La muestra repasa varios proyectos individuales y colectivos de profundo calado humano en los que Pataut no sólo refleja la precariedad de determinados colectivos, sino que lo hace experimentando un nuevo tipo de documental en el que se supera la imagen victimizada de las clases excluidas.

En esos años desarrolló una práctica colaborativa basada en métodos testimoniales que le llevó a reinventar la tradición del documental social de los años treinta y de la fotografía humanista de la posguerra. En ella, el fotógrafo ya no es solo el mediador social entre los desfavorecidos y la esfera pública: su trabajo surge de la convivencia con los colectivos representados y va más allá mediante la acción de compartir la cámara con ellos para que los propios personajes se autorepresenten.

El origen

El compromiso de Pataut a través de su práctica artística se originó cuando en 1981, tras haber abandonado el fotoperiodismo profesional en la agencia Viva, fue contratado para realizar un taller de fotografía con niños psicóticos en el hospital de día de Aubervilliers.

En este taller, que constituyó una experiencia fundacional, Pataut repartió cámaras Instamatic a los niños. Esta experiencia se convirtió en un prototipo de práctica que investigaba las posibilidades de los usos de la fotografía dentro de instituciones públicas de salud y servicios sociales, y que Pataut seguiría desarrollando en los años siguientes. De hecho, todo su trabajo posterior puede entenderse como una consecuencia lógica de esta primera tentativa.

En este sentido, además de Hôpital du Jour, se presentan diversas series fotográficas donde Pataut documenta la aparición de nuevas situaciones de degradación de las condiciones sociales como Cornillon / Grand Stade (1994-1995) –perteneciente a la Colección del Museo Reina Sofía–, La Rue (1996-1998), Sallaumines. Du Paysage a la Parole (1999), La table de chez Marc Ligocki (1998) o Laotil (1998-1999).

La muestra, que se enmarca en PHotoEspaña, incluye también los trabajos realizados con la asociación Ne Pas Plier –fundada junto con Gérard Paris-Clavel y otros artistas en 1990– que aspiraba a proporcionar medios estéticos a los colectivos en situación de precariedad para sus luchas políticas.

Los excluidos

Carlos G. de la Morena

“Marc representa un cambio de época, de la democratización institucional al neoliberalismo (años 90) y la descomposición del estado del bienestar. Entiende la iconografía del proletariado como sujeto político”, explica el comisario de la exposición, Jorge Ribalta.

El francés se centra en los excluidos. Se puede ver a modo de prólogo en Hôpital du Jour, en la que niños con enfermedades mentales pudieron fotografiar su propia realidad. Este fue un punto de quiebre para Pataut: “Me di cuenta de que denunciar no era el método adecuado, sino cómo los individuos podían unirse a mí como arma de combate para movilizar sus vidas. No solo el cerebro, el cuerpo también participa al tomar la fotografía”.

Su acercamiento a la vida y a la fotografía se sintetiza en esta frase: “Las personas con las que trabajo son mi primer público”. En aquella época también percibió que, pese a la implicación política, uno puede tener una relación más suave con la época en la que vive.

El autor interioriza la precariedad y toma a su vez distancia histórica, criticando la normalización de la práctica en los museos. “Quiero que el espectador sienta la emoción de mi época, cuando las instituciones se construían, se inventaban”.

Más adelante, Le Cornillon, el antiguo polígono industrial de Saint-Denis donde Pataut retrató la miseria de los indigentes antes de que fuesen desalojados. Aquí quiso reflejar el rastro de dignidad que había en todos ellos. En Ne pas plier se recogen las movilizaciones políticas de protesta de los años 90 (RESISTENCEXISTENCE). Marc Pataut y sus compañeros pensaban que la creación de una imagen sola no existe, debían ir más allá y darle vida: “Todos mis trabajos empiezan por la cólera, pero solo como catalizador para el trabajo posterior”.

Otra de las preocupaciones que planteó y queda plasmada en su obra es la del futuro de las clases trabajadoras y cómo las instituciones pueden trabajar con los artistas para que los proyectos salgan adelante. En su búsqueda de la memoria, Pataut cierra el recorrido trazando un círculo y regresando a la relación con el subconsciente, impelida a confrontarse con la institución psiquiátrica.

Laotil fue un proyecto en colaboración con Sandra Álvarez de Toledo. Ésta escribe lo que siente mientras Pataut fotografía lo que ve al pasear por los huertos aledaños al hospital.

Para John Berger, gracias a las fotos de Pataut, los mitos han regresado.