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El municipio cederá por un plazo de 50 años este espacio cultural a la Fundación, que asumirá íntegramente la financiación de las obras de adecuación del edificio, cuyos trabajos comenzarán este mismo año y pretenden concluirse en menos de 18 meses. El proyecto arquitectónico es obra del estudio Langarita Navarro, autores de la última rehabilitación del edificio, reconocida en 2013 con el Premio de la Bienal Española de Arquitectura y Urbanismo.

«Hoy vemos hacerse realidad el sueño de mi padre, un sueño nacido de la convicción de que el arte alcanza su verdadero sentido cuando se comparte y se pone al servicio de la sociedad», ha destacado la hija del empresario hispanomexicano. «Construimos un lugar de encuentro entre el arte y las personas, entre el pasado y el futuro. Es un verdadero gusto hacerlo aquí, en Madrid».

Pasión por la belleza

Juan Antonio Pérez Simón nació en Asturias, en concreto en Turanzas (Llanes), en 1941, desde donde emigró con su familia a México a la edad de cinco años. El germen de su colección se remonta al año 1964 cuando, como él mismo recuerda, realizó un viaje a Europa «que definió mi vínculo intenso e indisoluble con las artes plásticas y me dio norma para su goce». En este periplo, Pérez Simón dedicó su tiempo y gran parte de su presupuesto, de apenas ocho dólares diarios, a visitar todos aquellos museos que custodiaban las obras de arte que más admiraba. Como él mismo explica: «Desde mi juventud me sentí atraído por la belleza, por las obras de arte. Como no podía comprarlas, colgaba en mi recámara reproducciones de los cuadros. Satisfacía así mi deseo de disfrutar la forma en que cada artista plasmaba en su lienzo lo sublime, lo poético, lo bello, hasta lo terrible». Desde entonces, y al tiempo que construía una exitosa carrera empresarial, no ha cesado en su búsqueda de la belleza hasta reunir una colección única en el mundo.

 
En la presentación también han intervenido la arquitecta María Langarita, quien ha explicado la propuesta arquitectónica y los criterios que guiarán la transformación del edificio para adaptarlo a las nuevas necesidades museográficas, de conservación y accesibilidad, preservando al mismo tiempo sus valores arquitectónicos e históricos. El proyecto contempla la reorganización de los espacios expositivos, la mejora de los recorridos para los visitantes y la modernización de las instalaciones técnicas.

Más allá de la intervención sobre el edificio, el proyecto tendrá un impacto especialmente favorable en la regeneración de su entorno. Toda la planta baja se concibe como un gran salón urbano: un espacio abierto capaz de conectar la vida interior del centro cultural con la ciudad y de reforzar la relación entre la Serrería Belga, la plaza de las Letras y las calles Cenicero y Almadén. Esta nueva condición urbana permitirá que el edificio deje de entenderse únicamente como contenedor cultural para convertirse también en lugar de encuentro, estancia y actividad pública, integrado de forma natural en los recorridos del Paseo del Arte.

La plaza será objeto de una renovación integral orientada a mejorar su accesibilidad, eliminar barreras y favorecer un uso más amable y continuo del espacio público. La actuación prevé la sustitución de desniveles y elementos obsoletos por nuevas rampas, jardineras, bancos, zonas estanciales y graderíos. A ello se suma la reurbanización y peatonalización de Cenicero y Almadén, con nueva pavimentación, vegetación, mobiliario urbano, iluminación, señalización e instalaciones, configurando un ámbito más accesible, permeable y atractivo para los vecinos, visitantes y usuarios del centro.

Más de 4.000 obras

«Las colecciones han sido siempre un autorretrato simbólico de sus dueños, de sus pasiones y aficiones más íntimas […] Es en estas manifestaciones artísticas donde hallo las más hondas fibras de mi existencia: mi libertad, mi desinterés por lo ficticio, lo trivial, lo banal; representan el conjuro más auténtico y transformador al que ha tenido acceso mi experiencia humana».

(Juan Antonio Pérez Simón)

La colección se compone de más de 4.000 obras de pintura, escultura, dibujo y manuscritos, además de numerosas piezas de artes decorativas, y está considerada uno de los acervos privados más relevantes del mundo. Se completa con una biblioteca integrada por más de 50.000 volúmenes, con un fondo documental que sirve de sustento a la propia colección.