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A dos meses de su inauguración, el edificio está preparado para recibir las primeras obras que ocuparán sus salas. Con ellas comenzará la última etapa de una intervención iniciada en 2018, tras el concurso celebrado entre 2017 y 2018, que ha reformulado por completo el interior de uno de los inmuebles más reconocibles del frente marítimo santanderino. El proyecto, dirigido por David Chipperfield, Benito Blanco, Billy Prendergast y Rodrigo Antón Carrasquer, constituye además el primer edificio de uso museístico construido en España por David Chipperfield Architects.

Interior de Faro Santander: Fotografía: Juan Baraja.

La intervención no parte de una pieza arquitectónica homogénea. Las partes más antiguas del conjunto se remontan a 1795 y su configuración actual es fruto de sucesivas ampliaciones y transformaciones. El paso del tiempo dejó una suma de espacios, lenguajes y funciones que convivían bajo una fachada de fuerte presencia institucional. En especial, el ala oeste había incorporado un carácter historicista acorde con la representación del poder financiero. Hacia el exterior, el edificio transmitía solemnidad. Dentro prevalecía la lógica de unas oficinas privadas, compartimentadas y poco permeables.

Cambiar esa condición ha sido el principal desafío del proyecto. No se trataba de borrar el pasado, sino de trabajar con lo existente y reorganizarlo. La sede debía dejar de ser un recinto cerrado para convertirse en un lugar de encuentro. La arquitectura tenía que acompañar ese tránsito y hacer visible la nueva relación entre el edificio, la ciudad y la bahía.

Chipperfield resume el punto de partida al recordar que la construcción presentaba una historia compleja y formada por múltiples capas. Su estudio ha respondido a esa realidad mediante una intervención que conserva, adapta y conecta. El resultado no busca ocultar las distintas épocas del inmueble. Las pone en relación y las ordena para que puedan asumir una función pública que nunca tuvieron.

Arco, corazón del edificio

Interior de Faro Santander: Fotografía: Juan Baraja.

Interior de Faro Santander: Fotografía: Juan Baraja.

La operación más decisiva se concentra en el elemento que mejor identifica al Edificio Pereda. El gran arco central deja de ser únicamente un icono monumental para convertirse en el eje de la circulación interior. El cerramiento parcial de su zona superior permite incorporarlo a la vida del centro y hacer visible el movimiento de los visitantes.

Los accesos principales se sitúan bajo el arco, que refuerza así su condición de paso entre la trama urbana y el mar. La nueva intervención acristalada mantiene la percepción del espacio y permite leer el cambio de uso desde el exterior. Donde antes dominaba la separación entre una sede privada y la ciudad aparece ahora una arquitectura atravesada por recorridos, miradas y conexiones.

La transformación alcanza uno de sus momentos más reconocibles en la escalera helicoidal de hormigón visto situada en la entrada. La pieza inicia una secuencia ascendente que continúa por el interior del arco y comunica las distintas galerías. Su presencia introduce un movimiento rotundo en un espacio dominado por líneas severas, pero responde ante todo a una función. Conducir al visitante se convierte en parte de la propia experiencia arquitectónica.

Esa escalera expresa también la manera en que el proyecto relaciona lo antiguo y lo nuevo. Las ampliaciones incorporadas al conjunto, entre ellas las estructuras del arco y el pabellón de cubierta, se han resuelto mediante entramados ligeros de acero. El contraste con la masa del edificio histórico permite distinguir las nuevas aportaciones sin romper la continuidad del conjunto.

Interior de Faro Santander: Fotografía: Juan Baraja.

Hormigón, acero, piedra natural y roble componen la paleta principal de una intervención en la que los acabados fueron estudiados mediante numerosas muestras a escala real. La selección de los materiales responde a una búsqueda de continuidad más que de imitación. El hormigón visto y el acero conviven con los elementos históricos, mientras la piedra y la madera introducen una dimensión material acorde con los nuevos usos públicos.

Más de 10.000 metros

Faro Santander suma 10.400 metros cuadrados de superficie construida, de los que 6.200 estarán destinados al uso público. El inmueble alcanza una altura máxima de 30,49 metros y se organiza en siete plantas sobre rasante y tres bajo tierra. Su estructura combina pilares y losas de hormigón con un entramado de acero.

Buena parte de esa superficie tendrá uso cultural. Cerca de 3.000 metros cuadrados repartidos en cinco plantas se dedicarán a exposiciones y otros proyectos artísticos. Los niveles superiores albergarán una cafetería con terraza y un restaurante, mientras que los tres sótanos acogerán el auditorio y las infraestructuras técnicas.

Interior de Faro Santander: Fotografía: Juan Baraja.

La amplitud del programa obliga a entender Faro Santander como algo más que un contenedor de exposiciones. Una planta completa estará dedicada a la Colección Banco Santander, que tendrá una presencia permanente pero cambiante en la programación. El centro contará así con un espacio estable para mostrar un patrimonio artístico que, pese a su relevancia, sigue siendo poco conocido.

Otra planta se reservará para exposiciones temporales de gran formato. Entre ambas se situará un ámbito de experimentación y exploración pensado para las familias, concebido para favorecer una relación activa con el arte y la creatividad. A este programa se sumarán instalaciones en las que la tecnología funcionará como herramienta para proyectos vinculados a la innovación.

La relación con el contexto más próximo tendrá también un espacio propio. La visita comenzará en la primera planta con una zona expositiva dedicada a los artistas de Cantabria. Allí podrán tomar forma proyectos realizados junto a agentes culturales del territorio, una decisión que introduce la escena local en el recorrido desde el primer momento y vincula la programación del centro con el pujante tejido creativo de la comunidad.

