rosa_ribas

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“Como escritora, aspiro a no tener estilo”

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Rosa Ribas (El Prat de Llobregat, Barcelona, 1963) mira y habla de frente. Acaba de publicar 'Azul marino' (Siruela), el tercero de los libros que, en clave de novela negra, captan la atmósfera rancia de nuestro país a mediados del siglo XX, "cuando la emigración llevó a muchas personas al norte de Europa donde era más fácil vivir que en aquella España franquista sin expectativas de futuro".

La trilogía que ahora se completa tras Don de lenguas y El gran frío está escrita en colaboración con la escritora alemana Sabine Hofmann y tiene como protagonista a la joven periodista Ana Martí, una mujer decidida que ha conseguido enganchar a muchos miles de lectores.

“El doble lenguaje que se utilizaba en el franquismo. El silencio en determinados aspectos de la vida fue lo que me llevó a dar a una mujer el don de la palabra; la luchadora Ana Martí”, explica Ribas.

Barcelona, 1959. Mientras la Sexta Flota estadounidense permanece fondeada en el puerto alterando la rutina de una ciudad en plena dictadura. Un marinero es asesinado en un antro del Barrio Chino en lo que a primera vista no parece más que una simple reyerta arrabalera. Pero…

¿Por qué han decidido con esta historia cerrar la trilogía, la serie de historias que protagoniza la periodista Ana Martí?

Sabine y yo siempre pensamos que sería una trilogía. El personaje protagonista nos gustó desde el primer momento. En el fondo la razón por la que hemos escrito una trilogía se llama Ana Martí porque cuando llevábamos escrita la mitad del primero de los libros, Don de lenguas, vimos que ese personaje tenía más vida y no podíamos enterrarlo. Decidimos entonces tender un arco sobre los años 50 en España y acompañamos a Ana Martí durante este período de tiempo para, también, comprobar cómo iba cambiando el país.

Como sentíamos cercano ese personaje pensamos que tenía que tener el final que se merecía y cerrarlo. Que quedase en el lector y en nosotras ganas de más y no la sensación de un alargamiento innecesario. Creo que en el final de este Azul marino se percibe ese cariño, el respeto que la protagonista merecía. Nos queda cierta melancolía, pero no queríamos tener la sensación de estar escribiendo con piloto automático, que es lo que a veces se detecta en algunas series que trasmiten que el autor está cansado y el personaje agotado. Un personaje al que quieres no merece acabar desinflado.

¿Por qué en el título Azul marino?

Jugábamos con el color del uniforme de invierno de los marineros norteamericanos y con el color del mar en una novela en la que descubrimos que Barcelona tiene puerto, tiene mar, y nos abrimos a toda la parte baja de Las Ramblas en una ciudad en la que todavía no le había dado la cara al mar. Todas las ciudades portuarias tienen una parte sórdida con barrios más duros, mas sucios, más brutales. Con la llegada de los americanos el Barrio Chino crece y la ciudad alimenta otro carácter.

“Me he vuelto más reflexiva”

¿La mecánica del trabajo a cuatro manos ha sido como en las dos novelas anteriores de la serie?

No es una forma estricta de trabajo a cuatro manos. Tampoco lo hicimos en El gran frío. Son libros pensados a dos cabezas. Vimos que funcionamos bien pensando y desarrollando historias de forma conjunta. La escritura es un trabajo más personal, más egoísta. Nos encerramos unas semanas dándole vueltas a la historia y la estructuramos. Después me puse yo a escribir. Lo hago y le paso el texto a Sabine Hofmann y ella me lo devuelve con comentarios. Eso hemos comprobado que hace que todo fluya mejor.

Pero… el haber cultivado las dos fórmulas le permitirá conocer las diferencias entre escribir individual o bicefálicamente. ¿Es realmente diferente?

Es muy diferente, aunque he de admitir que me gusta más escribir sola. La experiencia de escribir a cuatro manos es muy interesante y me ha cambiado porque el poder discutir la trama es muy bueno para una persona como yo que tiendo a no planificar demasiado, lo que a veces me ha llevado a callejones sin salida. Ahora me he vuelto más reflexiva en algunos aspectos y prefiero afrontar la escritura en solitario.

¿Se ciñe Azul marino a hechos acaecidos? Por ejemplo, ¿ocurrió realmente lo que cuenta de los muertos durante un partido de fútbol Barcelona-Español?

Las tres novelas de las trilogía han tomado hechos reales. En el fondo las historias son siempre ficticias, pero muchas historias secundarias están asentadas en hechos que sucedieron. Por ejemplo, mis abuelos tenían un puesto de frutas y verduras en el mercado de La Boquería y esas personas, mis abuelos reales, figuran en el libro. Lo de los muertos Barça-Español fue un hecho real. Ocurrió porque se vendieron muchas más entradas de las que el aforo del campo permitía. No trascendió; casi nadie se enteró porque hubo orden oficial de silencio. Sucedió en 1959 y yo lo rescaté porque ese tipo de noticias ilustran sobre la época que abordo y aportan verosimilitud al conjunto.

“Existe la verdad de cada personaje”

Es consciente de que cada uno de sus libros es muy distinto al anterior. No parecen escritos por la misma persona…

Me identifiqué mucho con algo que alguna vez dijo el escritor norteamericano Doctorow, que afirmó: “yo aspiro a no tener estilo”. Escribo cada libro como pienso que el tema exige que sea escrito. Quiero que en cada libro la voz que suene, los recursos que tengo, el lenguaje que empleo sea el que la historia demanda. No quiero que el lector identifique a la escritora y diga “esto es de…”.

Pero todos sus personajes están llenos de verdades a medias. No hay ninguno absolutamente sincero, lo que lleva a pensar que, al menos literariamente, duda usted de la verdad, lo que es importante en alguien que escribe literatura negra. ¿Existe para usted la verdad?

Lo que realmente existe es la narración, lo que contamos. Tenemos que creer lo que contamos. Todos los personajes tienen muchas facetas. Tienen su identidad. Existe la verdad de cada personaje.

Como nacida en Cataluña que vive fuera de España, ¿cómo ve el tema del nacionalismo, algo a lo que alguna vez usted alude como tema que le interesa especialmente?

Lo veo con mucha distancia. El nacionalismo apela a algo muy primitivo, como es la necesidad de sentirse parte de un grupo. Pero para mí está muy cerca de algo tan peligroso como los extremos fascistas. Hay como una cortina de humo desde todas las partes. Los nacionalismos crecen donde hay falta de experiencia con el mundo de otros, con otras culturas. Son, por definición, primitivos. Por otra parte, en Alemania en este momento hay un millón de jubilados que siguen trabajando porque no les llega la pensión y esas situaciones alimentan la falta de comprensión al de fuera y a los de fuera. Es un tema inquietante y muy complejo.

[Y Rosa Ribas confiesa que con frecuencia se acerca al centro gallego de Francfort, la ciudad alemana en la que vive, “para escuchar las historias, las dramáticas situaciones de aquellos emigrantes, hombres y mujeres, la mayoría de los cuales eran analfabetos, que llegaban a Alemania tan sólo con lo puesto y que me han impulsado a escribir sobre ellos. Sobre esas personas va mi próximo libro. Quiero escribir y lo estoy haciendo sobre la emigración, sobre el desarraigo. En eso estoy”.]

azul-marinoAzul marino
Rosa Ribas y Sabine Hofmann
Siruela
360 páginas
17,95 euros
E-book: 9,99 euros

 

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