte.com

Cumple tres décadas como artista, ¿qué ha cambiado en el panorama de la ilustración en todos estos años?

Cuando empecé a publicar también se vivía un auge de la ilustración. Los niños y jóvenes que entonces disfrutaban de los textos ilustrados creo que forman el público que reclama este tipo de publicaciones. En estos años, la ilustración ha pasado de tener un lugar de complemtario, e incluso decorativo en una publicación, a tener un protagonismo y ocupar un lugar primordial en el mundo de la edición.

¿Y usted como artista?

He trabajado duro por tener mi propio lenguaje. Sigo disfrutando de mi trabajo, procuro evolucionar y seguir aprendiendo día a día.

La crisis no ha afectado al sector, parece que sigue en alza, ¿es así?

La crisis ha afectado a todos los sectores inevitablemente, pero por suerte, el libro ilustrado se mantiene. Si embargo, que se publiquen más títulos no significa que se vendan más libros…

Snowhite es uno de tus primeros trabajos, que llegará a España de nuevo en verano con Contempla, ¿qué significa para usted?

Todos los libros tienen una importancia y un lugar, pero quizás la pequeña Snowhite, editada en España en 2002 por Edicions de Ponent, y más tarde publicada en Italia y otros países, fue un punto y seguido en mi trabajo, me abrió puertas que no esperaba y me mostró un camino a seguir.

¿Y Amantes, que recientemente publicaba la misma editorial? ¿Cómo nació esta idea?

Hace mucho tiempo recibí por parte de un editor japonés de la editorial Kodansha en Tokyo la propuesta de realizar un libro que contuviese 12 historias de amor narradas con solo ocho imágenes. El resultado fue el libro Amantes, que nunca se llegó a publicar en Japón. Años después, se editó por primera vez en España con 1000Editions. Luego pasó a Italia donde fue publicado por la editorial Logos y ahora ha vuelto a España en una edición muy cuidada de la mano de Edelvives y su nuevo sello Comtempla. Mi vida y mis libros siempre discurren por caminos inusuales…

“La ilustración es una forma de hacer editoriales en una revista”, ha dicho en alguna ocasión, ¿qué supone hacer todas esas portadas para New Yorker?

Una ilustración puede ser equivalente a un editorial porque en ella se plasma la posición que esta publicación tiene frente al mundo. He trabajado con The New Yorker desde 1995, cuando conseguí publicar mi primera portada. Desde entonces he colaborado habitualmente con ellos. No es fácil, hay que tener humildad y aceptar la reglas del juego, si no es así es mejor olvidarlo. Por su parte me siento muy valorada, apreciada y cuidada, algo a lo que no siempre estamos acostumbrados.

Algunas de sus portadas de revista, como la del aniversario del 11-S para The New Yorker han calado especialmente… ¿siente cierta responsabilidad?

La única responsabilidad que tengo es la de ser honesta conmigo misma y mi trabajo.

¿Cómo se enfrenta al papel en blanco, por ejemplo, a la hora de hacer una de estas portadas?

Obviamente, el tema elegido es necesariamente la fuente de inspiración o al menos un punto de partida. No existe el miedo al vacío en un ilustrador.

¿Algún reto como artista?

No tengo retos premeditados, me voy enfrentado a ellos y resolviéndolos a medida que aparecen. El único reto, quizás, es el de seguir disfrutando con mi trabajo.

¿En qué proyectos está trabajando?

En un nuevo libro ilustrado para la editorial Logos en Italia, en un cartel y en proyectos personales que siempre me siguen.

¿Cree que la ilustración todavía tiene terrenos por conquistar? ¿Puede sorprendernos?

Si uno tiene los ojos abiertos, trabaja con sinceridad y sin dejarse llevar por las modas, siempre hay lugares a donde llegar y cosas que aportar.

Para usted “ilustrar” significa…

Tender un puente entre el texto y el lector.

 

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