La distribución refleja la voluntad de reunir experiencias diferentes sin reducir la identidad del edificio a una única función. Colección, exposiciones temporales, creación, participación, tecnología, auditorio y restauración forman parte de un mismo programa. Incluso la terraza-mirador amplía el alcance del proyecto al recuperar para el público una nueva perspectiva sobre la ciudad y la bahía.

Un Pritzker frente al mar

La elección de David Chipperfield situó el proyecto dentro de una de las trayectorias más reconocidas de la arquitectura contemporánea. Nacido en Londres en 1953, estudió en la Kingston School of Art y en la Architectural Association School of Architecture. Antes de abrir su propio estudio en 1985 trabajó con Douglas Stephen, Richard Rogers y Norman Foster.

La oficina londinense fue el origen de una estructura internacional que después se amplió a Berlín, Shanghái, Milán y, desde 2022, Santiago de Compostela. Precisamente las sedes de Londres y la capital gallega han colaborado en el desarrollo de Faro Santander, un proyecto que refuerza la relación profesional de Chipperfield con España.

David Chipperfield. Fotografía: Christian Werner.

David Chipperfield. Fotografía: Christian Werner.

Su carrera reúne edificios culturales, residenciales, comerciales y educativos, además de intervenciones urbanas y proyectos cívicos. Entre sus obras más reconocidas figuran el Museo de Literatura Moderna de Marbach, distinguido con el RIBA Stirling Prize, y la recuperación del Neues Museum de Berlín, galardonada con el Premio Mies van der Rohe y el Deutscher Architekturpreis.

El reconocimiento internacional culminó en 2023 con la concesión del Premio Pritzker de Arquitectura. Para entonces, Chipperfield había recibido ya la RIBA Royal Gold Medal y el Praemium Imperiale, además de numerosos honores en el Reino Unido y Alemania. Su actividad se ha extendido asimismo a la enseñanza, la reflexión sobre la ciudad y el comisariado. En 2012 dirigió la 13.ª Exposición Internacional de Arquitectura de la Bienal de Venecia bajo el título Common Ground.

Su vínculo con España tiene un capítulo especialmente significativo en Galicia. En 2017 creó la Fundación RIA, una organización sin ánimo de lucro dedicada a promover un desarrollo económico, ambiental y cultural atento al territorio. Esa preocupación por el contexto, la reutilización y la dimensión cívica de la arquitectura encuentra en Santander un campo de aplicación especialmente visible.

La transformación del Edificio Pereda encaja en una línea de trabajo que ha marcado buena parte de la trayectoria de Chipperfield. En lugar de considerar la arquitectura existente como un obstáculo, el proyecto la utiliza como materia de partida. La rehabilitación conserva la estructura, prolonga la vida del inmueble y reduce el impacto ambiental que habría supuesto levantar un edificio nuevo.

Construir sin borrar

La intervención ha exigido adaptar una construcción histórica a unas necesidades técnicas muy distintas de aquellas para las que fue concebida. Un museo debe garantizar condiciones precisas de temperatura, humedad, circulación, seguridad y conservación. Faro Santander incorpora esas exigencias sin renunciar a la lectura del edificio anterior.

El propio arquitecto entiende el cambio de uso como una operación que supera la reforma material. Para Chipperfield, abrir una antigua sede bancaria a la cultura supone reconocer el papel de las instituciones culturales no solo como custodias del patrimonio y el arte, sino también como agentes de la vida cívica.

Ese planteamiento explica que la arquitectura no se haya limitado a multiplicar las salas. El proyecto reorganiza conexiones, abre recorridos y convierte la circulación en uno de sus asuntos centrales. El visitante podrá percibir cómo se mueve el edificio, atravesar el arco que antes funcionaba principalmente como símbolo y alcanzar espacios que durante décadas permanecieron vinculados al trabajo interno de la entidad financiera.

Interior de Faro Santander: Fotografía: Juan Baraja.

La operación adquiere así una dimensión urbana. El inmueble conserva su posición y su presencia en el Paseo de Pereda, pero modifica su relación con quienes pasan frente a él. El cambio más profundo no se mide únicamente en metros cuadrados rehabilitados. Se encuentra en el paso de lo privado a lo público.

El edificio ya espera sus obras. Después de años de proyecto y construcción, la arquitectura empieza a ceder el protagonismo a aquello para lo que ha sido transformada. Las galerías recibirán la Colección Banco Santander y las primeras exposiciones. Los espacios familiares y tecnológicos comenzarán a llenarse de actividad. El auditorio, la terraza y las zonas de encuentro incorporarán otros ritmos a un inmueble que durante buena parte de su historia estuvo dedicado a un uso muy diferente.

Faro Santander abrirá sus puertas el 8 de septiembre con una ambición que trasciende la recuperación de un edificio icónico. El proyecto aspira a incorporarse a la vida cultural de Santander y Cantabria, reforzar su proyección en el norte de España y encontrar un lugar en el panorama artístico internacional.

La escala de esa aspiración se comprobará con el tiempo y dependerá, como en cualquier institución cultural, de la calidad y continuidad de su programación. La arquitectura, sin embargo, ya ha fijado un punto de partida. Chipperfield ha convertido una construcción formada durante más de dos siglos en un edificio capaz de asumir otra vida sin renunciar a las anteriores.

La antigua sede bancaria conserva su privilegiado lugar frente a la bahía, pero cambia la dirección de su mirada. El arco sigue siendo el mismo gran icono urbano que reconoce cualquier santanderino. A partir de septiembre será también la entrada a nuevos mundos creativos.

Interior de Faro Santander: Fotografía: Juan Baraja.